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  • Editorial

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  • 22-02-2018CONQUISTAR LA TIERRA PROMETIDA

    No deja de ser curioso que en esta etapa de intercampañas sea cuando comienzan a definirse algunas cosas. En teoría, este lapso debía ser para elegir candidatos (ya estaban decididos todos), contar y comprobar las firmas de los independientes, elegir listas de candidatos, registrar candidatos oficialmente y todo ese tipo de detalles. Como al INE se le ocurrió la brillante idea de prohibir los debates entre candidatos, se hubiera supuesto que estos iban a perfeccionar su equipo de trabajo, sus discursos y sus estrategias. Nada de eso, como ayer se anotó aquí, los candidatos siguen haciendo campaña, pero “sin pedir el voto”. Es ridículo esto, ¿qué supondrá la gente cuando escuche a López Obrador hablar del Antiguo Testamento?, ¿qué se volvió pastor evangélico?

    Así, las campañas en esta no campaña se están calentando. José Antonio Meade Kuribreña (JAMK) parece haber abandonado el hábito franciscano (se lo deja a AMLO) y finalmente se metió a la campaña. Ahora dirige sus baterías contra López Obrador a quien prácticamente está persiguiendo. Interesante esta definición estratégica: no busca disputar el segundo lugar a Ricardo Anaya, sino que asume que está en ese segundo lugar y persigue al primero. Meade ha cuestionado al candidato de MORENA por las listas llenas de pillos, defraudadores y tránsfugas que aparecen como propuestas para el Senado; por el sermón de la montaña que le dirigió al PES, en donde lució tal y como es: un iluminado fuera de sí; y por esconderse de los debates. De paso,  Meade acusó que el INE protege al tabasqueño al prohibir los debates. Tal vez esto es lo que tiene que hacer JAMK por el momento, pero necesita más.

    Por su parte, Ricardo Anaya Cortés (RAC) sigue adelante con su estrategia de afianzarse en el segundo puesto sobre la base de atacar al PRI. Sin embargo, hay un par de cosas que no parecen estar funcionando: el PRI no está haciendo caso de sus acusaciones y ataques y, por otro lado, en los últimos días se ha pasado más tiempo defendiéndose de los señalamientos de corrupción, de los que por supuesto acusa al Tricolor) que haciendo propuestas de campaña. De hecho, los medios lo buscan precisamente para eso. Los señalamientos contra el otrora joven maravilla parecen no terminar, apenas se olvida uno y ya hay otro en la prensa. Ayer, AMLO lo acusó de ser un corrupto (la viga en el ojo ajeno).

    López ya huele la Tierra Prometida, como le dijo Hugo Flores, el dirigente del PES, y empieza a desbocarse en sus conceptos (es un decir), como el del indulto a criminales o la constitución moral. Si alguien piensa que sólo lo dijo para salir al paso enfrente del PES se equivoca. Ayer mismo, en Yucatán, reiteró su idea y dijo que la descomposición social y la pérdida de valores hacen necesaria esa constitución moral. Que Andrés Manuel sea ignorante y confuso es una cosa, pero ¿por qué tantos izquierdistas y progres sigan haciendo maromas  intelectuales para justificar las palabras de su mesías? El valor de AMLO era que hacía las cosas diferentes a los otros y es cierto, ahora las hace peor. Sus seguidores de izquierda serán tan responsables de los excesos, hipocresías y medidas absurdas, como el mismo López.

     

    No deja de ser curioso que en esta etapa de intercampañas sea cuando comienzan a definirse algunas cosas. En teoría, este lapso debía ser para elegir candidatos (ya estaban decididos todos), contar y comprobar las firmas de los independientes, elegir listas de candidatos, registrar candidatos oficialmente y todo ese tipo de detalles. Como al INE se le ocurrió la brillante idea de prohibir los debates entre candidatos, se hubiera supuesto que estos iban a perfeccionar su equipo de trabajo, sus discursos y sus estrategias. Nada de eso, como ayer se anotó aquí, los candidatos siguen haciendo campaña, pero “sin pedir el voto”. Es ridículo esto, ¿qué supondrá la gente cuando escuche a López Obrador hablar del Antiguo Testamento?, ¿qué se volvió pastor evangélico?

    Así, las campañas en esta no campaña se están calentando. José Antonio Meade Kuribreña (JAMK) parece haber abandonado el hábito franciscano (se lo deja a AMLO) y finalmente se metió a la campaña. Ahora dirige sus baterías contra López Obrador a quien prácticamente está persiguiendo. Interesante esta definición estratégica: no busca disputar el segundo lugar a Ricardo Anaya, sino que asume que está en ese segundo lugar y persigue al primero. Meade ha cuestionado al candidato de MORENA por las listas llenas de pillos, defraudadores y tránsfugas que aparecen como propuestas para el Senado; por el sermón de la montaña que le dirigió al PES, en donde lució tal y como es: un iluminado fuera de sí; y por esconderse de los debates. De paso,  Meade acusó que el INE protege al tabasqueño al prohibir los debates. Tal vez esto es lo que tiene que hacer JAMK por el momento, pero necesita más.

    Por su parte, Ricardo Anaya Cortés (RAC) sigue adelante con su estrategia de afianzarse en el segundo puesto sobre la base de atacar al PRI. Sin embargo, hay un par de cosas que no parecen estar funcionando: el PRI no está haciendo caso de sus acusaciones y ataques y, por otro lado, en los últimos días se ha pasado más tiempo defendiéndose de los señalamientos de corrupción, de los que por supuesto acusa al Tricolor) que haciendo propuestas de campaña. De hecho, los medios lo buscan precisamente para eso. Los señalamientos contra el otrora joven maravilla parecen no terminar, apenas se olvida uno y ya hay otro en la prensa. Ayer, AMLO lo acusó de ser un corrupto (la viga en el ojo ajeno).

    López ya huele la Tierra Prometida, como le dijo Hugo Flores, el dirigente del PES, y empieza a desbocarse en sus conceptos (es un decir), como el del indulto a criminales o la constitución moral. Si alguien piensa que sólo lo dijo para salir al paso enfrente del PES se equivoca. Ayer mismo, en Yucatán, reiteró su idea y dijo que la descomposición social y la pérdida de valores hacen necesaria esa constitución moral. Que Andrés Manuel sea ignorante y confuso es una cosa, pero ¿por qué tantos izquierdistas y progres sigan haciendo maromas  intelectuales para justificar las palabras de su mesías? El valor de AMLO era que hacía las cosas diferentes a los otros y es cierto, ahora las hace peor. Sus seguidores de izquierda serán tan responsables de los excesos, hipocresías y medidas absurdas, como el mismo López.

     

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  • 21-02-2018ELECCIONES 2018: LA ABSURDA NORMATIVIDAD

    Está claro que la sobrerregulación en cualquier tema siempre es contraproducente, dificulta que los participantes entiendan lo que se debe hacer y lo que no y dificulta que las instituciones apliquen con sentido común la espinosa selva de normas. Este es el caso de la normatividad electoral. Hay que aclarar que el pecado original no es del INE, sino de los legisladores que deseando evitar las trampas, las propician, pero el Instituto y el Tribunal Electoral han hecho su parte.

    En primer lugar, el absurdo de las campañas disfrazadas (es un decir) de precampañas. Si los partidos coaligados ya tenían a sus candidatos, ¿para qué llevar a cabo un proceso de definición innecesario? No debió haber precampañas. Adicionalmente, en estos meses se hizo campaña para el círculo rojo y los medios. Todos los candidatos lo hicieron así. No hubo una campaña para los ciudadanos/as, es decir, para decirles cómo van a enfrentar los problemas de todos los días.

    La última perla de este proceso es la prohibición para que haya debates entre candidatos durante el llamado periodo de intercampañas. Para empezar, a pesar de todo, los candidatos siguen haciendo declaraciones. El INE dice que las pueden hacer, pero sin promocionar el voto a su favor, ¿cómo demonios se hace eso? Cada declaración de Anaya, López o Meade, ¿acaso no es una promoción para que voten a su favor, así sea sobando el lomo a las tortuguitas o caminando en estado de ebriedad tras las palomas?  En el extremo: los candidatos no pueden ir a una entrevista si hay otro candidato presente. Mucho dinero bajo cuerda correrá para que los candidatos sean entrevistados a diario. Adicionalmente, habrá una especie de (aburridos) “debates en cámara lenta”, en los que un día se entrevistará a uno, al siguiente día a otro, luego a un tercero y así.  Esto quiere decir más farsa. Sería ideal que hubiera tantos debates como fuera posible, organizados por universidades, medios, clubs, logias, los castores, etc.

    Esta decisión del INE ya ha provocado reacciones. Meade dice que seguramente el PRI impugnará (¿alguien sabe por qué sigue hablando como si la campaña y la candidatura fueran algo muy lejano?) y, en efecto, el tricolor ha señalado que presentará un recurso. El que de plano no tiene remedio es AMLO, quien ha dicho que él no debatirá en las intercampañas (probablemente tampoco después), que mejor debatan Anaya y Meade. Hay dos razones para que el líder de MORENA adopte esta posición: uno, va muy adelante en las encuestas, ¿para qué arriesgarse?; dos, ha demostrado que es malo para los debates. Es lento para responder y no tiene un discurso bien estructurado.

    Total, que el periodo intercampañas servirá para que los partidos y los candidatos sigan haciendo campaña, con spots incluidos, pero de otra manera; campañas llenas de acusaciones y estupideces, como de López, que propone una Constitución moral, a contrapelo del liberalismo juarista que dice representar. Sin embargo, tal vez sea mejor que no haya debates, los tres candidatos de partido podrían encontrarse apoyando a la derecha más rancia.

     

    Está claro que la sobrerregulación en cualquier tema siempre es contraproducente, dificulta que los participantes entiendan lo que se debe hacer y lo que no y dificulta que las instituciones apliquen con sentido común la espinosa selva de normas. Este es el caso de la normatividad electoral. Hay que aclarar que el pecado original no es del INE, sino de los legisladores que deseando evitar las trampas, las propician, pero el Instituto y el Tribunal Electoral han hecho su parte.

    En primer lugar, el absurdo de las campañas disfrazadas (es un decir) de precampañas. Si los partidos coaligados ya tenían a sus candidatos, ¿para qué llevar a cabo un proceso de definición innecesario? No debió haber precampañas. Adicionalmente, en estos meses se hizo campaña para el círculo rojo y los medios. Todos los candidatos lo hicieron así. No hubo una campaña para los ciudadanos/as, es decir, para decirles cómo van a enfrentar los problemas de todos los días.

