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14-09-2018 JÓVENES CONSTRUYENDO EL FUTURO (¿DE AMLO?)

Los adolescentes y jóvenes socialmente excluidos, mal llamados ninis, se han convertido en un fenómeno universal. De acuerdo a un informe del 2015, hecho por el Banco Mundial, existían alrededor de 600 millones de adolescentes y jóvenes que no estudian ni trabajan. Ningún país ha logrado encontrar soluciones de fondo y a algunos gobiernos simplemente no parece importarles. Se diría que creen que el mercado resolverá las cosas. Y no, el mercado y la sociedad tardomoderna no lo resolverán. En gran parte, se ha abandonado de puntitas y sigilosamente la idea de la Revolución Francesa de que todos somos iguales y hermanos en libertad. Marx creía que los desempleados eran una fuerza de trabajo de reserva, que podía ser usada para presionar a los trabajadores para que no exigieran mejores condiciones y sueldos, ya que siempre podrían ser reemplazados. En el mundo actual, los excluidos ni siquiera podrían creer que son una fuerza de trabajo de reemplazo. La mayoría de ellos simplemente son “la población que sobra”. Lo cierto es que una población tan grande de excluidos puede verse de dos maneras: o bien son un problema potencial o real o, en oposición, pueden ser una fuerza valiosa, según quien la sepa canalizar.  

En México, no hay un acuerdo de cuantos adolescentes y jóvenes excluidos socialmente existen. En 2010, el entonces rector José Narro habló de siete millones, pero hay datos de que pueden ser muchos más, incluso más de 10 millones. Se puede señalar que si se toma en cuenta a las personas entre 14 y 29 años el porcentaje rebasa el 22% de la población entre esas edades. Hay que señalar que las razones por las que no cuentan con escuela o trabajo son variadas, no es solamente una cuestión de dinero. También tiene que ver la situación de cada familia, el bullying, la inseguridad, la alimentación, una deficiente preparación previa, entre otras causas.  Por cierto, que no fue hasta que el rector Narro hizo hincapié en el asunto que se convirtió en un tema mediático, a pesar de que tanto el gobierno de Calderón como el de Peña Nieto echaron a andar programas de apoyo a los estudiantes y de primer empleo para los jóvenes. ¿Cuál fue el resultado de estas acciones? Es difícil saberlo sin una evaluación adecuada, pero en todo caso hay que señalar que fueron insuficientes.

Desde el inicio de su campaña, López Obrador dibujó un amplio programa para apoyar a los adolescentes y jóvenes sin escuela o sin empleo. El día de ayer finalmente lo concretó. Se habla de un apoyo para dos millones 600 mil adolescentes y jóvenes a través del programa Jóvenes Construyendo el Futuro. El apoyo será para que 300 mil personas encuentren cabida en universidades y el resto sean capacitados en empresas con un apoyo del gobierno federal. Esta acción se encuadrará en la Secretaría de Trabajo, que supuestamente encabezará Luisa María Alcalde. El programa en sí mismo estará bajo el control de un operador político, Horacio Duarte, y no de un experto. Mala cosa. Como quiera que sea, para que sea efectivo, los recursos y acciones de este encomiable esfuerzo deben institucionalizarse, pero el hecho de que un operador político dirija el programa hacen sospechar que los dos millones 600 mil jóvenes pueden ser la base personal de AMLO, ¿o ya se olvidó cómo se manejó el apoyo para la tercera edad en el entonces DF?

 

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