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16-04-2018 LA “CRISTIANIZACIÓN” DE LA POLÍTICA Y LA REDUCCIÓN DEL LAICISMO

 

El laicismo como parte de una característica de Estado mexicano hace mucho que está siendo acotado. No es en este proceso electoral o de la mano (solamente) de López Obrador que está en retroceso. El laicismo priista hace mucho que se volvió una política contenida sólo en los discursos. Fue un laicismo hipócrita, una fórmula sin contenido para ser usada el 21 de marzo. Los políticos priistas frecuentemente se reunían con representantes de las iglesias, marcadamente la católica, para orientar sus declaraciones y opiniones. Cuando los grupos de izquierda se hicieron del registro legal “descubrieron” que era mejor tener de su lado a los jerarcas de la Iglesia Católica. Inclusive, un grupo guerrillero como lo es el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), tiene sus queveres con la Iglesia, producto de su origen. Ni que decir de Vicente Fox y el uso del estandarte guadalupano. ¿Hubo una reacción de las instituciones “laicas” del Estado?  No, porque ¿qué tanto es tantito?

 

Pero resulta que no ha sido tantito, ministros de culto han resultado electos gobernadores, las jerarquías católicas participan activamente en política e influyen, sin mayores escrúpulos, en la orientación del voto. Se arrogan una superioridad moral que están muy lejos de tener. Más allá de esto, emprenden campañas contra políticas de Estado, como son el derecho a casarse con personas de su propio sexo o bien el derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo. Pero han ido más allá, han justificado públicamente a violadores y pedófilos aduciendo que son las víctimas las que propician los abusos.

 

Si esto es grave, más grave es que los políticos se deslicen hacia la quiebra del laicismo. Todos los candidatos a la Presidencia han abierto en mayor o menor grado la puerta a la participación y opinión de los religiosos, no de las religiones y sus valores, sino de las jerarquías religiosas. Por supuesto, no se pide que sean políticos sin valores morales o sin religión. La Constitución establece que tienen el derecho a profesar la fe que deseen o a no profesar ninguna, pero no tienen derecho, de acuerdo al mismo documento, a tratar de inducir o encauzar la conducta de las instituciones del Estado con base en creencias religiosas de ningún tipo.

 

En este sentido, preocupa que en la propaganda de los candidatos priistas la familia, entendida del modo tradicional, sea la base de sus propuestas, lo que marginaría a un porcentaje muy alto de familias que no tiene esa misma conformación. Preocupa que candidatos como Mikel Arriola digan que la mayoría de los capitalinos está contra el aborto, como si este fuera asunto de consensos y no de derechos. Preocupan las sandeces de Jaime rodríguez en contra de la población LGBT. Sin embargo, en el caso de Arriola y Rodríguez se dirá que no debemos preocuparnos porque no tienen oportunidad de ganar, pero este no es el punto. Sus afirmaciones crean el ambiente para que los criterios religiosos intervengan en la vida política. Preocupa que AMLO hable de constitución moral, se compare con Cristo, mencione una reunión de líderes religiosos, con la supuesta participación del Papa para ayudar a la pacificación del país. Primero, porque esas “ayudas” nunca se han dado gratis; segundo, porque no hay líderes religiosos que deban intervenir en la vida del Estado o la política de acuerdo a nuestra Carta Magna; tercero, porque López, Arriola o cualquier otro sólo están haciendo política demagógica con ayuda de la religión y sus valores.

 

No obstante todo lo anterior, lo peor es que ni la supuesta izquierda (PRD) o ninguno de los candidatos o partidos, está defendiendo el laicismo, tan ligado a las mejores tradiciones liberales de nuestro país.

 

 

 

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