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  • 22-06-2018LA MATAZÓN DE POLÍTICOS

     

    Por desgracia, el asesinato de políticos no es algo nuevo en México. Sin embargo, nunca se había enfrentado una situación como la actual en la que, de acuerdo con Etellekt, consultora especializada en riesgos, desde el inicio del proceso electoral (8 de septiembre) y hasta este 21 de junio, se han registrado un total de 401 agresiones globales en contra de políticos y candidatos, de las cuales 122 han derivado en asesinatos. Un 66% de las víctimas (80) eran opositores frente a los partidos gobernantes de cada estado donde ocurrieron los crímenes. Las entidades con el mayor número de asesinatos son: Guerrero con 27, Oaxaca con 19, Puebla con 13, Veracruz con ocho, el Estado de México con siete, y Michoacán con cinco. La muerte ha alcanzado a todos los partidos y hasta a candidatos independientes: 39 del PRI, 19 del PRD, 13 del PAN, 9 del MORENA, 6 del MC, 6 del PT, 6 independientes, 4 del PVEM y 3 del PES, el resto, de otros partidos.

     

    La prensa se ha convertido en una especie de libro de contabilidad que lleva un registro siniestro, pero que poco ahonda en lo que significa. Por otro lado, los partidos políticos han sido en general insensibles ante estas muertes. Los lamentan, amenazan, se quejan y terminan por poner como sustitutos a familiares o aliados cercanos a las personas fallecidas. No más. Este asunto, que debería ser uno de los ejes de los discursos de los candidatos presidenciales no merece más que menciones aisladas y en tono de lamento y no le dan un tratamiento de hechos políticos. Un minuto de silencio acá, una mención allá y hasta ahí.

     

    El mismo gobierno, a través del inefable secretario de Gobernación, Alfonso Navarrete Prida, dijo que gran parte de estos crímenes están asociados con la delincuencia organizada, sin embargo, descartó que haya “focos rojos”. 122 asesinados y no hay focos rojos. Extraordinario. Las muertes las atribuyó a disputas de la delincuencia organizada y precisó que no se había registrado hasta el momento ni una sola muerte por “causas ideológicas”. Qué tranquilidad.

     

    A la indiferencia suicida de las organizaciones políticas sigue la indiferencia social. Es más importante saber si la selección mexicana de fútbol pasará a la siguiente ronda que empezar a diseñar una estrategia para frenar y castigar estos hechos de sangre. La muerte de un candidato debía ser razón para que todos los candidatos presidenciales y del estado en donde fueron las muertes se hicieran presentes en el poblado o ciudad afectados y convocar a las organizaciones y ciudadanos a una protesta en contra de una policía inútil y gobiernos que voltean hacia otro lado. Pero no, prefieren usar la muerte de sus candidatos y políticos como un ariete en contra de los adversarios que dar una respuesta política de altura. No lo han hecho con los periodistas y no parecen dispuestos a hacerlo con sus propios cuadros. Así de pequeños y miopes son.

     

    Una explicación de esta intervención de lleno del crimen organizado la ha dado Rubén Salazar, director de Etellekt, quien asegura que estas muertes se deben al interés del crimen organizado por controlar políticamente las poblaciones a través de los servicios de policía, agua y electricidad. De ser cierta esta conclusión, el país se enfrenta a la toma paulatina del Estado mismo.

     

    Por cierto, ninguno de los candidatos presidenciales tiene idea de cómo contrarrestar esto.

     

     

     

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  • 21-06-2018¿VA GANANDO TRUMP LA BATALLA CONTRA EL MUNDO?

     

    Abordar el comportamiento de Donald Trump, presidente de los Estados Unidos, desde un punto de vista moral y ético no da para mucho. El tipo es condenable desde todos los puntos de vista. Así lo han denunciado demócratas y republicanos al interior de su país, organizaciones internacionales y religiosas y mandatarios de todo el mundo. Algunos se consuelan creyendo que Trump está loco o es un fascista salido de las entrañas de la peor clase de capitalismo (¿hay otro?).

     

    El comportamiento de Trump debe ser analizado desde la lógica del poder y desde este punto de vista hay una lógica aplastante, una lógica que no surgió como un rayo en cielo sereno, como diría el viejo Marx (¿Groucho o Karl?). Sus objetivos de poder están a la vista: quiere darle gusto a sus electores (y lo está haciendo), desea que el Partido Republicano gane las elecciones intermedias del próximo noviembre y también aspira a consolidar su influencia dentro del partido que lo llevó al poder (es un decir). A mediano plazo, trabaja en su reelección. Quien deseche que puede lograrlo seguramente es de aquellos que esperaban que no durara un año en el puesto. Es muy probable que esta vez también se equivoquen.

     

    Trump parece haberle declarado la guerra al mundo; al menos la guerra de tuitazos, declaraciones y acciones radicales, pero el hecho es que sus actos le están resultando. Administra el poder del gobierno de los Estados Unidos con el mismo espíritu que una empresa en el salvaje capitalismo. Incluso cuando lo derrotan políticamente sigue adelante y vuelve a atacar. Varias acciones ponen de relieve sus objetivos. Amenazando al gobierno de Corea del Norte, logró que el dictador Kim Jong-un se sentará a negociar, algo que no habían conseguido ninguno de los presidentes norteamericanos que  le precedieron. Esta negociación logró tranquilizar de alguna manera a Japón y a Corea del Sur, en donde se dice que lanzaran la candidatura de Trump para el premio Nobel de la Paz. El mundo al revés. 