    La última perla de este proceso es la prohibición para que haya debates entre candidatos durante el llamado periodo de intercampañas. Para empezar, a pesar de todo, los candidatos siguen haciendo declaraciones. El INE dice que las pueden hacer, pero sin promocionar el voto a su favor, ¿cómo demonios se hace eso? Cada declaración de Anaya, López o Meade, ¿acaso no es una promoción para que voten a su favor, así sea sobando el lomo a las tortuguitas o caminando en estado de ebriedad tras las palomas?  En el extremo: los candidatos no pueden ir a una entrevista si hay otro candidato presente. Mucho dinero bajo cuerda correrá para que los candidatos sean entrevistados a diario. Adicionalmente, habrá una especie de (aburridos) “debates en cámara lenta”, en los que un día se entrevistará a uno, al siguiente día a otro, luego a un tercero y así.  Esto quiere decir más farsa. Sería ideal que hubiera tantos debates como fuera posible, organizados por universidades, medios, clubs, logias, los castores, etc.

    Esta decisión del INE ya ha provocado reacciones. Meade dice que seguramente el PRI impugnará (¿alguien sabe por qué sigue hablando como si la campaña y la candidatura fueran algo muy lejano?) y, en efecto, el tricolor ha señalado que presentará un recurso. El que de plano no tiene remedio es AMLO, quien ha dicho que él no debatirá en las intercampañas (probablemente tampoco después), que mejor debatan Anaya y Meade. Hay dos razones para que el líder de MORENA adopte esta posición: uno, va muy adelante en las encuestas, ¿para qué arriesgarse?; dos, ha demostrado que es malo para los debates. Es lento para responder y no tiene un discurso bien estructurado.

    Total, que el periodo intercampañas servirá para que los partidos y los candidatos sigan haciendo campaña, con spots incluidos, pero de otra manera; campañas llenas de acusaciones y estupideces, como de López, que propone una Constitución moral, a contrapelo del liberalismo juarista que dice representar. Sin embargo, tal vez sea mejor que no haya debates, los tres candidatos de partido podrían encontrarse apoyando a la derecha más rancia.

     

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  • 20-02-2018LOS TRES ALEGRES COMPADRES: RÍOS, RODRÍGUEZ Y ZAVALA

    Varios analistas y periodistas han señalado que la baja en la popularidad de los casi seguros candidatos independientes a la Presidencia, Ríos Rodríguez y Zavala, se debe al hecho de que han estado tan ocupados consiguiendo firmas que no han tenido oportunidad de promocionarse como el resto de los candidatos, que aprovecharon la supuesta precampaña para hacer campaña, ante la mirada complaciente del INE, que los dejó hacer. Suponen que los independientes mejorarán cuando inicien las campañas y probablemente afecten a sus pares partidarios. Vale la pena darle vueltas a esta idea.

    Se dice que Margarita Zavala ha decrecido en casi la misma proporción en la que Ricardo Anaya ha crecido en las encuestas. Supuestamente, una vez en campaña podría recuperar los puntos perdidos y crecer algunos más. Pero las campañas no se dan en el aire ni con buenos deseos. Hay que poner en duda esta idea por varias razones. Primero, hasta donde se ve, el grupo político que creó Felipe Calderón en la Presidencia se ha ido desgastando. Los que quedan, es decir, los que no se han sumado al PRI, a MORENA o retirado a la “vida privada”, son pocos y cabe preguntarse si arriesgarían su futuro político apoyando la campaña de Zavala. Es difícil suponerlo. Segundo, para competir hace falta una estructura territorial que la única candidata mujer no parece tener, ¿se la proporcionarán los gobernadores panistas? Parece poco probable que le apuesten a una campaña sin futuro en una contienda como la que viene. Tercero, los recursos. El INE ha vigilado a los independientes mucho más que a los partidos, a los que ha dejado hacer. ¿Por qué? Fácil respuesta: porque los independientes no pueden cambiar la ley para deponer a los consejeros y los partidos sí. Jaime Rodríguez y Armando Ríos pasan por una situación parecida, aunque la del único candidato de izquierda en la contienda parece tener todavía más desventajas que sus pares: no es la esposa de un expresidente y no es exgobernador.

    Así que, ¿por qué alguien querría ayudarlos si no tienen ocasión de ganar? Ganar, tal vez no, pero hacer perder a otros puede ser posible. En este sentido, se ha señalado que el PRI podría apoyar a los tres candidatos independientes para que dirigieran sus baterías hacia sus contrincantes. El Tricolor podría movilizar recursos y apoyos varios para que las campañas de los independientes no resultaran intrascendentes. Margarita Zavala podría quitar votos a Anaya y Ríos Piter y Rodríguez a López Obrador. En el papel suena bien, pero sería una apuesta arriesgada. La mano del PRI debería ser invisible, si la detecta el INE el costo para el partido de Meade sería alto. Pero, ¿Zavala se prestaría a ese juego?, ¿Ríos Piter aceptaría tener una mano suave hacia Meade para que no se notara ese apoyo?

    Aunque es difícil de creer una cosa así, situaciones más raras hemos visto en este proceso. Sin embargo, lo más probable es que a medida que avancen las campañas haya una polarización entre AMLO y otro candidato, esto significaría que las opciones menores serían aplastadas o marginadas. En este contexto, los demás actores políticos (gobernadores, medios, iniciativa privada) se irían alineando alrededor de una de las dos fuerzas.

     

    Varios analistas y periodistas han señalado que la baja en la popularidad de los casi seguros candidatos independientes a la Presidencia, Ríos Rodríguez y Zavala, se debe al hecho de que han estado tan ocupados consiguiendo firmas que no han tenido oportunidad de promocionarse como el resto de los candidatos, que aprovecharon la supuesta precampaña para hacer campaña, ante la mirada complaciente del INE, que los dejó hacer. Suponen que los independientes mejorarán cuando inicien las campañas y probablemente afecten a sus pares partidarios. Vale la pena darle vueltas a esta idea.

    Se dice que Margarita Zavala ha decrecido en casi la misma proporción en la que Ricardo Anaya ha crecido en las encuestas. Supuestamente, una vez en campaña podría recuperar los puntos perdidos y crecer algunos más. Pero las campañas no se dan en el aire ni con buenos deseos. Hay que poner en duda esta idea por varias razones. Primero, hasta donde se ve, el grupo político que creó Felipe Calderón en la Presidencia se ha ido desgastando. Los que quedan, es decir, los que no se han sumado al PRI, a MORENA o retirado a la “vida privada”, son pocos y cabe preguntarse si arriesgarían su futuro político apoyando la campaña de Zavala. Es difícil suponerlo. Segundo, para competir hace falta una estructura territorial que la única candidata mujer no parece tener, ¿se la proporcionarán los gobernadores panistas? Parece poco probable que le apuesten a una campaña sin futuro en una contienda como la que viene. Tercero, los recursos. El INE ha vigilado a los independientes mucho más que a los partidos, a los que ha dejado hacer. ¿Por qué? Fácil respuesta: porque los independientes no pueden cambiar la ley para deponer a los consejeros y los partidos sí. Jaime Rodríguez y Armando Ríos pasan por una situación parecida, aunque la del único candidato de izquierda en la contienda parece tener todavía más desventajas que sus pares: no es la esposa de un expresidente y no es exgobernador.

    Así que, ¿por qué alguien querría ayudarlos si no tienen ocasión de ganar? Ganar, tal vez no, pero hacer perder a otros puede ser posible. En este sentido, se ha señalado que el PRI podría apoyar a los tres candidatos independientes para que dirigieran sus baterías hacia sus contrincantes. El Tricolor podría movilizar recursos y apoyos varios para que las campañas de los independientes no resultaran intrascendentes. Margarita Zavala podría quitar votos a Anaya y Ríos Piter y Rodríguez a López Obrador. En el papel suena bien, pero sería una apuesta arriesgada. La mano del PRI debería ser invisible, si la detecta el INE el costo para el partido de Meade sería alto. Pero, ¿Zavala se prestaría a ese juego?, ¿Ríos Piter aceptaría tener una mano suave hacia Meade para que no se notara ese apoyo?

    Aunque es difícil de creer una cosa así, situaciones más raras hemos visto en este proceso. Sin embargo, lo más probable es que a medida que avancen las campañas haya una polarización entre AMLO y otro candidato, esto significaría que las opciones menores serían aplastadas o marginadas. En este contexto, los demás actores políticos (gobernadores, medios, iniciativa privada) se irían alineando alrededor de una de las dos fuerzas.

     

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  • 19-02-2018LA MEDIOCRIDAD Y LOS CANDIDATOS (AHORA SÍ)

    Ayer terminó la farsa de las precampañas, que en realidad fueron campañas, y ganó López Obrador. Pero no ganó por ser el mejor candidato o el que tiene mejores propuestas, ganó porque demostró que los partidos deben ser verticales, autoritarios y controlados con mano de hierro, como MORENA; espacios donde la democracia o la libertad de opinión no se asome ni por una rendija. AMLO triunfó porque hizo a MORENA a la imagen y semejanza del partido original, el viejo PRI. Por su parte, Ricardo Anaya Cortés (RAC) y José ANTONIO Meade Kuribreña (JAMK) llegaron montados en partidos y coaliciones debilitados por las deserciones y los conflictos internos.

    Finalmente, AMLO, RAC y JAMK ya son candidatos. Vaya sorpresa. Anaya dijo en su unción que no será un presidente “mediocre”, que ha dejado al candidato tricolor, “ese dinosaurio moribundo”, muy atrás y que su opción es mejor que la de ya sabes quién. Para arribar hasta donde llegó, el más joven de los candidatos dejó en el camino a muchos panistas, el último de ellos fue Germán Martínez, otrora presidente blanquiazul y ahora metido en las listas plurinominales al Senado por la vía de MORENA, lo que demuestra que los proyectos personales siempre son más importantes que las ideologías, reales o supuestas.

    López y Meade se decantaron por la lucha contra la corrupción. El problema para el segundo es que trae la marca de un presidente que es sospechoso de ese vicio. Además, de sus tres objetivos sólo el de la educación de calidad es rescatable, el segundo de ellos, mujeres y familias, huele a paternalismo y a derecha rancia, a menoscabo de los derechos de las comunidades LGBTTTI y de las mujeres a decidir sobre su cuerpo. El tercero es un caso para la araña: “un gobierno a la medida de cada quien.” ¿Qué quiso decir con esto? Por si fuera poco, el candidato oficial tendrá que pagar los costos de una mala operación política que ha ocasionado que varias figuras y alianzas importantes para el partido que representa se hayan fugado hacia MORENA.

    López Obrador hizo un discurso en el que enfatizó su carácter autoritario, como puede desprenderse de su elección de palabras: “…actuaré con locura y terquedad  para luchar contra la corrupción.” ¿Dónde está el respeto a las leyes, a las instituciones y al diálogo político? Pero su promesa quedó hueca desde antes, basta ver algunos nombres de su lista de las candidaturas a senadores plurinominales para darse cuenta de ello: Napoleón Gómez Urrutia, fugado del país y acusado de desvíos por millones de dólares, y el citado Germán Martínez, un hombre de derechas, quien ha sido señalado por enriquecerse en el sexenio de Felipe Calderón. Estos nombres se suman a los de Elba Esther Gordillo y su oscura familia, a Fausto Vallejo, Ricardo Monreal y un largo etcétera. ¿Es esta la izquierda honrada? AMLO demostró que en el juego de Ricardo III su propuesta coja y contrahecha es más hábil y tiene menos problemas con los escrúpulos.

