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09-04-2018 EL FENÓMENO LULA

 

Luiz Inácio Lula da Silva está en prisión y cualquier latinoamericano comprometido con las causas progresistas debe exigir que sea liberado y más temprano que tarde sea electo presidente de Brasil. Esta es la única conclusión obvia que se saca después de leer la cantidad de declaraciones de líderes, opinólogos, políticos autodefinidos progresistas y gente común que lo exige a través de redes sociales.

 

Primero que nada, hay que señalar que la prisión de Lula no tiene nada que ver con la justicia. Las acusaciones de corrupción alcanzan a prácticamente todo el espectro político brasileño (¿dónde más hemos visto esto?). Estas acusaciones tocan al mismo presidente brasileño, Michel Temer, quien ha sido señalado por obstrucción de la justicia y corrupción, pero se mantiene en el cargo. Estos cargos son más graves que los que se le hicieron a la anterior presidenta Dilma Rousseff, quien había sido acusada de violar normas fiscales para disimular el déficit fiscal, pero no de corrupción en lo personal. Sin embargo, a ella sí le costó el puesto y a Temer no, gracias a su labor de “cabildeo” en el mismo Congreso que había destituido a su predecesora meses antes. Para lograr evitar que lo destituyeran, Temer, quien venía de ese Congreso, se dice que intercambió bienes a cambio de apoyo[1].

 

Como se ve, no hay justicia, sino un mar de corrupción y algunos que resultan más astutos que otros para librarse de los castigos. En ese lío está metido Lula, lo cual no quiere decir que sea inocente. O culpable, en todo caso. Por cierto, no ayuda al caso de Lula la gran cantidad de personajes del Partido del Trabajo, su partido, que han sido acusados y procesados por corrupción. La misma Dilma empujó varios de estos procesos, pero tampoco por hacer justicia, sino como un intento de librarse del fuego que finalmente la alcanzó. Tampoco ayuda a su causa la relación que varias de las figuras de su gobierno establecieron con poderosos empresarios, como Odebrecht y los directivos de los frigoríficos JBS. ¿Ignoraba Lula esas relaciones?, ¿ignoraba lo que esas empresas hacían en Brasil y otros países? Es difícil creer eso.

 

Lula está haciendo lo que todo buen izquierdista hace, sea culpable o inocente: victimizarse y apostar a la presión social para que sea liberado y pueda competir en las elecciones. De acuerdo a las encuestas, si ahora fueran las elecciones, Lula ganaría la Presidencia de su país. Sus adversarios no dudarán en usar todas las armas legales y legaloides para sacarlo de la contienda. Otra vez, esto no tiene que ver con la justicia, sino con la política al ciento por ciento. El problema central es que tanto los enemigos de Lula, como sus aliados parecen estar dispuestos a destruir la frágil democracia brasileña en esta lucha. Gane quien gane, la inestabilidad y el uso de los aparatos del Estado parece que servirá para atacar a los opositores de uno y otro lado. Gane quien gane, ¿perderá Brasil?

 

 


[1] http://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-41783227

 

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