LIBROS-BULLYING-VP-2222.png

  • Editorial

    Editorial


12-07-2018 LA DESCENTRALIZACIÓN, ¿UNA BUENA IDEA?

En teoría, la descentralización del gobierno federal es una buena idea, no solamente por las razones que ha esgrimido Andrés Manuel López Obrador (AMLO). Este ha dicho que el propósito sería crecer parejo y evitar que la mayor parte de la inversión y el desarrollo se concentre en un solo lugar. En este punto, hay que decir que la centralización que se padece tiene razones históricas. A pesar de que en las últimas décadas este proceso de crecimiento desmesurado de la zona urbana de la Ciudad de México se ha matizado, sigue siendo desproporcionado. Más de un sexto de la población vive en la zona central que abarca al viejo DF y municipios de los estados de México, Hidalgo y Morelos. Hasta hace muy poco, el PIB de la capital era superior al sumado de las siguientes cinco entidades. Hasta la última década del siglo pasado, vivir en la CDMX permitía acceder a los mejores niveles de vida del país.

La aventura de descentralizar no es nueva. En los años 80 se hizo con el Instituto Mexicano del Café (INMECAFE) hacia la ciudad de Jalapa, Veracruz, y el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) hacia Aguascalientes, Aguascalientes. Comparadas con otras áreas del gobierno federal, eran dependencias más bien pequeñas, sobre todo la primera. Se fueron hacia ciudades consideradas de tamaño medio. No fue el único caso, por aquellas fechas se incentivó a que los empleados de varias secretarías de Estado se “descentralizaran voluntariamente” (la alternativa era el despido). Los resultados de estos experimentos fueron negativos. De pronto, en las ciudades a los que llegaban los “desconcentrados” vivían procesos de inflación, crisis en los servicios y malestar de la población local. Además, se conculcaron derechos laborales de miles de trabajadores “de confianza”. No se puede enviar a dos mil o más familias a otras ciudades y esperar que no suceda nada.

Ahora, AMLO propone llevar a cabo una descentralización a gran escala. Se habla de algo así como 21 dependencias, entre las que destacan la Secretaría de Agricultura, que se iría a Ciudad Obregón, Sonora; CONACYT, a La Paz, Baja California Sur; Secretaría de Educación, a Puebla, Puebla; Secretaría de Salud, a Acapulco, Guerrero, etc. López obrador dice que el proceso sería paulatino. Bien, ¿cuánto tiempo se necesita para que el proceso no cause una crisis al lugar donde llegarán las dependencias? ¿Cinco años, diez? Entonces se habla de un proceso transexenal, ¿cuánto tiempo piensa quedarse para verlo finiquitado? Otra incongruencia más: si la idea es que la descentralización sirva para equilibrar el desarrollo, ¿para qué enviar la secretaría de Salud a Acapulco, una de las zonas más desarrolladas y con graves problemas urbanos?, ¿la enorme Secretaría de Educación a Puebla, que tiene un millón y medio de habitantes, estaría en posibilidades de recibir a, digamos, 10 mil familias? Por otro lado, ¿se les preguntará a las autoridades de esos estados si están de acuerdo, o se hará como en los años 80, por decisión presidencial? Y ya  que estamos en el tiempo de las consultas, ¿se les consultará a los trabajadores o a los habitantes de esos lugares?

De nuevo, esta propuesta como otras está hecha sobre la base de ocurrencias, no de planeación.

Descargas



send send

Comentarios



Blog

Editorial

Editorial

Editorial



Videos


bullying.jpeg

TV-ERH-PAG-GRR.png


Facebook



Twitter