    Son tres candidatos que se ven dispuestos  a todo, sobre todo a pasar sobre los derechos de mujeres y otras minorías. Tres candidatos muy parecidos en los que el tranquilo Meade parece llevar la peor parte. Y sí, son derivados de la derecha, pero dos de ellos, de ganar, se irán a su casa al final del sexenio. El tercero no y podrá decir: “Estamos coronados de victoria”.

     

    Ayer terminó la farsa de las precampañas, que en realidad fueron campañas, y ganó López Obrador. Pero no ganó por ser el mejor candidato o el que tiene mejores propuestas, ganó porque demostró que los partidos deben ser verticales, autoritarios y controlados con mano de hierro, como MORENA; espacios donde la democracia o la libertad de opinión no se asome ni por una rendija. AMLO triunfó porque hizo a MORENA a la imagen y semejanza del partido original, el viejo PRI. Por su parte, Ricardo Anaya Cortés (RAC) y José ANTONIO Meade Kuribreña (JAMK) llegaron montados en partidos y coaliciones debilitados por las deserciones y los conflictos internos.

    Finalmente, AMLO, RAC y JAMK ya son candidatos. Vaya sorpresa. Anaya dijo en su unción que no será un presidente “mediocre”, que ha dejado al candidato tricolor, “ese dinosaurio moribundo”, muy atrás y que su opción es mejor que la de ya sabes quién. Para arribar hasta donde llegó, el más joven de los candidatos dejó en el camino a muchos panistas, el último de ellos fue Germán Martínez, otrora presidente blanquiazul y ahora metido en las listas plurinominales al Senado por la vía de MORENA, lo que demuestra que los proyectos personales siempre son más importantes que las ideologías, reales o supuestas.

    López y Meade se decantaron por la lucha contra la corrupción. El problema para el segundo es que trae la marca de un presidente que es sospechoso de ese vicio. Además, de sus tres objetivos sólo el de la educación de calidad es rescatable, el segundo de ellos, mujeres y familias, huele a paternalismo y a derecha rancia, a menoscabo de los derechos de las comunidades LGBTTTI y de las mujeres a decidir sobre su cuerpo. El tercero es un caso para la araña: “un gobierno a la medida de cada quien.” ¿Qué quiso decir con esto? Por si fuera poco, el candidato oficial tendrá que pagar los costos de una mala operación política que ha ocasionado que varias figuras y alianzas importantes para el partido que representa se hayan fugado hacia MORENA.

    López Obrador hizo un discurso en el que enfatizó su carácter autoritario, como puede desprenderse de su elección de palabras: “…actuaré con locura y terquedad  para luchar contra la corrupción.” ¿Dónde está el respeto a las leyes, a las instituciones y al diálogo político? Pero su promesa quedó hueca desde antes, basta ver algunos nombres de su lista de las candidaturas a senadores plurinominales para darse cuenta de ello: Napoleón Gómez Urrutia, fugado del país y acusado de desvíos por millones de dólares, y el citado Germán Martínez, un hombre de derechas, quien ha sido señalado por enriquecerse en el sexenio de Felipe Calderón. Estos nombres se suman a los de Elba Esther Gordillo y su oscura familia, a Fausto Vallejo, Ricardo Monreal y un largo etcétera. ¿Es esta la izquierda honrada? AMLO demostró que en el juego de Ricardo III su propuesta coja y contrahecha es más hábil y tiene menos problemas con los escrúpulos.

    Son tres candidatos que se ven dispuestos  a todo, sobre todo a pasar sobre los derechos de mujeres y otras minorías. Tres candidatos muy parecidos en los que el tranquilo Meade parece llevar la peor parte. Y sí, son derivados de la derecha, pero dos de ellos, de ganar, se irán a su casa al final del sexenio. El tercero no y podrá decir: “Estamos coronados de victoria”.

     

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  • 16-02-2018(PRE)CAMPAÑAS Y ENCUESTAS

    Las encuestas, todas ellas, señalan en primer lugar a Andrés Manuel López Obrador (AMLO), pero hay que mirarlas con detenimiento. La esencia puede no estar en la fatal pregunta “por quién votaría usted”, sino en las tripas de las mediciones. Si nos vamos a estas, hay que decir que el problema de Meade no es Meade, como muchos suponen, sino el PRI, el gobierno federal y el (des)control peñista de su campaña, lo cual es grave porque estos tres factores parecen inevitables. En el caso de López debe estar preocupado, no sólo porque Anaya ha crecido más, sino porque el panista perfila una campaña más dinámica y más interesante, además de que en los debates posiblemente sea mejor polemista que sus adversarios.

    Al respecto, van algunos apuntes sobre la encuesta del Reforma aparecida ayer:

    1.- AMLO creció dos puntos de noviembre para acá, Anaya seis y Meade decrece tres. Van 33, 25 y 14, respectivamente. Peeeero, hay un 22 % de indecisos que nadie sabe cómo votarán. Sobre esto, el encuestólogo Juan Manuel Herrero (de Suasor Consultores, que trabaja para El Heraldo) dice que no se están midiendo adecuadamente los rechazos, es decir, quienes no aceptan ser encuestados. Recientemente dijo que esto podría equivaler a un porcentaje de indecisos que va del 30 al 40%. Fuerte dato.

    2.- En las preferencias por sexo, hay que decir que AMLO domina claramente en los hombres, pero entre las mujeres el tabasqueño tiene 28% de las preferencias contra 27% de Anaya, un empate técnico.

    3.- En cuanto al rubro edad hay sorpresas. Entre jóvenes de hasta 30 años, López y Anaya están empatados, 32 y 30%, respectivamente. La sorpresa es que entre mayores de 50 años también hay una suerte de empate técnico (29 contra 26%), lo que significa que este sector de gente mayor no está del todo con el candidato morenista, como cabría suponer. El único rubro que domina AMLO es el de entre 30 a 49 años, donde este le saca 15 puntos al panista.

    4.- Por escolaridad, el único punto en que Anaya le gana a sus contrincantes es en el sector de los que tienen hasta educación primaria. Este rubro anteriormente lo tenía el PRI. De secundaria para arriba, a más educación, mayor apoyo a López Obrador. En Venezuela sucedió algo muy parecido con el finado Hugo Chávez, gran parte de la sociedad ilustrada lo apoyaba. A la postre, se dieron cuenta de su gran error cuando su nivel de vida y libertades de crítica se deterioraron de manera grave. Pero, como dice el dicho, nadie experimenta en cabeza ajena. Más estudios no significan un mejor olfato político.

    5.- Meade es el menos apoyado por el partido que lo postula, pues sólo el 55% de los priistas votaría por él. Esto significa que no lo han hecho “suyo”, como pidió.  A López lo apoya el 86% de los morenos y al ex joven maravilla el 72% de los panistas. En el caso del PRD, un tercio apoya a AMLO y un 53% al candidato del Frente.

    6.- Por circunscripción, el norte y el noroeste-bajío apoya más a Anaya que a López, en el resto gana el representante de MORENA por amplio margen.

    Este tipo de análisis se puede hacer con cada encuesta. La conclusión parece ser que el único que le puede hacer competencia a AMLO es Anaya. Si en abril Meade no despega, corre el peligro de que los priistas que no quieran que gane “ya Chávez quien” se volcarán en favor del panista. Como se dijo, los lastres de la campaña de Meade están a la vista y él no es el mayor culpable.

     

    Las encuestas, todas ellas, señalan en primer lugar a Andrés Manuel López Obrador (AMLO), pero hay que mirarlas con detenimiento. La esencia puede no estar en la fatal pregunta “por quién votaría usted”, sino en las tripas de las mediciones. Si nos vamos a estas, hay que decir que el problema de Meade no es Meade, como muchos suponen, sino el PRI, el gobierno federal y el (des)control peñista de su campaña, lo cual es grave porque estos tres factores parecen inevitables. En el caso de López debe estar preocupado, no sólo porque Anaya ha crecido más, sino porque el panista perfila una campaña más dinámica y más interesante, además de que en los debates posiblemente sea mejor polemista que sus adversarios.

    Al respecto, van algunos apuntes sobre la encuesta del Reforma aparecida ayer:

    1.- AMLO creció dos puntos de noviembre para acá, Anaya seis y Meade decrece tres. Van 33, 25 y 14, respectivamente. Peeeero, hay un 22 % de indecisos que nadie sabe cómo votarán. Sobre esto, el encuestólogo Juan Manuel Herrero (de Suasor Consultores, que trabaja para El Heraldo) dice que no se están midiendo adecuadamente los rechazos, es decir, quienes no aceptan ser encuestados. Recientemente dijo que esto podría equivaler a un porcentaje de indecisos que va del 30 al 40%. Fuerte dato.

    2.- En las preferencias por sexo, hay que decir que AMLO domina claramente en los hombres, pero entre las mujeres el tabasqueño tiene 28% de las preferencias contra 27% de Anaya, un empate técnico.

    3.- En cuanto al rubro edad hay sorpresas. Entre jóvenes de hasta 30 años, López y Anaya están empatados, 32 y 30%, respectivamente. La sorpresa es que entre mayores de 50 años también hay una suerte de empate técnico (29 contra 26%), lo que significa que este sector de gente mayor no está del todo con el candidato morenista, como cabría suponer. El único rubro que domina AMLO es el de entre 30 a 49 años, donde este le saca 15 puntos al panista.

    4.- Por escolaridad, el único punto en que Anaya le gana a sus contrincantes es en el sector de los que tienen hasta educación primaria. Este rubro anteriormente lo tenía el PRI. De secundaria para arriba, a más educación, mayor apoyo a López Obrador. En Venezuela sucedió algo muy parecido con el finado Hugo Chávez, gran parte de la sociedad ilustrada lo apoyaba. A la postre, se dieron cuenta de su gran error cuando su nivel de vida y libertades de crítica se deterioraron de manera grave. Pero, como dice el dicho, nadie experimenta en cabeza ajena. Más estudios no significan un mejor olfato político.

    5.- Meade es el menos apoyado por el partido que lo postula, pues sólo el 55% de los priistas votaría por él. Esto significa que no lo han hecho “suyo”, como pidió.  A López lo apoya el 86% de los morenos y al ex joven maravilla el 72% de los panistas. En el caso del PRD, un tercio apoya a AMLO y un 53% al candidato del Frente.

    6.- Por circunscripción, el norte y el noroeste-bajío apoya más a Anaya que a López, en el resto gana el representante de MORENA por amplio margen.

    Este tipo de análisis se puede hacer con cada encuesta. La conclusión parece ser que el único que le puede hacer competencia a AMLO es Anaya. Si en abril Meade no despega, corre el peligro de que los priistas que no quieran que gane “ya Chávez quien” se volcarán en favor del panista. Como se dijo, los lastres de la campaña de Meade están a la vista y él no es el mayor culpable.