     

    Tres acciones ilustran sus propósitos. La primera, la posible guerra comercial que está desatando lleva un fin: obligar a los países que tiene un gran superávit en sus intercambios comerciales con los Estados Unidos a aceptar condiciones menos ventajosas. Trump tiene un arma poderosa para lograr esto: su país es el principal consumidor mundial. Finalmente, está planteando una guerra de resistencia con países amigos y competidores. Muchos de estos llegarán a la conclusión que es mejor un mal arreglo que un buen pleito con resultados difíciles de prever. En el juego de “vencidas”, el presidente norteamericano es difícil de vencer.

     

    En segundo lugar, la salida de Estados Unidos del Consejo de Derechos Humanos de la ONU se explicó debido a: 1) la integran varios países que son violadores sistemáticos de los derechos humanos, como la República del Congo. Su representante acusó a este organismo de hipócrita porque nunca se ha celebrado una reunión sobre la violación de derechos humanos en Venezuela, por ejemplo; 2) hay un prejuicio crónico contra Israel; y 3) el consejo se resiste a hacer una reforma a su trabajo, una reforma que muchos expertos consideran necesaria. Con esta decisión, Trump le manda un mensaje al mundo (y a la ONU): su país no reconoce la autoridad de ningún organismo internacional. Ya se sabía, pero la reiteración fue bastante cruda y será celebrada por los halcones norteamericanos e israelíes.

     

    El asunto de la separación de los hijos de los migrantes indocumentados le salió mal y tuvo que retroceder, por fortuna. Ahora, generosamente, los menores serán encerrados con sus padres. La acción trumpeana fue brutal, pero no es sino un escalamiento de la dureza que viene creciendo hacia los indocumentados. Ya Bush hijo había tratado de que se acusara penalmente a los que entraban “ilegalmente” a su país. Retrocede Trump, pero no quita el dedo del renglón. Sus acciones tienen el propósito de presionar al Congreso para que acepten un marco legal más fuerte contra la migración “ilegal” y que le den recursos para su muro fronterizo.

     

    Sí, se detuvo por el momento una acción infame, pero el mandatario no retrocederá. Buscará cómo empujar su agenda. Ya se verá en noviembre si estas y otras acciones le reditúan, pero es posible que sí.

     

     

     

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  • 20-06-2018LA ¿ABSURDA? DISPUTA POR EL SEGUNDO LUGAR

     

    Cualquier observador o analista de otro país, al enterarse del proceso electoral podría sacar una conclusión y una pregunta: ganará López Obrador y parece inexplicable (y absurda) la lucha entre Meade Kuribreña y Anaya Cortés por el segundo lugar, ¿para qué diablos quieren el segundo lugar?, ¿no da igual perder en el segundo lugar que en el tercero? La verdad es que muchos nacionales también se preguntan lo mismo, ¿para qué se atacan entre sí y no van por el primer lugar, ahora aparentemente inalcanzable?

     

    La realidad es que no es lo mismo. Ambos perdedores seguramente saben que ya no tienen mucho qué hacer en el caso de la Presidencia de la República, pero también saben que deben empujar para que su pedazo de poder (diputaciones, senadurías, presidencias municipales, gubernaturas) no se reduzca demasiado. Saben también que en las condiciones actuales el tercer lugar podría estar cercano a la desaparición como una opción medianamente viable. No se dice aquí que el tercer lugar desaparecerá del mapa, pero sí que corre el riesgo de reducirse de tal manera que se convierta en un partido intrascendente. El PRI sabe lo que es quedar en el tercer lugar, pero no sabe lo que significaría estar en el tercer lugar en las condiciones que parece se darán después del próximo primero de julio. De quedar en el tercer lugar, el 2018 haría que el 2006 pareciera un paseo por el parque.

     

    El segundo lugar es importante porque significaría que el partido que lo logre se deberá convertir en el gran opositor al régimen de cuasi partido de Estado (los más viejos recuerdan esa vivencia, algunos con nostalgia y otros como una pesadilla). Finalmente, México podría avanzar (para mal) al bipartidismo que caracteriza a muchas naciones.  Básicamente, por esto es relevante la lucha por el segundo lugar.

     

    No hay encuesta que valga, dicen una y otra vez Meade y el presidente Peña Nieto y ponen como ejemplo el duelo futbolístico de México contra Alemania, en donde el equipo europeo, campeón del mundo, era el amplio favorito. El ejemplo, además de ser ligeramente jalado por los pelos, es casi triste, desesperado. En parte tienen razón, las encuestas no son confiables y a pesar de ello han cundido como hongos en la humedad. Sin embargo, la mayoría de ellas no trae buenas noticias para el PAN y sus aliados y mucho menos para el PRI y los suyos. Se sigue señalando, a pesar de todos los esfuerzos (es un decir) de Meade y el tricolor que van en el tercer lugar, muy abajo en las simpatías del votante. Sólo el Bronco está más sepultado, lo que no es de ninguna manera un consuelo.

     

    Más allá de encuestas y pronósticos, inclusive del posible tercer lugar, el futuro se ve sombrío para el partido tricolor, no sólo quedará menguado en espacios políticos y recursos, sino que no tiene ni los liderazgos ni la cohesión ideológica para reconstruirse. Así que, en efecto, la lucha por el segundo lugar es una razón de vida o muerte.

