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11-04-2018 PEÑA NIETO, UN PRESIDENTE DE LOS DE ANTES

 

Y podríamos agregar: José Antonio Meade Kuribreña (JAMK), un candidato de los de antes. El problema estriba en que el país y el mundo ya no son los de antes. Y este es el origen de todos sus problemas: creer que las cosas funcionan igual. Hay varios ejemplos de ello, algunos francamente lamentables. En primer lugar, creer que las reformas se defendían solas, que bastaba el consenso inicial de los partidos firmantes del Pacto por México para que las cosas caminaran. Nunca se previó que cuando empezarán los líos, los otros partidos firmantes distintos al PRI se abajarían apresuradamente del barco. No sólo ellos, un grupo de intelectuales y empresarios que veían con buenos ojos esas reformas, también desertaron.

 

Otro ejemplo: creer que asuntos como el de la casa blanca de Las Lomas se resolverían con medidas cosméticas, como el nombramiento de un incondicional (ineficiente) en la Secretaría de la Función Pública para que investigara a su jefe. Tampoco se advirtió que este tema trascendió no en sí mismo, pero manchó la administración a la que se le ha llegado a asociar fundamentalmente con la corrupción. No en balde, este es uno de los temas centrales de las campañas rumbo a la Presidencia.

 

También se creyó que bastaba hacer una labor de comunicación social como las de antes, con mucho dinero y mensajes. Los concesionarios tomaron el dinero, pero la mayoría no hizo, como en el pasado, compromiso de fidelidad. Es interesante observar que, en varias ocasiones, actores políticos con menos recursos  obtuvieron mucho mayor alcance gracias a lo que decían. En todas estas ocasiones, lo que funcionó es el discurso de la ruptura. Preguntar u opinar en redes sociales, como ha hecho el presidente Peña o el candidato Meade, es simplemente no entender qué son las redes. No son un espacio democrático, de libre razonamiento o entendimiento. Las redes sociales se usan, desde el gobierno, exactamente como lo hace Donald Trump, que hace temblar al mundo, muchas veces desde la comodidad de su cama. ¿Nadie le advirtió eso al mandatario mexicano o al candidato?

 

Pero de todos los errores cometidos, el más grave ha sido meter a un candidato, JAMK, que ha resultado más conservador que Anaya y Zavala y que está más apegado al viejo guion de los candidatos priistas. Este parece ser un error mortal para el partido todavía en el poder. En los tiempos modernos, solamente el candidato Luis Echeverría Álvarez se atrevió a desafiar al presidente, Gustavo Díaz Ordaz. Echeverría comprendió que un sexenio malo no merece ser defendido, al contrario tiene que enfrentarse con un discurso de ruptura.

 

Meade Kuribreña parece un buen funcionario y muy probablemente es todo lo honesto que pregona, pero lo lastra la marca PRI y su lealtad ciega al presidente de la Republica. Adicionalmente, siempre parece sorprendido cuando lo sacan de su tema. En preguntas tan elementales como si los expresidentes deben seguir cobrando la pensión, contesta que se lo merecen por sus servicios a la nación. Una respuesta que parece sacada del pasado.

 

Las campañas llevan menos de 15 días, todavía podría recomponer el rumbo, pero tiene que empezar no a preguntarse: ¿por qué hay malestar social?, sino  a proponer los cambios en la forma de gobernar. La ruptura con el pasado inmediato, antes de que sea tarde.

 

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