     

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  • 15-02-2018CRISIS EN EL PRI PEGA A MEADE

    José Antonio Meade haría bien en separarse del PRI y hacer su propia campaña, con su personal de confianza, sin la “ayuda” de Ochoa Reza y de Peña Nieto. Debido a la serie de contradicciones en las declaraciones y comunicados, es difícil saber si hay una crisis en el PRI y si esta es muy grande o no. Como quiera que sea, la percepción le está haciendo mucho daño a la campaña presidencial tricolor.

    Hay que señalar que lo que se ve en la arena mediática tiene unos entretelones complicados y difíciles de resolver. En todo caso, la acción del presidente priista Enrique Ochoa Reza (EOR) fue el detonante. En el cierre de la campaña disfrazada de precampaña del pasado domingo, le llamó “PRIetos que no aprietan” a los priistas que han desertado hacia otros partidos, en especial hacia MORENA. La ocurrencia ni siquiera fue original, sino que retomó memes que vienen circulando en redes. Al otro día, tuvo que pedir disculpas al darse cuenta de que su “chiste” era racista. Meade llamó “un exceso” al comentario de su líder. En términos de campaña priista, el señalamiento del candidato es indicativo de que algo va mal.

    Posteriormente, el martes, circuló la noticia de que diputados priistas se habían “levantado” en contra de EOR y pedían su renuncia. El mismo día, un comunicado desmintió la supuesta rebeldía, encabezada aparentemente por Jorge Carlos Ramírez Marín. Se dijo que esa misma noche se había llamado a Ochoa a Los Pinos, algo que también fue desmentido.  Dimes y diretes, pero dañinos en todo caso.

    Detrás de todo esto hay un conjunto de factores que están jugando en contra del PRI, que hasta ahora había llevado su proceso con relativo control. En primer lugar, está el hecho de saber que del otro lado de la calle, en el hermano gemelo del tricolor, MORENA, las candidaturas son muy fáciles de conseguir y que se admite a todo el mundo: pillos, tramposos, etc. Esto significa una presión brutal al asunto de la definición de las candidaturas. Esta presión ya está destrozando al PRD y dañando al PAN.

    En segundo lugar, le percepción de que la campaña de JAMK va mal, lo que ha enturbiado los ánimos y la disciplina priista. A alguien hay que culpar de esto y ese papel le corresponde al presidente Peña Nieto y a su alfil Ochoa Reza. Sacrificar al actual presidente priista podría significar perder el control de las listas, que en el fondo es la esencia de los problemas. Si Ochoa se va, debe llegar otro leal al mandatario, pero con más capacidad de operación y de apertura a los poderes locales priistas, a los Beltrones, a los Osorio, a los priistas que todavía pueden recomponer el panorama.

    El presidente Peña debe escoger entre negociar con los poderes locales tricolores y tener más posibilidades de triunfo, pero quedarse sin el control a futuro (y sin protección) o bien quedarse con el control absoluto de las listas y arriesgarse a que algunos se pasen del lado soleado de la calle y otros simplemente se acuerden del juego que le hicieron a Madrazo en el 2006.

    José Antonio Meade haría bien en separarse del PRI y hacer su propia campaña, con su personal de confianza, sin la “ayuda” de Ochoa Reza y de Peña Nieto. Debido a la serie de contradicciones en las declaraciones y comunicados, es difícil saber si hay una crisis en el PRI y si esta es muy grande o no. Como quiera que sea, la percepción le está haciendo mucho daño a la campaña presidencial tricolor.

    Hay que señalar que lo que se ve en la arena mediática tiene unos entretelones complicados y difíciles de resolver. En todo caso, la acción del presidente priista Enrique Ochoa Reza (EOR) fue el detonante. En el cierre de la campaña disfrazada de precampaña del pasado domingo, le llamó “PRIetos que no aprietan” a los priistas que han desertado hacia otros partidos, en especial hacia MORENA. La ocurrencia ni siquiera fue original, sino que retomó memes que vienen circulando en redes. Al otro día, tuvo que pedir disculpas al darse cuenta de que su “chiste” era racista. Meade llamó “un exceso” al comentario de su líder. En términos de campaña priista, el señalamiento del candidato es indicativo de que algo va mal.

    Posteriormente, el martes, circuló la noticia de que diputados priistas se habían “levantado” en contra de EOR y pedían su renuncia. El mismo día, un comunicado desmintió la supuesta rebeldía, encabezada aparentemente por Jorge Carlos Ramírez Marín. Se dijo que esa misma noche se había llamado a Ochoa a Los Pinos, algo que también fue desmentido.  Dimes y diretes, pero dañinos en todo caso.

    Detrás de todo esto hay un conjunto de factores que están jugando en contra del PRI, que hasta ahora había llevado su proceso con relativo control. En primer lugar, está el hecho de saber que del otro lado de la calle, en el hermano gemelo del tricolor, MORENA, las candidaturas son muy fáciles de conseguir y que se admite a todo el mundo: pillos, tramposos, etc. Esto significa una presión brutal al asunto de la definición de las candidaturas. Esta presión ya está destrozando al PRD y dañando al PAN.

    En segundo lugar, le percepción de que la campaña de JAMK va mal, lo que ha enturbiado los ánimos y la disciplina priista. A alguien hay que culpar de esto y ese papel le corresponde al presidente Peña Nieto y a su alfil Ochoa Reza. Sacrificar al actual presidente priista podría significar perder el control de las listas, que en el fondo es la esencia de los problemas. Si Ochoa se va, debe llegar otro leal al mandatario, pero con más capacidad de operación y de apertura a los poderes locales priistas, a los Beltrones, a los Osorio, a los priistas que todavía pueden recomponer el panorama.

    El presidente Peña debe escoger entre negociar con los poderes locales tricolores y tener más posibilidades de triunfo, pero quedarse sin el control a futuro (y sin protección) o bien quedarse con el control absoluto de las listas y arriesgarse a que algunos se pasen del lado soleado de la calle y otros simplemente se acuerden del juego que le hicieron a Madrazo en el 2006.

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  • 14-02-2018GUÍA PRÁCTICA DE POR QUIÉN VOTAR

    En primer lugar, hay que decir una cosa espantosa: no hay príncipe/princesa azul en forma de candidato/a. Cualquier persona vista de cerca tiene defectos, los candidatos muchos más. Muchas personas (y periodistas) parecen buscar un/a candidato/a inteligente, culto (de preferencia que se sepa los títulos de tres libros), eficiente, chambeador, honesto, transparente y un largo etcétera. Bien, de esos, con tantos atributos, no hay. Los candidatos podrían decir, como el título de la película de Jorge Michel Grau: somos lo que hay. Esto quiere decir que son demagogos, poco claros, peleoneros, etc.

    A partir de esto, muchas personas concluyen que todos/as son iguales. En algunos casos, estas personas no votarán; otras, en realidad están escondiendo un voto vergonzante porque votar por el PRI o MORENA, por ejemplo, puede a uno/a avergonzarlo/a con la familia y los amigos. Pero no todos son iguales, aunque se parezcan. Van algunas reglas básicas para que, a partir del gusto de cada uno, se pueda tener una guía, un norte, de por quién votar:

    1.- No hay opciones socialistas, así que si usted es un progre comunista tenga en cuenta que todos los socialismos han fracasado. Infórmese: el maldito capitalismo triunfó y sí, otro mundo es posible, pero nadie sabe viene a bien cómo llegar a él. Lo que hay son candidatos de derecha.

    2.- Partiendo de la premisa anterior, quién ofrezca algo así como el paraíso igualitario, el pleno empleo, justicia social o acabar mágicamente con alguna lacra, está mintiendo y puede dar paso a un gobierno unipersonal autoritario.

    3.- La política no se hace con base en verdades absolutas, sino con ofrecimientos, propuestas y promesas. De alguna manera, todos/as los candidatos/as mienten, no necesariamente con mala intención (¿o sí?), porque una cosa es medirle al gua a los camotes en teoría y otra muy distinta medirla en la realidad. Además, la política no es al arte de solucionar todo, sino de saber cómo enfrentar los imponderables.

    4.- ¿Cuáles son los valores que debemos tener en cuenta en una votación? Van algunos: conservar y mejorar las instituciones (INE, SCJN, INAI, etc.), han costado mucho, no funcionan del todo bien, pero reconozcamos que es más fácil mejorarlas que destruirlas y a ver qué sale.

    5.- Otro valor: la libertad de prensa. Sí, la prensa es tramposa, convenenciera y medio venenosa, pero es útil. En ningún país del mundo existe una libertad de prensa absoluta, pero, de nuevo, es lo que hay. Y es mejor tenerla que no tenerla. Esa libertad está amenazada por el crimen organizado, el dinero y la clase política. Con las dos primeras cosas no hay mucho qué hacer, pero en el caso de los políticos sí hay algo que se puede hacer. Cuidado con los políticos a los que no les importa la prensa y que la mandan al diablo diciendo que son fake news (como Trump).

    6.- En cada sexenio se dan una serie de cambios legales y programáticos, es importante distinguir que cambios han sido positivos y cuáles no. Así, hay que preguntarse: ¿qué reformas legales vale la pena conservar y ahondar y cuáles no? Quien diga que va a tirar a la basura una reforma que vale la pena o hacer una consulta con tal o cual derecho hay que sacarle la vuelta. Ningún derecho se consulta.

    7.- Es indispensable seguir con los acuerdos internacionales tipo tratados, convenios comerciales, etc. Quien diga que como México no hay dos (afortunadamente) y asegure que nuestro país puede producir el petróleo y la gasolina que necesitemos, las verduras y frutas, el maíz y el frijol, está mintiendo y trata de llevarnos a una vía de aislamiento, imposible de mantener hoy en día.

    8.- Necesitamos un presidente que tema a la prensa, a las manifestaciones, que esté atento a los señalamientos de las organizaciones de derechos humanos, nacionales e internacionales. Un mandatario que no descalifique las críticas. 9.- El pasado importa, al igual que el prestigio y el partido. Un político sólo tiene su prestigio, si esto se pierde todo lo demás es basura. Un pasado poco claro, lleno de acusaciones y sospechas debe tomarse en cuenta. El partido también; ni modo, priistas, su partido es el más corrupto y tramposo si se tiene en cuenta su historia, pero hay que extender un gran reconocimiento a partidos más nuevos en el poder que, en poco tiempo, han demostrado más mañas que los tricolores. Esto también debe contar.

    Si después de todo esto gana alguien que manda al diablo a las instituciones, descalifica las protestas, dice que acabará con todas las lacras y tiene un talante autoritario, bien merecido lo tendremos. Somos hijos de nuestros errores.