     

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  • 19-06-2018LÓPEZ OBRADOR, EL TRUMP MEXICANO

     

    Seguramente las comparaciones que hacen de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) son detestables para sus seguidores. Lo han comparado con Hugo Chávez, Nicolás Maduro, con los presidentes priistas de antes de 1994 y hasta con Donald Trump. Él mismo se ha encargado de rechazar todas estas comparaciones, pero hay que reconocer que en algunos casos son válidas.

     

    Ahora, el parecido que guarda AMLO con ciertas actitudes del presidente norteamericano parece haber sido un punto de referencia en dos importantes publicaciones de Estados Unidos. Según politicomx, la exembajadora norteamericana Roberta Jacobson señaló que el político mexicano puntero en las encuestas comparte rasgos populistas con Trump. Esto lo habría declarado la diplomática en una entrevista concedida a New Yorker, dentro de un reportaje titulado “Una nueva revolución en México”.  La exrepresentante dijo que López Obrador fue amigable y seguro, pero que evadió sus preguntas y fue muy vago acerca de sus políticas públicas. Concluyó: “honestamente mi sensación más fuerte es que no sabemos qué cosa esperar.”[1] Honestamente, las mexicanas y los mexicanos tampoco lo saben.

     

    Por su parte, el Washington Post fue más lejos[2]. En un editorial titulado “El peligro de un Trump mexicano”, el diario sostiene que el tipo de políticas y planteamientos de AMLO se asemejan mucho a los del actual mandatario norteamericano. Sin embargo, aclara el medio, esto no significa que se llevarán bien. Hay un punto en común entre ambos políticos: desean un Tratado de Libre Comercio con mayores salarios para los trabajadores mexicanos, pero el tabasqueño no cree que el mercado exterior sea tan importante. El editorial tiene afirmaciones como esta: “Si el señor López Obrador gana el voto del 1 de julio, las relaciones bilaterales, ya envenenadas por el señor Trump, probablemente se convertirán todavía más tóxicas”. Curiosamente, el diario califica la agenda de AMLO como “reaccionaria” en el sentido de que sería un retroceso al pasado. Finalmente, concluye: “Si los mexicanos eligen al señor López Obrador, estarán, como los votantes que respaldaron al señor Trump detonando el statu quo, sin un sentido confiable de qué lo va a reemplazar. El resultado probable es más problemas en ambos lados de la frontera”.

     

    Es muy probable que los temores o advertencias del Washington Post y Roberta Jacobson se cumplan en cuanto a la relación entre ambos países. Es más, es muy posible que los temores y advertencias de intelectuales y periodistas acerca de la concentración de poder (Ejecutivo, Legislativo y Judicial) se cumplan tarde o temprano, incluso aquellas advertencias, que ahora parecen extremas,  sobre su reelección, Pero todos estos señalamientos se olvidan de un detalle esencial: AMLO será un presidente sumamente popular. Sin importar que carezca de políticas públicas o que sea incapaz de hilar una idea compleja más allá de tres minutos, sus seguidores aumentarán gracias a sus propuestas (que no políticas). En caso de un roce fuerte con Trump, López Obrador apelará al patrioterismo que existe en amplios sectores. Él sabe cómo hacerlo. Por lo demás, quién dice que las mexicanas y mexicanos están hartos del autoritarismo y los rituales presidencialistas. En realidad, una buena parte de la población está harta de la impunidad de funcionarios y gente influyente. Si el presidente toma todas las decisiones, qué importa si se mejora la percepción de que hace las cosas diferentes. Él sabe cómo hacerlo.

     

     

     

     

     

     

     



    [1] https://politico.mx/minuta-politica/internacional/jacobson-dice-que-amlo-comparte-rasgos-con-trump/

    [2] https://heraldodemexico.com.mx/orbe/the-washington-post-califica-a-lopez-obrador-como-el-trump-mexicano/

     

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  • 18-06-2018LOS “PEQUEÑOS” VICIOS DEL APRENDIZ DE BRUJO

    La lógica de los partidarios de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) es impecable. No importa qué morenista o el mismo Líder (así, con mayúsculas), meta la pata o sea encontrado haciendo algo ilegal, hordas de “defensores” saldrán a afirmar que hay un priista (o panista o perredista) que hizo algo peor o bien el morenista es atacado por su ejemplar lucha contra un sistema amafiado. Si la senadora Sansores gastó miles de pesos del Senado para comprarse chuchulucos personales, la atacan porque le contestó a Peña Nieto (¿alguien se acuerda cuándo?, ¿se acuerdan que le dijo?). De paso, Reforma publica al otro día que el líder sindical Romero Deschamps, también senador, tiene una casa de más de dos millones de dólares que está reconstruyendo a un costo todavía mayor. ¿Qué son los tristes 750 mil pesos de la senadora Sansores contra los lujos del líder sindical? Nada.

    Para complementar, AMLO comenta que cuando gane terminará con el charrismo sindical, refiriéndose desde luego al Senador Romero Deschamps. Pero, dos preguntas: 1) ¿acabará con todo el charrismo sindical o sólo con los charros que no son sus partidarios? 2) Partiendo del hecho de que el charrismo sindical es abominable, ¿cómo se propone acabar López Obrador con el charrismo cuando se supone que no es una esfera del Ejecutivo?

