LIBROS-BULLYING-VP-2222.png

  • Editorial

    Editorial


04-05-2018 CRISIS EN EL PRI Y EN LA CAMPAÑA

 

La llegada de René Juárez Cisneros a la presidencia nacional del PRI, en sustitución de Enrique Ochoa Reza, ha sido interpretada de varias formas.  El candidato José Antonio Meade (JAM) ha dicho que este cambio fortalecerá su campaña. En primera instancia, el recién llegado está más identificado con los grupos priistas del país que el anterior presidente priista. Será un puente entre la campaña presidencial y las bases. Se ha acusado a René Juárez de ser un priista chapado a las viejas formas. Bien, de cualquier forma el cambio no se hizo para complacer a los externos, sino para que los cuadros priistas se sientan más cercanos a la nueva dirección.

 

El cambio parece llegar demasiado tarde para una campaña a la que nadie da muchas esperanzas de siquiera alcanzar un segundo lugar. Sin embargo, la llegada de Juárez Cisneros podría ayudar a reposicionar el resto de las campañas, es decir, para tratar de evitar una catástrofe en diputados, senadores, gubernaturas, diputaciones locales o presidencias municipales. La queja de muchos cuadros priistas es que Ochoa Reza no los apoyaba, así que el cambio de hombre no bastará, tendrá que haber también un cambio de actitudes hacia las bases tricolores.

 

Se ha deslizado la idea de que esta transición en el PRI es sólo un primer paso. ¿Cuáles serán los otros pasos? Hay mucho que hacer en la campaña y poco tiempo y espacio. Debe haber un cambio de estrategia y un cambio en la imagen del candidato, que no está impactando de manera importante. Pero hace falta más; hace falta que el candidato tome las riendas de su campaña y que Los Pinos no siga tomando la última decisión. Es necesario reducir el número de generales que opinan y dejar un núcleo relativamente pequeño que tome decisiones. Este grupo compacto deberá estar compuesto por priistas y no priistas expertos, no personas de confianza del presidente de la República. Tal vez Aurelio Nuño debe dejar el puesto que ocupa en manos de otra persona.

 

El PRI, los priistas y el presidente Peña Nieto deben enfrentarse a un hecho: las posibilidades de ganar son lejanas. Entonces, tal vez sea hora de pasar a un plan B que evite que el partido se les deshaga luego de las elecciones. Hasta ahora, el PRI es un partido hecho para administrar el poder. Cuando perdieron en dos ocasiones la Presidencia de la República, el poder central del tricolor se repartió entre los gobernadores priistas. A pesar de que en 2012 ganó el PRI nuevamente la Presidencia, el poder centralizado no regresó del todo a Peña Nieto. Una buena parte se quedó en los gobernadores. Ahora, el mayor riesgo del partido no es perder posiciones, eso es prácticamente un hecho, sino perder y además diluirse hasta volverse intrascendente. Si el presidente y los dirigentes priistas tienen una responsabilidad es esa: hacer lo necesario para que el partido permanezca. A menos que la tarea les parezca imposible.

 

Descargas



send send

Comentarios



Blog

Editorial

Editorial

Editorial


LIBRO BULLYING.jpg


Videos


bullying.jpeg

TV-ERH-PAG-GRR.png


Facebook



Twitter