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11-06-2018 DE EXCUSAS Y PACTOS

 

La excusa que inventara Jorge Castañeda para justificar el fracaso de la campaña de Ricardo Anaya sonó primero como humorada, pero después fue retomada por el propio candidato del Frente y, sorprendentemente, prendió. O al menos eso parece pues del lado de MORENA, con el propio López Obrador incluido, han rechazado la idea de un “pacto” entre el tabasqueño y el presidente para que el primero, aparentemente imbatible, le garantice impunidad al segundo. Más aún, han contestado con otra humorada asegurando que lo que sucede es que Ricardo Anaya “ha traicionado” a Peña Nieto. Si esto fuera un programa cómico estas ocurrencias serían de pastelazo en la cara.

 

No se puede tomar en serio ninguna de las dos acusaciones pues en realidad carecen no sólo de sentido común, sino de anclaje en la realidad. Sin embargo, con esto el presidente Peña Nieto y el PRI aparecen como los apestados: quien esté más cerca de ellos corre el riesgo de perder, o al menos así espera Anaya y su grupo remontar la ventaja que parece llevarle su par moreno. No es un mal invento el del supuesto pacto, pero es únicamente eso.

 

Hay dos razones para sostener esto: primero, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) nunca ha hecho un pacto secreto con sus enemigos, ni siquiera cuando le convenía. Esta es una de sus características más representativas. ¿Para qué haría pactos López con la ventaja que lleva? La otra razón es más triste para el presidente: Peña Nieto no tiene con qué negociar su impunidad. No controla el INE e incluso los consejeros que simpatizan con el Tricolor no pueden (y de seguro tampoco quieren) influir en los resultados. Por otro lado, el PRI carece ya de la capacidad para movilizar cientos de miles de mapaches el día de la elección. Los propios priistas parecen haber desahuciado a quien es su jefe natural. El rey ha muerto. La idea de que Peña Nieto pudiera usar a las Fuerzas Armadas no tiene sustento, el general Cienfuegos no simpatiza ni con el PRI ni con la clase política. No se meterá en el asunto. La Marina tampoco. Sólo se hacen pactos cuando ambas partes tienen algo que aportar. En las condiciones actuales, lo que más le conviene al mandatario mexiquense es no hacer olas y portarse bien porque no tiene con qué negociar.

 

Por su parte, Ricardo Anaya nunca ha simpatizado con la causa priista ni con el presidente de la República. Desde el principio le leyó la cartilla y lo ha amenazado con cárcel desde el principio de la precampaña. Anaya pudo haber traicionado a otros, pero a Peña Nieto no, siempre ha sido su adversario.

 

Sin embargo, la idea del pacto de impunidad en favor del mexiquense puede cuajar en la idea de un sector del electorado que quiere que se castigue a Peña por reales o supuestas tropelías. Esto es el Coliseo romano y la amable concurrencia reclama sangre. Por esto, en MORENA están buscando como quitarse la marca que les puso Castañeda. Mala cosa para el presidente, pues esto podría obligar a AMLO a jurar que perseguirá también al mandatario.

 

En todo caso, el supuesto pacto no ha sido más que la promesa del candidato López de que no desea comenzar su mandato con venganzas, pero esta es una oferta unilateral, no un pacto, una oferta que como otras (el aeropuerto, los impuestos, etc.) no está obligado a seguir. AMLO nunca cancelaría sus opciones haciendo pactos con perdedores. Así de simple.

 

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