    Lo peor no es este modo de argumentar, sino que en efecto, siempre parece haber un ejemplo peor en las filas de los detractores del tabasqueño. Sin embargo, este modo de argumentar se asemeja mucho al que usaba el viejo PRI en los 50 y 60, o al de los partidarios de Stalin en los años treinta, o al de los seguidores de Maduro: “los enemigos han hecho cosas peores, entonces estamos legitimados para hacer estas cosas”. Hay aquí un problema de ética política (no de Moral, con el perdón del PES), pero también de praxis política. A la larga, disculpar las canalladas y los abusos de las propias filas demerita a todos, pero también los pone en riesgo. ¿Cuántos revolucionarios cubanos o rusos o chinos terminaron en una purga por permitir que los vicios y la corrupción en sus filas se subestimaran o se obviaran?

    Pero hay otro vicio peor: el líder nunca se equivoca y quien se lo señala es un traidor o un enemigo. Por ejemplo, sobre la amnistía y el nuevo aeropuerto internacional de la Ciudad de México (NAICM) AMLO ha dicho cualquier cantidad de cosas, pero para sus seguidores y voceros la cuestión está muy clara, siempre. Ayer mismo dijo que siempre sí hará una consulta para saber si va o no el nuevo aeropuerto. Con esta son al menos tres posiciones distintas sobre el asunto: 1) no habrá NAICM; 2) habrá, pero que lo haga la iniciativa privada; y 3) habrá consulta sobre el asunto. ¿Cuál es la verdadera? Y lo más importante: ¿cómo sería la consulta?, ¿cómo las que hacia cuando era jefe de

    Gobierno o de acuerdo a la normatividad establecida? Los líderes no son infalibles. Hacerlos creer esto es un culto a la personalidad que siempre termina en desastre.

    Los seguidores de AMLO no tienen muchas argumentaciones que prueben su carácter democrático, pero sus detractores sí tienen muchos elementos para mostrar su carácter autoritario.

    En efecto, el PRI, el PAN y el PRD se merecen su ocaso, pero MORENA no es mejor.

     

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  • 15-06-2018PAISAJE DESPUÉS DE LA BATALLA

     

    En realidad es intrascendente saber si el inicio del Mundial de Fútbol terminará de facto con las campañas políticas. Como quiera que sea, con menos de 15 días de campaña, no parece posible cambiar la inercia que le otorga el triunfo a Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y la posibilidad de controlar el Congreso de la Unión. Lo que hará el nuevo presidente es todavía un enigma. Si se le pregunta a alguno de sus colaboradores o seguidores dará una respuesta, si se le pregunta a otro dará otra. Sólo él sabe lo que hará (Tal vez tampoco lo sabe). En cualquier caso, se hará lo que decida, le pese a quien le pese. Ya se verá si pasa el fenómeno Trump y en menos de un año varios de sus ahora cercanos son “renunciados”.

     

    Pero cabe preguntarse qué pasará con los adversarios de AMLO. Se ha dicho en estas páginas que el triunfo del tabasqueño hará entrar a las organizaciones partidarias en una crisis. Se puede constatar que la oposición a MORENA está prácticamente arrasada con sólo ver su desorganización y confusión. Después de diciembre, el asunto será peor. Lo más trágico (¿o patético?) será contemplar cómo los distintos liderazgos (es un decir) partidarios se pelean los pedazos de sus partidos. Sin proyectos ni propuestas políticas reales, sólo las estructuras y los menguados recursos económicos.

     

    Vale la pena hablar de personajes específicos para después que el humo de la batalla final se disipe, es decir, luego del próximo 1 de julio. ¿Qué pasará con el presidente Enrique Peña Nieto? Si ahora tiene un poder disminuido (un “lame duck”), después de esa fecha languidecerá. Entonces, ¿por qué está tan tranquilo ahora? A menos que sea cierta la patraña del acuerdo con López Obrador, hay que suponer que cree en las palabras del tabasqueño de que no lo perseguirá. Si es esto último, es una mala apuesta… y peligrosa. En el momento que algo le salga mal al nuevo presidente, un grupo de sus corifeos le dirá que el mexiquense puede ser la víctima propiciatoria, el sacrificio para apaciguar la furia del volcán. Pero ese no es el único problema del todavía mandatario; qué harán los propios priistas que, desde ya, lo culpan de su derrota. Lo dejarán solo, pero ¿será eso lo único que harán?

     

    Otra pregunta: ¿qué pasará con el grupo de apoyo de Meade Kuribreña, es decir con Videgaray, Nuño, Ruiz Esparza, Guajardo, entre otros? Tal vez el que menos problemas tiene es el propio candidato priista, que podría simplemente convertirse en un funcionario de algún banco internacional. Salvo este caso, los demás no están protegidos, ni siquiera de sus propios correligionarios.

     

    En el caso de Ricardo Anaya, ahora indiciado según Meade, tal vez cabría que reflexionara sobre el hecho de que al presidente Peña Nieto todavía le quedan cinco meses en la Presidencia y por lo tanto en el control de la PGR. ¿Supone que lo perdonará luego de que lo ha amenazado con cárcel? ¿Cree que sus correligionarios, que ya lo han abandonado, lo rescatarán?

     

    Otras más: ¿qué harán los Chuchos que llevan años apostando contra AMLO?, ¿qué hará Alejandra Barrales? La lista es larga y tal vez deberían empezar a consultar el manual: ¿qué hacer en caso de un desastre político?