    En primer lugar, hay que decir una cosa espantosa: no hay príncipe/princesa azul en forma de candidato/a. Cualquier persona vista de cerca tiene defectos, los candidatos muchos más. Muchas personas (y periodistas) parecen buscar un/a candidato/a inteligente, culto (de preferencia que se sepa los títulos de tres libros), eficiente, chambeador, honesto, transparente y un largo etcétera. Bien, de esos, con tantos atributos, no hay. Los candidatos podrían decir, como el título de la película de Jorge Michel Grau: somos lo que hay. Esto quiere decir que son demagogos, poco claros, peleoneros, etc.

    A partir de esto, muchas personas concluyen que todos/as son iguales. En algunos casos, estas personas no votarán; otras, en realidad están escondiendo un voto vergonzante porque votar por el PRI o MORENA, por ejemplo, puede a uno/a avergonzarlo/a con la familia y los amigos. Pero no todos son iguales, aunque se parezcan. Van algunas reglas básicas para que, a partir del gusto de cada uno, se pueda tener una guía, un norte, de por quién votar:

    1.- No hay opciones socialistas, así que si usted es un progre comunista tenga en cuenta que todos los socialismos han fracasado. Infórmese: el maldito capitalismo triunfó y sí, otro mundo es posible, pero nadie sabe viene a bien cómo llegar a él. Lo que hay son candidatos de derecha.

    2.- Partiendo de la premisa anterior, quién ofrezca algo así como el paraíso igualitario, el pleno empleo, justicia social o acabar mágicamente con alguna lacra, está mintiendo y puede dar paso a un gobierno unipersonal autoritario.

    3.- La política no se hace con base en verdades absolutas, sino con ofrecimientos, propuestas y promesas. De alguna manera, todos/as los candidatos/as mienten, no necesariamente con mala intención (¿o sí?), porque una cosa es medirle al gua a los camotes en teoría y otra muy distinta medirla en la realidad. Además, la política no es al arte de solucionar todo, sino de saber cómo enfrentar los imponderables.

    4.- ¿Cuáles son los valores que debemos tener en cuenta en una votación? Van algunos: conservar y mejorar las instituciones (INE, SCJN, INAI, etc.), han costado mucho, no funcionan del todo bien, pero reconozcamos que es más fácil mejorarlas que destruirlas y a ver qué sale.

    5.- Otro valor: la libertad de prensa. Sí, la prensa es tramposa, convenenciera y medio venenosa, pero es útil. En ningún país del mundo existe una libertad de prensa absoluta, pero, de nuevo, es lo que hay. Y es mejor tenerla que no tenerla. Esa libertad está amenazada por el crimen organizado, el dinero y la clase política. Con las dos primeras cosas no hay mucho qué hacer, pero en el caso de los políticos sí hay algo que se puede hacer. Cuidado con los políticos a los que no les importa la prensa y que la mandan al diablo diciendo que son fake news (como Trump).

    6.- En cada sexenio se dan una serie de cambios legales y programáticos, es importante distinguir que cambios han sido positivos y cuáles no. Así, hay que preguntarse: ¿qué reformas legales vale la pena conservar y ahondar y cuáles no? Quien diga que va a tirar a la basura una reforma que vale la pena o hacer una consulta con tal o cual derecho hay que sacarle la vuelta. Ningún derecho se consulta.

    7.- Es indispensable seguir con los acuerdos internacionales tipo tratados, convenios comerciales, etc. Quien diga que como México no hay dos (afortunadamente) y asegure que nuestro país puede producir el petróleo y la gasolina que necesitemos, las verduras y frutas, el maíz y el frijol, está mintiendo y trata de llevarnos a una vía de aislamiento, imposible de mantener hoy en día.

    8.- Necesitamos un presidente que tema a la prensa, a las manifestaciones, que esté atento a los señalamientos de las organizaciones de derechos humanos, nacionales e internacionales. Un mandatario que no descalifique las críticas. 9.- El pasado importa, al igual que el prestigio y el partido. Un político sólo tiene su prestigio, si esto se pierde todo lo demás es basura. Un pasado poco claro, lleno de acusaciones y sospechas debe tomarse en cuenta. El partido también; ni modo, priistas, su partido es el más corrupto y tramposo si se tiene en cuenta su historia, pero hay que extender un gran reconocimiento a partidos más nuevos en el poder que, en poco tiempo, han demostrado más mañas que los tricolores. Esto también debe contar.

    Si después de todo esto gana alguien que manda al diablo a las instituciones, descalifica las protestas, dice que acabará con todas las lacras y tiene un talante autoritario, bien merecido lo tendremos. Somos hijos de nuestros errores.

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  • 13-02-2018UN FRACASO LLAMADO MIKEL

    Es difícil entender cómo fue que el PRI decidiera lanzar a un no-político como Mikel Arriola Peñalosa (MAP) como candidato a la Jefatura de Gobierno. Se trata de un hombre ligado a proyectos financieros y burocráticos en los que, por cierto, tampoco destacó. Se ha especulado que los políticos como José Narro o Aurelio Nuño simplemente no quisieron pasar el trago amargo de perder en la CDMX y simplemente se buscó a alguien que no tuviera nada que perder. Sobre esta idea –“nada que perder- , volveremos más adelante. Otros, especularon con la posibilidad de que un perfil ciudadano atrajera a un sector de la ciudadanía capitalina, harto de los políticos.  Si este último fuera el caso, tal vez hubiera sido conveniente proponer a una persona ligada a cuestiones sociales, incluso se podría haber ofrecido la candidatura a alguien sin relación con el PRI, pero relacionado con derechos humanos u otra actividad que lo vinculara con el trabajo comunitario o cultural. Parece que era demasiado pedir.

    El PRI en la capital está prácticamente borrado desde 1997. Desde entonces no ha encontrado cómo re-crearse y hoy está en manos de grupos que representan mucho de lo peor de la clase política tricolor. No puede soñar en ganar una elección para la Jefatura, pero al menos podría tratar de dar una imagen diferente, más allá de los números; una imagen que le ayudara más adelante a hacer un proyecto de ciudad que al menos los pusiera en el mapa. También esto parece alejado de las aspiraciones del PRI.

    Con este panorama y tantos problemas como los que sufre la CDMX no se entiende que Mikel Arriola haya escogido para su cierre de precampaña los matrimonios entre personas del mismo sexo y la despenalización de la mariguana, dos temas en los que buena parte de la ciudadanía capitalina se ha posicionado a favor. Es lamentable que la única declaración relevante de toda su campaña le haya servido para alinearse con lo peor de la Iglesia católica, la parte más retrógrada que representa el jubilado cardenal Rivera; parte por parte, el posicionamiento de Arriola va en contra de los derechos de las personas. Primero, defiende el derecho a la vida desde la concepción, lo que no sólo revela ignorancia, sino un prejuicio fuerte contra el derecho de las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo; segundo, al hablar en nombre de las familias se olvida que las hay de todos los tipos, desde la tradicional hasta la monoparental o las familias de padres del mismo sexo, entre otros tipos de familias. Tercero, duda de la capacidad de las parejas del mismo sexo para criar niños, con lo que rescata otro prejuicio sin ninguna base. Sobre la mariguana habría que señalar que no se conocen personas que hayan fallecido por esta hierba, a diferencia del alcohol o el tabaco, que son legales. Su postura va en contra del avance en el mundo (Estados Unidos, Países Bajos y Uruguay, etc.) acerca de la aprobación de la mariguana para fines lúdicos, un negocio sin muertos y que produce millones de dólares.

    Como se ve, Mikel Arriola, el candidato “sin nada que perder” ha perdido lo poco que podía demostrar: imaginación.

    Es difícil entender cómo fue que el PRI decidiera lanzar a un no-político como Mikel Arriola Peñalosa (MAP) como candidato a la Jefatura de Gobierno. Se trata de un hombre ligado a proyectos financieros y burocráticos en los que, por cierto, tampoco destacó. Se ha especulado que los políticos como José Narro o Aurelio Nuño simplemente no quisieron pasar el trago amargo de perder en la CDMX y simplemente se buscó a alguien que no tuviera nada que perder. Sobre esta idea –“nada que perder- , volveremos más adelante. Otros, especularon con la posibilidad de que un perfil ciudadano atrajera a un sector de la ciudadanía capitalina, harto de los políticos.  Si este último fuera el caso, tal vez hubiera sido conveniente proponer a una persona ligada a cuestiones sociales, incluso se podría haber ofrecido la candidatura a alguien sin relación con el PRI, pero relacionado con derechos humanos u otra actividad que lo vinculara con el trabajo comunitario o cultural. Parece que era demasiado pedir.

    El PRI en la capital está prácticamente borrado desde 1997. Desde entonces no ha encontrado cómo re-crearse y hoy está en manos de grupos que representan mucho de lo peor de la clase política tricolor. No puede soñar en ganar una elección para la Jefatura, pero al menos podría tratar de dar una imagen diferente, más allá de los números; una imagen que le ayudara más adelante a hacer un proyecto de ciudad que al menos los pusiera en el mapa. También esto parece alejado de las aspiraciones del PRI.

    Con este panorama y tantos problemas como los que sufre la CDMX no se entiende que Mikel Arriola haya escogido para su cierre de precampaña los matrimonios entre personas del mismo sexo y la despenalización de la mariguana, dos temas en los que buena parte de la ciudadanía capitalina se ha posicionado a favor. Es lamentable que la única declaración relevante de toda su campaña le haya servido para alinearse con lo peor de la Iglesia católica, la parte más retrógrada que representa el jubilado cardenal Rivera; parte por parte, el posicionamiento de Arriola va en contra de los derechos de las personas. Primero, defiende el derecho a la vida desde la concepción, lo que no sólo revela ignorancia, sino un prejuicio fuerte contra el derecho de las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo; segundo, al hablar en nombre de las familias se olvida que las hay de todos los tipos, desde la tradicional hasta la monoparental o las familias de padres del mismo sexo, entre otros tipos de familias. Tercero, duda de la capacidad de las parejas del mismo sexo para criar niños, con lo que rescata otro prejuicio sin ninguna base. Sobre la mariguana habría que señalar que no se conocen personas que hayan fallecido por esta hierba, a diferencia del alcohol o el tabaco, que son legales. Su postura va en contra del avance en el mundo (Estados Unidos, Países Bajos y Uruguay, etc.) acerca de la aprobación de la mariguana para fines lúdicos, un negocio sin muertos y que produce millones de dólares.

    Como se ve, Mikel Arriola, el candidato “sin nada que perder” ha perdido lo poco que podía demostrar: imaginación.

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  • 12-02-2018AMLO GANARÁ CON EL 50% DE LOS SUFRAGIOS

    Al parecer, el problema para la clase política del PRI, PAN y PRD (más el resto), no es que pierdan ante Andrés Manuel López Obrador (AMLO), sino que este gane por cerca del 50% de los votos. Entonces sí, a regresar a los viejos tiempos del PRI con un presidente que decide casi todo. ¿Es posible este escenario?

    Aunque nada está decidido aún, los datos y las tendencias señalan que López ganará la Presidencia de la República. Las acciones políticas implementadas por él y sus aliados están siendo exitosas y, por su parte, PAN, PRI y PRD parecieran estar haciendo lo posible por perder. He aquí algunos números, más allá de la especulación de las encuestas.

