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12-03-2018 LOS DEBATES: PONIENDO LOS HUEVOS EN UNA CANASTA

Se ha dicho hasta el cansancio que Andrés Manuel López Obrador (AMLO) no se desempeña bien en los debates. La historia vieja y sus propias características así parecen confirmarlo. Es un hombre que piensa despacio, no es un gran orador y su discurso suele ser muy simple. Si la forma en que habla y sus propuestas son un reflejo de su inteligencia, se podría decir que es un hombre limitado, pero esforzado y tozudo, como la tortuga de la fábula de la liebre y la tortuga.

Al parecer, él está consciente de sus limitaciones como demuestra el hecho de que se ha negado a asistir a debates. Se dice que esta negativa le ha costado puntos y que fue uno de los factores por los que ha perdido en dos ocasiones la carrera presidencial. Cabe recordar que en aquel lejano año 2000, López Obrador nunca ganó un debate contra sus competidores: Jesús Silva Herzog, Santiago Creel y Tere Vale, quien lo atormentó burlándose de sus errores en la construcción de frases.

En la reciente comparecencia de los tres candidatos partidarios ante los banqueros de México, le fue mejor a José Antonio Meade. Estaba ante su público y habla su lenguaje. Sin embargo, no dijo nada relevante, se diría que fue a decirles lo que esperaban oír. A Ricardo Anaya le fue mal, a pesar de que, de los tres, es sin duda el que más rápido responde y es un buen polemista. Habló de la persecución de la que es objeto y criticó a la PGR, pero sigue sin explicar lo de las operaciones con aquel terrenito, que huelen mucho a lavado de dinero. Los asistentes al encuentro lo cuestionaron. Si se tuviera que interpretar el sentir de los banqueros, tal vez no sería exagerado señalar que preferirían otro representante de la alianza PAN-PRD-MC.

AMLO no estaba en su elemento ante los banqueros. A él le gustan los monólogos ante audiencias que no le cuestionan. Cuando está en otro ambiente tiende a equivocarse y esta vez no fue la excepción. Cometió dos pifias: de nuevo descalificó el nuevo aeropuerto, que parecía ya haber aceptado, y puso sobre la mesa una amenaza.  No puede ser interpretada de otro modo su frase de que si hay fraude, él se va para Palenque y a ver quién detiene al tigre. Para un hombre que está convencido de que en dos ocasiones le han hecho trampa, no hay otro resultado aceptable que su triunfo. Tan se dio cuenta (o le dijeron) que había metido la pata, que al otro día se apresuró a aclarar que no era una amenaza. Pero lo fue, una amenaza salida de su subconsciente.

Ahora, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación ha echado abajo la absurda determinación del INE de prohibir los debates en este periodo de intercampañas, que dicho sea de paso son la esencia de una contienda civilizada. Se abre la posibilidad de que varios actores sociales y económicos convoquen a la confrontación directa de ideas. De antemano, AMLO ha avisado que no asistirá más que a los llamados por el INE argumentando que le quieren echar montón. A López no le gusta la competencia.

Pero hay muchos elementos que tomar en cuenta antes de que Anaya, quien ya retó a López a debatir, y Meade echen las campanas al vuelo. En primer lugar, si AMLO no asiste a un debate pudiera darse el caso de que los heraldos del PAN y del PRI se ataquen y pierdan ambos, en lugar de quitarle puntos al representante de MORENA. Segundo, incluso en el escenario que el tabasqueño acuda, habría que ver qué tanto llaman la atención de la suficiente cantidad de gente para cambiar las cosas que ahora se están dando. Tercero y último, la vida nos enseña que hasta el más tonto aprende, ¿hay seguridad de que Anaya o Meade vencerían a López?

 

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