     

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  • 14-06-2018AMLO Y EL CONGRESO DE LA UNIÓN

     

    La gran pregunta no es si  Andrés Manuel López Obrador (AMLO) ganará la Presidencia de la República sino si logrará hacerse de la mayoría en el Congreso de la Unión. Muchos analistas y periodistas se preguntan esto. Desde 1997 en la Cámara de Diputados y desde el 2000 en la Cámara de Senadores ninguna fuerza ha ostentado la mayoría. Los análisis superficiales atribuyen a esta división la inefectividad del Congreso. Se equivocan. En las leyes y reformas fundamentales hubo amplios acuerdos para lograr aprobarlas. El esquema ayudó a que la clase política negociará y cada fuerza tuviera algo que ceder y algo que ganar, como se supone que existe en democracia. Si se tuviera que evaluar  estos 21 años se diría que hubo más resultados positivos que negativos.

     

    Ahora, el panorama es otro. Hay la posibilidad de que quien consiga la Presidencia de la República también se haga de la mayoría en el Congreso de la Unión. Algunas casas encuestadoras, como “Massive Caller” indican que MORENA tiene fuertes posibilidades de lograrlo. No obstante, una reciente encuesta de COPARMEX y la Fundación Este País, hecha a más de 25 mil hogares de los cuales contestaron poco más de 13, 300, proporciona otra visión. A pesar de la alta tasa de rechazos (41.7%) se trata del ejercicio más amplio hecho hasta el momento. En los resultados presidenciales no hay sorpresas, AMLO aparece en el primer lugar con el 41% de intenciones de voto, pero en cuanto al Congreso de la Unión los resultados arrojan que MORENA no obtendría la mayoría en ninguna de las dos Cámaras. En Diputaciones, la encuesta otorga al partido de López Obrador un mínimo de 203 y un máximo de 248; en el Senado, un mínimo de 60 senadores y un máximo de 64.

     

    Con estos resultados u otros parecidos, muchos analistas se tranquilizan pensando tal vez que estos resultados obligarán a AMLO a negociar con otras fuerzas. Creen que estas instituciones “moderarán” al tabasqueño. Esto mismo piensan algunos de sus partidarios, como Elena Poniatowska, quien en una reciente entrevista en El País aseguró que una vez en el poder “contemporizará”. Seguramente desconociendo el significado literal de contemporizar (acomodarse al gusto o dictamen ajeno: DRAL), tal vez quiso decir “negociará” o se “moderará”. Se equivocan de cabo a rabo.

     

    De acuerdo a su trayectoria política, AMLO nunca se ha atemperado, moderado, negociado y mucho menos ha “contemporizado”. No lo hizo cuando tomó los pozos e instalaciones petroleras de Tabasco; tampoco cuando se empeñó en ser el candidato para la Jefatura de Gobierno; menos cuando fue el titular de la Jefatura del DF. Ni siquiera cuando intentó, una y otra vez, ser presidente de la República. ¿Por qué lo habría de hacerlo ahora? Si en los últimos meses diputados y senadores perredistas se han sumado a MORENA, por qué no suponer que en menos de un año López Obrador conseguirá la mayoría en el Congreso. El proyecto de AMLO es él mismo y no cejará hasta que tenga el control del Poder Legislativo.

     

    La siguiente pregunta es: ¿qué seguiría? Respuesta: el Poder Judicial.

     

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  • 13-06-2018DESPUÉS DEL TERCER DEBATE

     

    Acerca del tercer debate hay que decir que hay una noticia mala y una buena. La buena: el formato y los conductores sí obligaron a los candidatos a elaborar más. La mala: realmente ninguno de los cuatro tiene ideas claras de cómo resolver los grandes problemas de México. Otra noticia peor: nadie ganó y los números de las encuestas difícilmente se moverán. Como se esperaba, Ricardo Anaya Cortés (RAC)  sí llegó a acusar la existencia de un pacto entre López Obrador y Peña Nieto y a calificarse a sí mismo como la única opción de cambio, pero no parece haber mellado al tabasqueño. Por su parte, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) estuvo confiado a pesar de todas sus pifias. José Antonio Meade Kuribreña (JAMK) lució bien, pero sin grandes discursos. Jaime Rodríguez Calderón (JRC) fue sin duda, el peor de los candidatos.

     

    Lo primero que hay que decir es que el formato, combinado con tres periodistas inteligentes, logró cuestionar a los candidatos sobre varios temas vitales, uno de los cuáles fue: de dónde saldrán recursos para atender la serie de promesas y ofrecimientos que han hecho a los largo de su campaña. En este punto, hay que decir que el mejor librado fue JAMK, en gran parte porque varias de sus propuestas son relativamente modestas, pero en otras al parecer subestima el tamaño del reto (guarderías y escuelas de tiempo completo). El Bronco recurre a su consabida fórmula de reducir los impuestos y recortar personal inútil del gobierno como una forma de contar con los recursos suficientes. RAC simplemente no pudo contestar cómo conseguiría recursos para echar a andar la pensión universal que ha propuesto. Vamos, ni siquiera intento contestar. AMLO recurrió a su consabida fórmula mágica: recortes de gastos suntuarios más ahorros por evitar la corrupción le daría 800 mil millones de pesos (MMP) y con eso pagaría todo, sin subir impuestos. Por más que se le cuestionó que con 700 u 800 MMP no le alcanzaba insistió en que esa era la solución.