    1.- Según el INE, hay 87.1 millones de ciudadanos con credencial para votar. La meta del Instituto es que vote el 63% de los empadronados[1], es decir 54.9 millones de mexicanos/as. Si se toma como buena la meta y se redondea, cabe suponer que votarán 55 millones de personas.  Lógicamente quien quiera que gane lo hará con unos 18 millones de votos, es decir un poco más del 30%. El resto de los votos se repartirá entre los candidatos fuertes (Meade y Anaya), los independientes (Zavala, Ríos y Rodríguez) y los anulados.

    2.- Algunos dicen que AMLO está estancado y esto es posible, pero el argumento es patético. Estancarse entre el 30 y el 38% de la preferencia de voto es prácticamente ganar la elección si sus rivales no remontan o López baja o ambas cosas. Si las encuestas son de alguna manera un reflejo de la realidad, los datos de estas dicen que la precampaña no cambió el escenario.

    3.- Estado por estado se puede apreciar que los adversarios de los priistas de antaño (MORENA) están en problemas. Se dice que la elección presidencial se decidirá en cinco entidades, que son las que cuentan con los padrones más grandes: Estado de México (11.6 millones de votantes), Ciudad de México (7.5 millones), Jalisco (5.8 millones), Veracruz (5.7 millones) y Puebla (4.4 millones). Cinco estados, 40% de la población votante.

    4.- En el Estado de México, la coalición PRI-PVEM-PANAL ganó la elección por estrecho margen. En esa entidad, MORENA ha seguido trabajando y el PRI se ha distanciado del Verde y el PANAL, con lo que ha debilitado su posición. No sería extraño que los priistas de antaño les ganaran a los neopriistas de Meade. Si se mantiene constante para fines hipotéticos el 63% del INE, votarían algo así como 7.3 millones de personas. No sería lejano suponer que López Obrador alcanzaría un 30-35% de los votos, algo así como 2.5 millones.

    5.- En la CDMX es muy probable que MORENA se alce como la fuerza hegemónica y le dé a AMLO tres millones de votos al menos. En Jalisco es previsible el voto dividido, para las estatales ganará el MC y para las presidenciales MORENA. Es probable que obtenga el candidato del viejo PRI un millón de votos.

    6.- En Veracruz, luego de la debacle del PRI y el debilitamiento del PAN gracias al gobernador Miguel Ángel Yunes, MORENA puede convertirse en la primera fuerza o al menos la segunda. Un millón y medio de votos en esta cosecha vendrían bien. En Puebla, con un PRI debilitado y dividido y un PAN molesto por la candidatura de Martha Erika y las evidencias de la corrupción del gobernador Gali, MORENA podría ganar o quedar en segundo lugar con un millón de votos.

    Si estos pronósticos se acercan a la realidad, AMLO conseguiría en cinco entidades la mitad de los votos necesarios para ganar. ¿Sería muy difícil que lograra la Presidencia con un porcentaje superior el 40%.

    Si esto es así, adiós PRI.



    [1] http://www.redpolitica.mx/nacion/ine-busca-que-en-2018-participe-63-del-padron-electoral

    Al parecer, el problema para la clase política del PRI, PAN y PRD (más el resto), no es que pierdan ante Andrés Manuel López Obrador (AMLO), sino que este gane por cerca del 50% de los votos. Entonces sí, a regresar a los viejos tiempos del PRI con un presidente que decide casi todo. ¿Es posible este escenario?

    Aunque nada está decidido aún, los datos y las tendencias señalan que López ganará la Presidencia de la República. Las acciones políticas implementadas por él y sus aliados están siendo exitosas y, por su parte, PAN, PRI y PRD parecieran estar haciendo lo posible por perder. He aquí algunos números, más allá de la especulación de las encuestas.

    1.- Según el INE, hay 87.1 millones de ciudadanos con credencial para votar. La meta del Instituto es que vote el 63% de los empadronados[1], es decir 54.9 millones de mexicanos/as. Si se toma como buena la meta y se redondea, cabe suponer que votarán 55 millones de personas.  Lógicamente quien quiera que gane lo hará con unos 18 millones de votos, es decir un poco más del 30%. El resto de los votos se repartirá entre los candidatos fuertes (Meade y Anaya), los independientes (Zavala, Ríos y Rodríguez) y los anulados.

    2.- Algunos dicen que AMLO está estancado y esto es posible, pero el argumento es patético. Estancarse entre el 30 y el 38% de la preferencia de voto es prácticamente ganar la elección si sus rivales no remontan o López baja o ambas cosas. Si las encuestas son de alguna manera un reflejo de la realidad, los datos de estas dicen que la precampaña no cambió el escenario.

    3.- Estado por estado se puede apreciar que los adversarios de los priistas de antaño (MORENA) están en problemas. Se dice que la elección presidencial se decidirá en cinco entidades, que son las que cuentan con los padrones más grandes: Estado de México (11.6 millones de votantes), Ciudad de México (7.5 millones), Jalisco (5.8 millones), Veracruz (5.7 millones) y Puebla (4.4 millones). Cinco estados, 40% de la población votante.

    4.- En el Estado de México, la coalición PRI-PVEM-PANAL ganó la elección por estrecho margen. En esa entidad, MORENA ha seguido trabajando y el PRI se ha distanciado del Verde y el PANAL, con lo que ha debilitado su posición. No sería extraño que los priistas de antaño les ganaran a los neopriistas de Meade. Si se mantiene constante para fines hipotéticos el 63% del INE, votarían algo así como 7.3 millones de personas. No sería lejano suponer que López Obrador alcanzaría un 30-35% de los votos, algo así como 2.5 millones.

    5.- En la CDMX es muy probable que MORENA se alce como la fuerza hegemónica y le dé a AMLO tres millones de votos al menos. En Jalisco es previsible el voto dividido, para las estatales ganará el MC y para las presidenciales MORENA. Es probable que obtenga el candidato del viejo PRI un millón de votos.

    6.- En Veracruz, luego de la debacle del PRI y el debilitamiento del PAN gracias al gobernador Miguel Ángel Yunes, MORENA puede convertirse en la primera fuerza o al menos la segunda. Un millón y medio de votos en esta cosecha vendrían bien. En Puebla, con un PRI debilitado y dividido y un PAN molesto por la candidatura de Martha Erika y las evidencias de la corrupción del gobernador Gali, MORENA podría ganar o quedar en segundo lugar con un millón de votos.

    Si estos pronósticos se acercan a la realidad, AMLO conseguiría en cinco entidades la mitad de los votos necesarios para ganar. ¿Sería muy difícil que lograra la Presidencia con un porcentaje superior el 40%.

    Si esto es así, adiós PRI.



    [1] http://www.redpolitica.mx/nacion/ine-busca-que-en-2018-participe-63-del-padron-electoral

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  • 09-02-2018LA CONMOVEDORA PREOCUPACIÓN DE TRUDEAU POR LOS SALARIOS EN MÉXICO

    Es un hecho que México tiene una serie de ventajas comparativas respecto a otros países. En primer lugar, su enorme frontera con el país más rico (todavía) y consumista de la historia. En segundo lugar, los bajos salarios, que lo hacen competitivo con potencias que usan trabajo casi esclavo como India y China. En tercer lugar, la corrupción. Con dinero se puede hacer todo, desde construir edificios de 10 pisos teniendo permiso para sólo siete hasta violar las normas sanitarias, laborales y medioambientales. Anotar todo esto no es un acto de cinismo, sino un hecho. Con estas ventajas, qué más da que seamos una de las naciones con más violencia.

    A contrapelo de lo que señalan algunos intelectuales respetables, ni la violencia ni la corrupción están alejando el negocio que significa México. Van dos datos: 1) el país es la treceava economía más atractiva para la inversión.[1] De 2013 al tercer trimestre de 2017 se recibieron más de 156 mil millones de dólares, un 52% más que en el sexenio anterior; en el intercambio comercial entre México y Estados Unidos este último tuvo un déficit de 71,100 millones de dólares con nuestro país un récord para la última década. ¿Nos iría mejor si no hubiera corrupción y bajos salarios? Es discutible.

    Si se toma en cuenta lo anterior, entonces se entiende que el interés de Justin Trudeau, primer ministro de Canadá, en que suban los salarios en México[2] no es una petición generosa, sino que tiene un interés económico. Prueba de ello son las miserables condiciones en que las mineras canadienses asentadas en nuestro país tienen a sus trabajadores y pueblos vecinos. Si Trudeau fuera consecuente, empezaría pidiéndoles a las empresas de su país que se portarán mejor.

    Mejores salarios en el hermano menor del TLC significarían menor competitividad a nivel internacional. Pero, por otro lado, los salarios no pueden estar tan castigados que se desplome el mercado interno. La discusión política actual sobre el tema está casi ausente. Se habla de un aumento a 100 pesos diarios, lo que daría un salario mínimo mensual de 3,000 pesos. Esta definición obedece a criterios de macroeconomía, no parte de las necesidades reales de los mexicanos/as. Según el Banco Mundial, el salario mínimo para 2017 debía ser de $4,323.00 por hogar al mes; CEPAL señalaba $9,172.00 y CONEVAL $11,291.00.[3] Si hay ocho millones de mexicanos que ganan un salario mínimo, hacerles caso a estos organismos sería perder buena parte de nuestra ventaja comparativa frente a otras economías. Para usar una frase: ni López Obrador propone algo así. Esto sí sería un motivo de ruptura con la iniciativa privada. En 2016, la Suprema Corte rechazó un amparo que buscaba que los salarios mínimos se fijaran por encima de los costos de la canasta básica. Sin embargo, el Poder Judicial recomendó que la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos debiera tener en cuenta esto. Hace unos días, una mujer respaldada por más de 60 organizaciones presentó una queja ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos para que tuviera en cuenta que el salario mínimo de México viola derechos humanos básicos, al impedir que se pueda acceder a una canasta básica. [4]

    Desmovilizados, sujetos a una legislación laboral paralizante, frustrados por una clase política que no piensa en ellos, los trabajadores asisten a que su salario sea una ficha menor en el juego de la política electoral. 



    [1] http://www.excelsior.com.mx/nacional/2017/12/30/1210747

    [2] http://diario.mx/Estados_Unidos/2018-02-07_daac6799/aboga-trudeau-por-salarios-en-mexico/

    [3] https://www.coneval.org.mx/SalaPrensa/Documents/INGRESO-POBREZA-SALARIOS.pdf

    [4] http://www.reforma.com/aplicaciones/articulo/default.aspx?id=1318933&v=2

    Es un hecho que México tiene una serie de ventajas comparativas respecto a otros países. En primer lugar, su enorme frontera con el país más rico (todavía) y consumista de la historia. En segundo lugar, los bajos salarios, que lo hacen competitivo con potencias que usan trabajo casi esclavo como India y China. En tercer lugar, la corrupción. Con dinero se puede hacer todo, desde construir edificios de 10 pisos teniendo permiso para sólo siete hasta violar las normas sanitarias, laborales y medioambientales. Anotar todo esto no es un acto de cinismo, sino un hecho. Con estas ventajas, qué más da que seamos una de las naciones con más violencia.

