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14-11-2017 TLC Y TPP, LA ESPERANZA MUERE AL ÚLTIMO

De acuerdo a cómo van las cosas, es posible que los tiempos de negociación para concretar el TPP o aterrizar el nuevo TLC excedan los cálculos hechos por el gobierno federal y, o bien se vayan hasta después de las elecciones del año entrante, o se empalmen con la parte álgida del proceso electoral del 2018 (febrero-mayo). En cualquiera de los dos casos, el gobierno de Peña Nieto tendría la debilidad que los norteamericanos definen como “lame duck”. Todo trato o firma serían cuestionados por el círculo rojo y los demás partidos o, incluso, el candidato ganador, que difícilmente será priista. Incluso se puede dar el escenario de que tanto el gobierno estadounidense como el canadiense, se dilatar dichas negociaciones hasta que pase la elección presidencial a fin de saber quién será el próximo titular del Ejecutivo Federal.

Por lo pronto, la incertidumbre está afectando la inflación y el tipo de cambio. Nada alarmante todavía, pero sí preocupante. De acuerdo a algunos analistas si termina el año con una inflación entre 6 y 7% y un tipo de cambio un poco más allá de los 20 pesos no es como para cortarse las venas. El problema no es este 2017, sino la tendencia de ambos indicadores a la alza en el 2018, un año en que el PRI se juega todo.

Contra la versión oficial de que  la pérdida del TLC no sería tan grave, desde hace dos semanas las calificadoras, bancos y el FMI auguran que tal situación afectaría el crecimiento del PIB. Unos predicen que en un .8%, pero otro van más lejos y lo sitúan en más de 1 punto porcentual. El propio nobel Krugman, en una opinión en la que se nota lo lejano que está de la situación mexicana, señala que perder el TLC no sería el fin del mundo para México, pero aumentaría la pobreza, como si esto no fuera suficiente tragedia. Por otro lado, los avances que ve el secretario Guajardo en el nuevo acuerdo del TPP no parecen ser suficientes para frenar ninguno de los indicadores económicos negativos, sobre todo porque esos avances que observa el negociador mexicano no parecen estar respaldados por las opiniones de otros ministros de los países que asistieron recientemente a la reunión en Asia.

Tal vez por estos hechos, ayer salieron a hacer sendas declaraciones el canciller Luis Videgaray y la subsecretaria de Hacienda, Vanessa Rubio, quien dijo que, al contrario del FMI, “el gobierno prevé un escenario con elementos para tener un mejor desempeño económico”, de entre 2 y 3%. Por su parte, Videgaray se sacó un conejo de la chistera y de plano dijo que México está preparando una respuesta “macroeconómica” en caso de que Estados Unidos abandone el TLC. Por supuesto, no dejó que se viera de cerca si el conejo era de verdad o un peluche y tan solo delineó algunas estrategias: diversificar mercados, revisar escenarios para posibles aranceles con Estados Unidos y el resto del mundo y proteger la inversión extranjera en México porque mucha está actualmente en el TLC. Esta andanada declarativa fue reforzada por Gustavo de Hoyos, de COPARMEX, quien señaló que era mejor pasar seis años sin acuerdo a firmar un TLC malo por 30 años.

Para colmo de males, un estudio de la OCDE, referido ayer por El Financiero, asegura que Estados Unidos tiene la sartén por el mango (vaya novedad) y que puede prescindir de México, pero no de Canadá. El día de mañana comienza la quinta ronda con un Estados Unidos duro y un Canadá displicente. Ya se verá si la habilidad de la escuadra mexicana alcanza para meter un zambombazo o sólo un tirititito, como diría el Perro Bermúdez.

 

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