     

    En síntesis, los candidatos no saben de dónde saldrán los recursos para cumplir sus promesas y esto quedó demostrado en este tercer debate. Ninguno desea subir impuestos y JRC propone reducirlos. Simplemente, no hay modo. En el tema educativo todos se mostraron a favor de los maestros y sólo Meade salió en defensa de una reforma educativa que AMLO ya declaró muerta. Habrá evaluación, dijo, pero sin consecuencias. Los candidatos no sólo no contestaron cabalmente las preguntas, sino que en algunos casos parecieron no entenderlas. Por ejemplo, en el tema medioambiental López Obrador contestó sin aparentemente entender lo que se le preguntaba.

     

    Todos apuestan al asistencialismo en mayor o menor grado y a la nula o casi nula responsabilidad de las y los ciudadanas/os. Tienen una visión de un Estado paternalista, asistencial, incapaz de cobrar más impuestos. El que demostró tener un mayor grado de conocimientos fue Meade. Sin embargo, cabe preguntarse: ¿el que vio u oyó el debate tiene los suficientes conocimientos para darse cuenta o simplemente cada quien vio y oyó lo que quiso?

     

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  • 12-06-2018ANTES DEL TERCER DEBATE

     

    Seguramente la estrategia de cada uno de los candidatos ya está decidida y es difícil que haya sorpresas. Si el primer debate hizo crecer un poco a Anaya, el segundo no le redituó nada. La campaña que ha hecho tampoco parece haberlo favorecido. Así que es de suponerse que llegará a tratar de ganar el tercer debate y quitar puntos a López Obrador. Es muy posible que el candidato del Frente trate de proseguir la línea discursiva de Jorge Castañeda: el supuesto pacto Andrés Manuel-Peña Nieto y la decisión de llevar a la cárcel a este último. Con esto, tratará de ganarse a los indecisos que desconfían del Peje y detestan al PRI.

     

    Andrés Manuel López Obrador (AMLO) luce tranquilo y tiene una buena razón. Con menos de 20 días para los comicios todas las encuestas le dan una ventaja que oscila entre el 5 y 20 puntos. Es altamente posible que, ante su incapacidad casi patológica para explicar coherentemente alguna cosa, se dedique a burlarse de sus oponentes, especialmente de Ricardo Anaya, al que le esperan nuevas bromas y apodos.

     

    Por su parte, hasta ahora no sabemos si José Antonio Meade Kuribreña es un buen candidato o fue la marca de la casa lo que lo hundió. Lo que sí se puede decir del candidato ciudadano-tricolor es que ha resultado ser un buen soldado del presidente Peña Nieto pues lo ha defendido en cada decisión que ha tomado y en cada ataque que ha recibido. La lealtad a un sexenio percibido como negativo no gana elecciones.

     

    En los últimos días se ha exacerbado una tendencia que se dado a lo largo de la campaña: la lucha por el (inútil) segundo lugar. Algunas encuestas dan a Meade el segundo lugar, pero la mayoría lo sigue considerando en tercero. Esta pugna entre Meade y Anaya le ha permitido a AMLO recibir relativamente pocos ataques e incluso darse el lujo, él que ha sido el desestabilizador principal, de llamar a la concordia a sus dos oponentes. Y luego dicen que la política no tiene  sentido del humor.

     

    El tercer debate será en Mérida y tendrá tres bloques temáticos: crecimiento económico, pobreza y desigualdad; educación, ciencia y tecnología; y, por último, salud, desarrollo sustentable y cambio climático. De nueva cuenta, el que parece más apto para desarrollar esto es Meade Kuribreña, pero eso no significa que lo sabrá aprovechar políticamente hablando. Para estos temas se han seleccionado un número de preguntas recibidas a través de las redes sociales. El formato debería ser el ideal para que, por fin, los candidatos expliquen sus propuestas, pero el modo en que se abordó el segundo debate demostró que se explica poco y se ataca mucho. Esta vez no será la excepción. Los que esperan un debate académico lleno de cifras y propuestas reveladoras tendrán que seguir sentados porque esto no se dará. Los debates políticos no están diseñados para esto. Los ejemplos de las elecciones de Estados Unidos y Francia muestran que tampoco fueron debates de altura.

     

    En el caso de Jaime Rodríguez es la última llamada para declinar a favor de alguien. ¿Sera a favor del Peje?

     

     

     

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  • 11-06-2018DE EXCUSAS Y PACTOS

     

    La excusa que inventara Jorge Castañeda para justificar el fracaso de la campaña de Ricardo Anaya sonó primero como humorada, pero después fue retomada por el propio candidato del Frente y, sorprendentemente, prendió. O al menos eso parece pues del lado de MORENA, con el propio López Obrador incluido, han rechazado la idea de un “pacto” entre el tabasqueño y el presidente para que el primero, aparentemente imbatible, le garantice impunidad al segundo. Más aún, han contestado con otra humorada asegurando que lo que sucede es que Ricardo Anaya “ha traicionado” a Peña Nieto. Si esto fuera un programa cómico estas ocurrencias serían de pastelazo en la cara.

     

    No se puede tomar en serio ninguna de las dos acusaciones pues en realidad carecen no sólo de sentido común, sino de anclaje en la realidad. Sin embargo, con esto el presidente Peña Nieto y el PRI aparecen como los apestados: quien esté más cerca de ellos corre el riesgo de perder, o al menos así espera Anaya y su grupo remontar la ventaja que parece llevarle su par moreno. No es un mal invento el del supuesto pacto, pero es únicamente eso.

