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15-05-2018 LOS MÍNIMOS DE LA EDUCACIÓN PÚBLICA

 

Cuatro de cinco candidatos a la Presidencia aseguran que conservarán la reforma educativa. El problema es que el único que dice que la echará a la basura es el que tiene amplias posibilidades de ganar. Así, la reforma educativa, la preciada joya de la corona de las reformas peñistas, está en peligro. Organizaciones y personajes claman para que esa reforma se conserve, como si fuera la panacea, pero hay otro modo de enfocar la cuestión, por ejemplo, definiendo cuáles son los mínimos necesarios para la educación pública en México.

 

En primer lugar, es indispensable que se conserve y refuerce el carácter laico de la educación. López Obrador, se decía ayer aquí, no garantiza esto debido a la alianza con el PES, un partido de corte religioso, y su propia tendencia a hablar de moral. Si se escucha con atención su mensaje en Oaxaca, se notará que habló de educación pública gratuita y universal, pero nunca hizo énfasis en el laicismo. Si no se conserva su carácter laico, la educación se puede convertir en una fuente de supercherías, como la del diseño inteligente o cualquier otra cosa así. Adicionalmente, la educación en el laicismo es el punto de partida para educar en el respeto a los otros, con sus diferentes creencias, tendencias o propuestas.

 

En segundo lugar, es necesaria la evaluación y capacitación de las y los maestra/os. Ambas tareas se tienen que llevar a cabo fuera de la órbita de los sindicatos o la propia SEP, de lo contrario, se convierten en moneda de cambio político y financiero, es decir, se regresa a la corrupción existente. Es un hecho el bajo nivel del magisterio nacional, así lo indican las pruebas nacionales e internacionales que nos colocan en el último lugar de la OCDE en este rubro. Lo mejor es que quien haga la evaluación y la capacitación sea un órgano del Estado, autónomo. El Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) sigue siendo la mejor opción.

 

En tercer lugar, el control de los recursos financieros debe mejorar y, por supuesto, el sindicato no debe controlarlos porque, de nuevo, sería una fuente de control político. Lo real es que la descentralización de la educación no dio los resultados esperados, hubo desviaciones  y connivencia entre gobiernos estatales y sindicato. La centralización hace que el factor regional se pierda y los recursos se dispersen sin los resultados deseables. En este sentido, una buena discusión entre expertos debería pasar por hacer propuestas que avancen en la solución de esto.

 

Cuarto punto: es correcto otorgar recursos a los estudiantes más pobres, pero si se hace indefinidamente, sin importar los resultados que obtengan, no se hace más que llegar a un asistencialismo insostenible. Se encubre que el dinero se usa como una forma de control político de los jóvenes de escasos recursos.

 

En quinto lugar, crear escuelas y universidades sólo para señalar y festejar que se ha abatido el rechazo estudiantil no sirve de nada, es como construir segundos pisos sin tomar en cuenta el entorno. La experiencia de las prepas de la Ciudad de México así lo enseña. Una escuela es mucho más que edificios y maestros al vapor y también es importante tomar en cuenta lo que sucederá al terminar los estudios. Hay que crear empleos de calidad.

 

Estos son algunos apuntes, pero la lista es extensa. Al gobierno que llegue hay que exigirle estos compromisos y que le llame a su reforma como se le dé la gana.

 

 

 

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