    A contrapelo de lo que señalan algunos intelectuales respetables, ni la violencia ni la corrupción están alejando el negocio que significa México. Van dos datos: 1) el país es la treceava economía más atractiva para la inversión.[1] De 2013 al tercer trimestre de 2017 se recibieron más de 156 mil millones de dólares, un 52% más que en el sexenio anterior; en el intercambio comercial entre México y Estados Unidos este último tuvo un déficit de 71,100 millones de dólares con nuestro país un récord para la última década. ¿Nos iría mejor si no hubiera corrupción y bajos salarios? Es discutible.

    Si se toma en cuenta lo anterior, entonces se entiende que el interés de Justin Trudeau, primer ministro de Canadá, en que suban los salarios en México[2] no es una petición generosa, sino que tiene un interés económico. Prueba de ello son las miserables condiciones en que las mineras canadienses asentadas en nuestro país tienen a sus trabajadores y pueblos vecinos. Si Trudeau fuera consecuente, empezaría pidiéndoles a las empresas de su país que se portarán mejor.

    Mejores salarios en el hermano menor del TLC significarían menor competitividad a nivel internacional. Pero, por otro lado, los salarios no pueden estar tan castigados que se desplome el mercado interno. La discusión política actual sobre el tema está casi ausente. Se habla de un aumento a 100 pesos diarios, lo que daría un salario mínimo mensual de 3,000 pesos. Esta definición obedece a criterios de macroeconomía, no parte de las necesidades reales de los mexicanos/as. Según el Banco Mundial, el salario mínimo para 2017 debía ser de $4,323.00 por hogar al mes; CEPAL señalaba $9,172.00 y CONEVAL $11,291.00.[3] Si hay ocho millones de mexicanos que ganan un salario mínimo, hacerles caso a estos organismos sería perder buena parte de nuestra ventaja comparativa frente a otras economías. Para usar una frase: ni López Obrador propone algo así. Esto sí sería un motivo de ruptura con la iniciativa privada. En 2016, la Suprema Corte rechazó un amparo que buscaba que los salarios mínimos se fijaran por encima de los costos de la canasta básica. Sin embargo, el Poder Judicial recomendó que la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos debiera tener en cuenta esto. Hace unos días, una mujer respaldada por más de 60 organizaciones presentó una queja ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos para que tuviera en cuenta que el salario mínimo de México viola derechos humanos básicos, al impedir que se pueda acceder a una canasta básica. [4]

    Desmovilizados, sujetos a una legislación laboral paralizante, frustrados por una clase política que no piensa en ellos, los trabajadores asisten a que su salario sea una ficha menor en el juego de la política electoral. 



    [1] http://www.excelsior.com.mx/nacional/2017/12/30/1210747

    [2] http://diario.mx/Estados_Unidos/2018-02-07_daac6799/aboga-trudeau-por-salarios-en-mexico/

    [3] https://www.coneval.org.mx/SalaPrensa/Documents/INGRESO-POBREZA-SALARIOS.pdf

    [4] http://www.reforma.com/aplicaciones/articulo/default.aspx?id=1318933&v=2

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  • 08-02-2018LA (IN)SEGURIDAD COMO ARMA POLÍTICA

    Derechas populistas y derechas religiosas (ya no hay izquierdas) se acusan de la inseguridad y juntos culpan a la derecha tecnocrática en el poder. Felipe Calderón salió de la Presidencia con un número decreciente de homicidios violentos; Enrique Peña dejará su cargo con un número ascendente de ese tipo de crímenes. Hay cosas muy graves en este tema: el crimen organizado se ha extendido a la trata, el tráfico de especies, armas y extorsión. El gobierno ha insistido desde hace años que si bien los crímenes son altos, se concentran en unas cuantas plazas: Tamaulipas, Guerrero, Veracruz, entre otros.

    Un reciente estudio ("Índice de Violencia Municipal 2017") del Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal, que preside José Antonio Ortega, pinta un panorama muy diferente: no sólo no ha disminuido el crimen en los municipios violentos, sino que otros que no figuraban en la lista se han sumado a esa estadística roja. Tecomán y Manzanillo en Colima fueron los municipios más violentos en 2017, ninguno de los dos figuraba en el mapa como lugares de sangre. La lista completa de los 20 municipios más violentos incluye entidades normalmente fuera de la atención policíaca y mediática, como Zacatecas. Si el estudio está bien hecho significa que la lucha de los cárteles y bandas ha fracasado en la tarea de contener.

    Mientras, en la Ciudad de México, hace un par de días aparecieron unas mantas colgadas de puentes del Periférico, en ellas el Cártel Jalisco Nueva Generación amenaza a la banda del H y de paso a todas las autoridades que intenten detenerlo. Algunos especialistas, como Alejandro Hope, dudan de que en efecto dichas mantas hayan sido colocadas por el susodicho grupo criminal, pero no niegan que ese y otros cárteles operan en la capital. En la prensa se da a conocer que la PGR le informó a Miguel Ángel Mancera que dicho cártel ya se encontraba en la capital. El jefe de Gobierno responde con su cantaleta de siempre: no hay crimen organizado, tan sólo bandas narcomenudistas, sobre todo en Tláhuac.

    Más allá de si la organización de Ortega tiene razón o el jefe Mancera es el último en enterarse, la inseguridad se ha convertido en un arma política y electoral. López Obrador y Sheimbaum, cada uno en su ámbito, la utilizan, sea contra el gobierno federal o contra el de la CDMX. El tabasqueño promete erradicar la violencia en unos meses por medio del diálogo y del perdón legal. ¿Inocencia o estupidez? No hay problema, si llegan al poder y fracasan en su promesa culparán a la mafia del poder de estar coludida con las otras mafias. Anaya Cortés, por su parte, acusa al PRI, pero olvida que su partido no podido con el asunto; ahí están Chihuahua, Tamaulipas y Veracruz, todas con gobierno panistas, para probarlo.

    Meade Kuribreña se suma al coro de las obviedades y las recetas simplonas y declara, en Nuevo León, que la estrategia se quedó corta, sin aclarar si se refiere al estado o al país. Llama a no esperar a las elecciones para hacer algo, pero no dice que el gobierno del que salió ha fracasado en el combate al crimen organizado; decir que se quedó corta es uno de los eufemismos que lo tiene en el tercer lugar.

     

    Derechas populistas y derechas religiosas (ya no hay izquierdas) se acusan de la inseguridad y juntos culpan a la derecha tecnocrática en el poder. Felipe Calderón salió de la Presidencia con un número decreciente de homicidios violentos; Enrique Peña dejará su cargo con un número ascendente de ese tipo de crímenes. Hay cosas muy graves en este tema: el crimen organizado se ha extendido a la trata, el tráfico de especies, armas y extorsión. El gobierno ha insistido desde hace años que si bien los crímenes son altos, se concentran en unas cuantas plazas: Tamaulipas, Guerrero, Veracruz, entre otros.

    Un reciente estudio ("Índice de Violencia Municipal 2017") del Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal, que preside José Antonio Ortega, pinta un panorama muy diferente: no sólo no ha disminuido el crimen en los municipios violentos, sino que otros que no figuraban en la lista se han sumado a esa estadística roja. Tecomán y Manzanillo en Colima fueron los municipios más violentos en 2017, ninguno de los dos figuraba en el mapa como lugares de sangre. La lista completa de los 20 municipios más violentos incluye entidades normalmente fuera de la atención policíaca y mediática, como Zacatecas. Si el estudio está bien hecho significa que la lucha de los cárteles y bandas ha fracasado en la tarea de contener.

    Mientras, en la Ciudad de México, hace un par de días aparecieron unas mantas colgadas de puentes del Periférico, en ellas el Cártel Jalisco Nueva Generación amenaza a la banda del H y de paso a todas las autoridades que intenten detenerlo. Algunos especialistas, como Alejandro Hope, dudan de que en efecto dichas mantas hayan sido colocadas por el susodicho grupo criminal, pero no niegan que ese y otros cárteles operan en la capital. En la prensa se da a conocer que la PGR le informó a Miguel Ángel Mancera que dicho cártel ya se encontraba en la capital. El jefe de Gobierno responde con su cantaleta de siempre: no hay crimen organizado, tan sólo bandas narcomenudistas, sobre todo en Tláhuac.

    Más allá de si la organización de Ortega tiene razón o el jefe Mancera es el último en enterarse, la inseguridad se ha convertido en un arma política y electoral. López Obrador y Sheimbaum, cada uno en su ámbito, la utilizan, sea contra el gobierno federal o contra el de la CDMX. El tabasqueño promete erradicar la violencia en unos meses por medio del diálogo y del perdón legal. ¿Inocencia o estupidez? No hay problema, si llegan al poder y fracasan en su promesa culparán a la mafia del poder de estar coludida con las otras mafias. Anaya Cortés, por su parte, acusa al PRI, pero olvida que su partido no podido con el asunto; ahí están Chihuahua, Tamaulipas y Veracruz, todas con gobierno panistas, para probarlo.

    Meade Kuribreña se suma al coro de las obviedades y las recetas simplonas y declara, en Nuevo León, que la estrategia se quedó corta, sin aclarar si se refiere al estado o al país. Llama a no esperar a las elecciones para hacer algo, pero no dice que el gobierno del que salió ha fracasado en el combate al crimen organizado; decir que se quedó corta es uno de los eufemismos que lo tiene en el tercer lugar.

     

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  • 07-02-2018LA RELACIÓN SADOMASOQUISTA DE LA PRENSA Y LA POLÍTICA

    En general, a los políticos no les gusta la omnipresente prensa y a esta no le gustan los políticos. Pero la prensa necesita de los políticos. Cualquier lectura de cuáles han sido los acontecimientos más relevantes de los últimos 12 meses involucra de manera preminente a la clase política. Escándalos, declaraciones, confrontaciones, todo eso lo dan los que se dedican al quehacer público. En muchas ocasiones, los medios se conforman con tomar una situación y enfocarla de la manera más llamativa posible. No es extraño que una cabeza de nota vaya en un sentido, pero el contenido modera el estruendo del título. A su vez, los políticos necesitan de la prensa. Una prensa como la mexicana que vive mucho de las filtraciones de los propios políticos y poco del periodismo de investigación. Se puede decir que el maridaje prensa-política es extraño y a veces sadomasoquista.