     

    Hay dos razones para sostener esto: primero, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) nunca ha hecho un pacto secreto con sus enemigos, ni siquiera cuando le convenía. Esta es una de sus características más representativas. ¿Para qué haría pactos López con la ventaja que lleva? La otra razón es más triste para el presidente: Peña Nieto no tiene con qué negociar su impunidad. No controla el INE e incluso los consejeros que simpatizan con el Tricolor no pueden (y de seguro tampoco quieren) influir en los resultados. Por otro lado, el PRI carece ya de la capacidad para movilizar cientos de miles de mapaches el día de la elección. Los propios priistas parecen haber desahuciado a quien es su jefe natural. El rey ha muerto. La idea de que Peña Nieto pudiera usar a las Fuerzas Armadas no tiene sustento, el general Cienfuegos no simpatiza ni con el PRI ni con la clase política. No se meterá en el asunto. La Marina tampoco. Sólo se hacen pactos cuando ambas partes tienen algo que aportar. En las condiciones actuales, lo que más le conviene al mandatario mexiquense es no hacer olas y portarse bien porque no tiene con qué negociar.

     

    Por su parte, Ricardo Anaya nunca ha simpatizado con la causa priista ni con el presidente de la República. Desde el principio le leyó la cartilla y lo ha amenazado con cárcel desde el principio de la precampaña. Anaya pudo haber traicionado a otros, pero a Peña Nieto no, siempre ha sido su adversario.

     

    Sin embargo, la idea del pacto de impunidad en favor del mexiquense puede cuajar en la idea de un sector del electorado que quiere que se castigue a Peña por reales o supuestas tropelías. Esto es el Coliseo romano y la amable concurrencia reclama sangre. Por esto, en MORENA están buscando como quitarse la marca que les puso Castañeda. Mala cosa para el presidente, pues esto podría obligar a AMLO a jurar que perseguirá también al mandatario.

     

    En todo caso, el supuesto pacto no ha sido más que la promesa del candidato López de que no desea comenzar su mandato con venganzas, pero esta es una oferta unilateral, no un pacto, una oferta que como otras (el aeropuerto, los impuestos, etc.) no está obligado a seguir. AMLO nunca cancelaría sus opciones haciendo pactos con perdedores. Así de simple.

     

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  • 08-06-2018LAS CRISIS DERIVADAS DEL TRIUNFO DE LÓPEZ OBRADOR (5 y último)

     

    Como ya se indicó ayer, ninguna de las crisis mencionadas hasta ahora las inició López Obrador, pero su triunfo logrará cambiar una serie de esquemas y relaciones que habían disimulado el tamaño de los problemas. Se define una crisis como la incapacidad de una estructura o una relación para adaptarse a los cambios. En este sentido, partidos, instituciones, medios de comunicación, relación poder económico-poder político, entre otras cosas, se han vuelto incapaces de dar respuestas adecuadas a las exigencias sociales, políticas, económicas y de seguridad, pero se han podido sostener por un entramado en donde los recursos, en su mayoría provenientes del Estado, y las relaciones juegan un papel fundamental. Al final del día, los integrantes de la clase política y empresarial no representan lo mismo, pero es innegable que tienen una amplia base de intereses comunes. Las partes se han vuelto inoperantes, pero el entramado del que se hablaba las sostiene. El problema ni siquiera es la corrupción pública y privada, este es un resultado, sino la incapacidad de las instituciones para garantizar crecimiento, distribución de la riqueza, salarios mejor retribuidos, mayor seguridad pública y un largo etcétera.

     

    En este sentido, se quiera o no, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) representa un cambio. Pero no todo cambio garantiza avanzar en la solución de los problemas. La mayoría de los votos que se le den podrían ser votos con la esperanza de un cambio en la dirección correcta, es decir, que resuelva los problemas que son más graves. Sin embargo, ninguna de las propuestas del candidato morenista parece de fondo. Van unos ejemplos: sobre la desigualdad socioeconómica ha dicho que no subirá los impuestos (un mecanismo que podría genera recursos de los más ricos para destinarlos a obras y creación de empleos), que subirá el salario mínimo (que de todos modos seguirá siendo mínimo) y que dará recursos a estudiantes y jóvenes que no estudian ni trabajan, ambas medidas correctas, pero si no hay un plan (y no parece haberlo) no se está hablando de una inversión, sino de más asistencialismo. En el asunto del combate a la corrupción no hay ninguna propuesta seria sobre la mesa y en el de seguridad más allá del amor y paz y la inasible amnistía no parece haber medidas concretas. Se dirá que ninguno de los otros candidatos tiene ideas viables y es cierto. Meade y Anaya proponen, en última instancia, caminar por el mismo sendero. La realidad es que la clase política, la alta burocracia y los empresarios se han servido con la cuchara grande, mientras las grandes masas poblacionales salen adelante con mucho esfuerzo. Ese abuso es el que parece que se cobrará el 1° de julio.

     

    López Obrador no propone un cambio de régimen ni de sistema (al menos aún no), sino un cambio en la forma de gobernar  y en el papel del Estado. Quiere un gobierno que controle totalmente el presidente de la República y un Estado mucho más presente en la economía, en la sociedad y hasta en la alcoba.

