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06-04-2018 PEÑA NIETO: JALANDO LOS BIGOTES AL TIGRE

 

Las bravatas migratorias de Trump y su orden de enviar integrantes de la guardia nacional para que se coordinen con los gobernadores fronterizos, ha sido calificada de irracional hasta en los Estados Unidos, donde el New York Times (NYT) subrayó que la acción se debe a que el magnate ha fracasado en su intento de presionar al Congreso de su país para que apruebe el también irracional plan de levantar un muro fronterizo. Es, pues, una medida más de política interna que una agresión directa contra México.

 

Sin embargo, de rebote es una agresión contra México, aunque no haya sido esa la intención primera. El gobierno mexicano ha sido muy paciente con los desvaríos y bravatas del hombre de la Casa Blanca. No han sido pocos los que han calificado esa paciencia con debilidad o subordinación. El envío de tropas “hasta que se construya el muro”, dixit Trump, ha dado como resultado que el presidente Peña Nieto se pronuncie sobre el particular. Ya no podía guardar silencio o dejar que el tema lo siguiera manejando sólo el canciller Videgaray a tuitazo limpio. Por esto, el mandatario mexicano ha fijado su posición sobre el particular en un mensaje transmitido por redes sociales y reproducido por los medios. Ha recordado cuáles fueron los principios que fijó para la relación con el gobierno trumpista, subrayando los esfuerzos mexicanos en su cooperación en los temas comunes a ambos países, en especial el Tratado de Libre Comercio (TLC).

 

Dicho lo anterior, aseguró que no se permitirán actitudes amenazantes o faltas de respeto entre ambos países. Habló de las diferencias políticas internas, sobre todo en época de elecciones, pero aseguró que “estaremos siempre unidos en la defensa de la dignidad y la soberanía de nuestro país”. El presidente citó la postura del Senado de la República, pero también las palabras de los cuatro candidatos a la Presidencia de la República: Ricardo Anaya, Andrés Manuel López Obrador, José Antonio Meade y Margarita Zavala, que en distintos momentos reprobaron el tono y las acciones de Donald Trump. Sin lugar a dudas fue un llamado a la unidad nacional, pero también fue un movimiento de un gobierno debilitado y sin muchos asideros políticos.

 

La reacción de los candidatos hasta el momento de escribir estas líneas fue de apoyo, por supuesto, de José Antonio Meade, quien celebró la postura; fue interesante y hábil políticamente que López Obrador también reconociera la postura del presidente. Ricardo Anaya, en su hambre por diferenciarse, fue el que no se unió a esa postura presidencial y dijo que un posicionamiento no era suficiente.

 

En este camino, el presidente Peña Nieto está obligado a seguir por la senda que se trazó, buscando no sólo hacer un posicionamiento hacia el exterior, sino tratando de ganar un espacio político al interior del país. No obstante, aunque lo consiguiera, esto no significaría que algo de ese espacio beneficie ni al PRI ni al candidato Meade en automático. Por otro lado, hablar de que el Donald está frustrado, puso el asunto bilateral en términos muy personales. Y esto fue una torpeza. En lenguaje simple, le jaló los bigotes al tigre, al tigre real, no al de AMLO, entonces deberá estar preparado para afrontar la respuesta imprevisible del magnate que atiende por las mañanas en la Casa Blanca. 

 

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