    Todo esto no es ni bueno ni malo, simplemente es así. Con todos sus defectos, es mejor que exista una prensa crítica con intereses, a una prensa sujeta al poder político. Perfectible como es esta situación, hay que cuidar lo que se ha conseguido. La mayor amenaza es sin duda el crimen organizado, que ha amordazado a la prensa o la ha comprado a fuerza de billetes, sobre todo en los estados con mayor presencia de delincuentes.  Pero no es el único peligro de esta magra libertad de expresión, hay otros dos riesgos, uno que se cita frecuentemente y otro menos evidente y poco comentado. Esta última amenaza es la del dinero. En efecto, los monopolios o las grandes empresas de medios han ido aglutinando todos los medios pequeños. En Estados Unidos este fenómeno es evidente, pero en nuestro país no es menos preocupante. Es imposible que, de una forma u otra, la prensa no sea influida o determinada por los interese de los grupos económicos que de hecho son sus dueños. Sobre todo si estos patrones guardan inclinaciones políticas, como en efecto las tienen.

    Los políticos, sobre todo los de cierta clase, también son una amenaza en diferente grado a la libertad de prensa. Lo que no se vale es igualarlos y decir que todos son iguales. Por ejemplo, no hay político más criticado que el presidente Peña Nieto. A diario, en diferentes medios y tonos, se le señala o ridiculiza. Sus reacciones públicas ante esto han sido escasas y débiles, nada que se pueda afirmar que es una amenaza abierta a la libertad de prensa. Por supuesto, se afirma que detrás de la salida de Carmen Aristegui de MVS estuvo su mano. Hay bases para creer esto, pero también hay otros elementos que hacen dudar. También se dice que el gobierno estuvo detrás de la salida de Leonardo Curzio de Radio Mil. Este periodista no es un crítico duro, al contrario, tiende a ser mesurado. El propio Curzio nunca ha culpado a la administración peñista de su salida. Si así fue, debió decirlo. Hasta donde se sabe, ni Peña Nieto ni su candidato se han quejado de complots en su contra.

    La teoría del complot es más bien un argumento opositor, pero no solamente se encamina contra el gobierno, sino también contra el periodista o analista que acusa.

    Cuando Ricardo Anaya Cortés afirma que lo publicado en Proceso es guerra sucia priista, esto también va contra el semanario, al que indirectamente acusa de hacerle el juego al PRI. Aun suponiendo que el texto sea guerra sucia no significa que de facto sea falso. Preocupa la poca tolerancia del panista ante una prensa crítica, sea de buena calidad o no.

    Pero sin duda, el campeón de los complots  es Andrés Manuel López Obrador. Descalifica a quien lo cuestiona y de paso a los medios. Recientemente se lanzó contra Enrique Krauze y Jesús Silva Herzog y el Reforma, al que dijo practica un periodismo fifí. El argumento en estos casos es preocupante y va más allá del complot: dice que son parte o trabajan para la mafia del poder. Cabe preguntarse: si a los que lo apoyan los perdona, a quiénes no lo apoyan y lo critican, ¿qué les sucederá? Ahora, basta con criticarlo en algún medio para que las redes sociales o los comentarios en online se llenen de mensajes que no son políticos sino agresivos, estúpidos y persecutorios. De llegar a la Presidencia, ¿qué harán las hordas de apoyadores?

    En general, a los políticos no les gusta la omnipresente prensa y a esta no le gustan los políticos. Pero la prensa necesita de los políticos. Cualquier lectura de cuáles han sido los acontecimientos más relevantes de los últimos 12 meses involucra de manera preminente a la clase política. Escándalos, declaraciones, confrontaciones, todo eso lo dan los que se dedican al quehacer público. En muchas ocasiones, los medios se conforman con tomar una situación y enfocarla de la manera más llamativa posible. No es extraño que una cabeza de nota vaya en un sentido, pero el contenido modera el estruendo del título. A su vez, los políticos necesitan de la prensa. Una prensa como la mexicana que vive mucho de las filtraciones de los propios políticos y poco del periodismo de investigación. Se puede decir que el maridaje prensa-política es extraño y a veces sadomasoquista.

    Todo esto no es ni bueno ni malo, simplemente es así. Con todos sus defectos, es mejor que exista una prensa crítica con intereses, a una prensa sujeta al poder político. Perfectible como es esta situación, hay que cuidar lo que se ha conseguido. La mayor amenaza es sin duda el crimen organizado, que ha amordazado a la prensa o la ha comprado a fuerza de billetes, sobre todo en los estados con mayor presencia de delincuentes.  Pero no es el único peligro de esta magra libertad de expresión, hay otros dos riesgos, uno que se cita frecuentemente y otro menos evidente y poco comentado. Esta última amenaza es la del dinero. En efecto, los monopolios o las grandes empresas de medios han ido aglutinando todos los medios pequeños. En Estados Unidos este fenómeno es evidente, pero en nuestro país no es menos preocupante. Es imposible que, de una forma u otra, la prensa no sea influida o determinada por los interese de los grupos económicos que de hecho son sus dueños. Sobre todo si estos patrones guardan inclinaciones políticas, como en efecto las tienen.

    Los políticos, sobre todo los de cierta clase, también son una amenaza en diferente grado a la libertad de prensa. Lo que no se vale es igualarlos y decir que todos son iguales. Por ejemplo, no hay político más criticado que el presidente Peña Nieto. A diario, en diferentes medios y tonos, se le señala o ridiculiza. Sus reacciones públicas ante esto han sido escasas y débiles, nada que se pueda afirmar que es una amenaza abierta a la libertad de prensa. Por supuesto, se afirma que detrás de la salida de Carmen Aristegui de MVS estuvo su mano. Hay bases para creer esto, pero también hay otros elementos que hacen dudar. También se dice que el gobierno estuvo detrás de la salida de Leonardo Curzio de Radio Mil. Este periodista no es un crítico duro, al contrario, tiende a ser mesurado. El propio Curzio nunca ha culpado a la administración peñista de su salida. Si así fue, debió decirlo. Hasta donde se sabe, ni Peña Nieto ni su candidato se han quejado de complots en su contra.

    La teoría del complot es más bien un argumento opositor, pero no solamente se encamina contra el gobierno, sino también contra el periodista o analista que acusa.

    Cuando Ricardo Anaya Cortés afirma que lo publicado en Proceso es guerra sucia priista, esto también va contra el semanario, al que indirectamente acusa de hacerle el juego al PRI. Aun suponiendo que el texto sea guerra sucia no significa que de facto sea falso. Preocupa la poca tolerancia del panista ante una prensa crítica, sea de buena calidad o no.

    Pero sin duda, el campeón de los complots  es Andrés Manuel López Obrador. Descalifica a quien lo cuestiona y de paso a los medios. Recientemente se lanzó contra Enrique Krauze y Jesús Silva Herzog y el Reforma, al que dijo practica un periodismo fifí. El argumento en estos casos es preocupante y va más allá del complot: dice que son parte o trabajan para la mafia del poder. Cabe preguntarse: si a los que lo apoyan los perdona, a quiénes no lo apoyan y lo critican, ¿qué les sucederá? Ahora, basta con criticarlo en algún medio para que las redes sociales o los comentarios en online se llenen de mensajes que no son políticos sino agresivos, estúpidos y persecutorios. De llegar a la Presidencia, ¿qué harán las hordas de apoyadores?

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  • 06-02-2018¿POR QUÉ DEMONIOS ALGUIEN QUERRÍA QUE UN CIUDADANO GOBERNARA ESTE PAÍS?

    La respuesta es fácil: porque se ha construido la idea absurda de que por definición los ciudadanos/as son buenos/as y se merecen todo y que los políticos son unos pillos y se merecen la cárcel. Lo peor no es que esta idea esté extendida, sino que los propios políticos y sus publicistas parecen haberla asumido como cierta, o al menos como conveniente.

    Si se miran con atención los videos, spots y promocionales de los tres candidatos (Anaya, López y Meade) parece que están en una suerte de pelea por demostrar quién es el más ciudadano o el menos político, aunque bien mirado, también podría ser que estuvieran disputando un puesto de guía de turistas tipo conozca México: hoy amanecí en Mazatlán, estoy en la Sierra Negra, ahora estoy con el pueblo Raramuri, me encuentro en Tabasco, hoy fui invitado a soltar tortuguitas, etc.

    Los ciudadanos no usan saco y corbata y entonces vemos al ciudadano López Obrador en mangas de camisa y con un pantalón informal; al ciudadano Anaya Cortés también en mangas de camisa y con pantalón informal; al ciudadano Meade Kuribreña casi en igual atuendo, pero como es más friolento se pone unos chalecos (sin comentarios). Y como los ciudadanos/as hacen cosas de ciudadanos/as, vemos al ciudadano Andrés Manuel cortándose el cabello tranquilamente y asegurando que el espacio de la peluquería le da entrada a la nostalgia y rememora sus días juveniles. Por su parte, el ciudadano Ricardo, con guitarra en mano, se echa un palomazo “espontáneo” con Yuawi, el prodigioso niño del na-na-na. El ciudadano José Antonio se sube con su amigo, el ciudadano Mikel, para comprobar lo difícil que es el tráfico de Constituyentes. Por cierto, reciben la respuesta de la ciudadana Xóchitl Gálvez que les recomienda usar bicicleta. Ajá, esa es la solución: convertir la CDMX en una ciudad asiática donde los coches circulan en un mar de bicis y motos.

    Por si fuera poco claro el mensaje, AMLO habla de los políticos de siempre (él no lo es, a pesar de su militancia priista, perredista, su edad y al hecho de que nadie sabe cómo ha vivido de 2006 a la fecha). RAC de plano se asume ciudadano al hablar “de los políticos” (de nuevo, él no lo es, es más bien un empresario al que le ha ido bien, bastante bien). JAMK dice que ha trabajado con políticos de todos los partidos; su frase hace suponer que, sin embargo, él no lo es, como si el carácter de político se diera sólo si militas en un partido. Por cierto, nadie duda de que, por ejemplo, Cuauhtémoc Cárdenas sea un político, a pesar de que no milita en ningún partido.

    El problema con esto es que todo el mundo sabe que hay debajo de esa piel de oveja ciudadana. ¿Alguien puede suponer sinceridad en un hombre que está mejor en Atlanta que en la sierra de Chihuahua? Al menos, AMLO ha logrado perfeccionar su disfraz a través de un breve periodo de 20 años (aprende lento). Por su parte, parece que Meade se ha negado a salirse de su papel, tal vez se sentiría mejor detrás de un escritorio.

    Nadie sabe cómo se van a presentar los candidatos independientes Ríos Piter, Zavala Gómez del Campo,  Rodríguez Calderón o el profesor del Estado de México que, quien sabe cómo, ha reunido las firmas necesarias, Será que tampoco ellos se asumirán como políticos y que blandiendo la coartada (casi perfecta) de que no tiene partido dirán que son ciudadanos/as.

    Tal vez es hora de que nos deshagamos de tanto ciudadano/a inocente y pongamos un anuncio en el periódico que diga algo así: se busca un político capaz, que no juega a ser ciudadano/a y que sepa empezar a deshacer este lío que es México, que no absuelva a los ciudadanos/as por serlo, sino que les exija, y que no desprecie a los otros políticos por serlo y que también les exija.

    ¿Costará mucho?