     

    Por otro lado, los partidos, medios de comunicación y gran empresa parecen dispuestos a (tratar de) acomodarse a las nuevas (viejas) condiciones.  ¿Lo lograrán?

     

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  • 07-06-2018LAS CRISIS DERIVADAS DEL TRIUNFO DE LÓPEZ OBRADOR (4)

     

    Los pasados tres días se han mencionado algunas de las crisis que se harán evidentes con el posible triunfo de López Obrador. En realidad, ninguna de las crisis mencionadas hasta ahora las inició el tabasqueño, todas ellas existían de forma previa, pero se harán evidentes luego del 1 de julio. Esta vez, toca el turno a la crisis de los medios de comunicación, tanto impresos como electrónicos.

     

    Los periódicos tradicionales impresos parecen ser una antigüedad costosa a varios niveles: afectan al medio ambiente y requieren de una planta de empleados. Lo peor es que son lentos en comparación con otros vehículos informativos y la mayoría opera con números rojos. Cada día, más y más lectores están abandonándolos como forma de enterarse de lo que pasa en el mundo, sobre todo los lectores más jóvenes que prefieren usar la internet. Los informativos por televisión y radio también son obsoletos; esperarse a una hora determinada para escuchar a un lector o una lectora de noticias es absurdo, salvo en ciertos casos que cada vez son menos. Los comentaristas y analistas en vivo pueden estar más socorridos en algunas coyunturas, como por ejemplo la actual, pero a medida que está siendo claro que ya hay un triunfador los análisis tienden a repetirse y, por lo tanto, a dejar de ser interesantes, salvo para un pequeño número de personas insuficiente para mantener el costo (otra vez el dinero) de esos programas.

     

    Lo cierto es que los diarios y noticieros son cada vez menos vehículos informativos eficaces y son cada vez más medios de presión para la clase política. Con mucho, viven de los escándalos o de las notas incisivas. Esta relación parece que tendrá que cambiar con un gobierno que hasta ahora parece inmune a la presión de los medios. En efecto, en el mano a mano que se ha dado entre AMLO y los diarios y noticieros, estos llevan la peor parte hasta ahora. Esto se puede explicar por la credibilidad que han perdido las otrora poderosas cadenas de televisión y radio y la prensa escrita. Pero un gobierno como el del ahora candidato de MORENA tendrá, además, dos armas poderosas: dispondrá de la llave de los recursos y podría estar tentado a cambiar el régimen de concesiones por uno más de acuerdo “al interés nacional”.

     

    Buena parte de las personas más jóvenes, pero no sólo ellos, se informan (es un decir) por las redes sociales. Por desgracia, estas se encuentran dominadas por la información parcial, falsa o tergiversada. Por si fuera poco, la cantidad de resentidos o críticos facilones que se amparan en el anonimato son una legión. Hoy por hoy, ningún político tiene mayor presencia y penetración en redes sociales que López Obrador. Basta ser un crítico del tabasqueño a través de cualquier medio para que de inmediato una serie de respuestas en redes sociales saturen de descalificaciones, humillen e insulten a los atrevidos. Será que los tiempos en que Jacobo Zabludowsky empezaba invariablemente su noticiero señalando las actividades y palabras del “señor presidente de la República, licenciado…” están por volver.

     

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  • 06-06-2018LAS CRISIS DERIVADAS DEL TRIUNFO DE LÓPEZ OBRADOR (3)

     

    Siguiendo con el ciclo de las crisis que vendrán luego del triunfo casi seguro de López Obrador, toca el turno a la crisis de una relación. En los dos días pasados se abordó la crisis de los partidos y de las instituciones electorales, pero también las relaciones entrarán en crisis, al menos una de ellas: la del gran capital mexicano con el poder político. Probablemente desde 1982, el gran poder económico dejó de tener encontronazos con el poder político, fuera priista o panista. Las industrias privadas mexicanas más importantes llegaron a establecer una relación especial y firme. Se podría decir que han tenido derecho de picaporte con personajes del Poder Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Este acceso ha labrado muchos negocios oscuros y muchas injusticias. La principal y más evidente es la creciente desigualdad socioeconómica.

     

    Hay muchas fuentes que documentan esto. OXFAM México presentó un estudio denominado “Desigualdad Extrema en México. Concentración del Poder Económico y Político”, en él señala que el país “está inmerso en un ciclo vicioso de desigualdad, falta de crecimiento económico y pobreza…” Hay varios señalamientos graves en el informe: México es uno de los dos países de la OCDE con mayores niveles de desigualdad. Un dato es revelador: el 1% de la población posee el 43% de toda la riqueza en México.

     

    Por supuesto, estas son estadísticas, pero detrás de estos números están las familias con un gran poder económico. Pero hay más, muchas de estas familias están fusionadas con el poder político. No es extraño que capitanes de empresa aparezcan luego como diputados, senadores u ocupando puestos relevantes en la vida pública. No sólo eso, en los últimos años han canalizado recursos a organizaciones civiles que se encargan de vigilar la actuación de los gobiernos y evidenciar los posibles casos de corrupción y abuso. Esto ha colocado a los gobiernos, sobre todo los del PRI, en la posición de ser “más receptivos” a los deseos de esta gran iniciativa privada.

     

    Bien, pues esta relación “especial” con el poder político de parte de los representantes del poder económico ha llegado a su fin. AMLO desdeña los señalamientos de estas “organizaciones civiles”, a las que considera “fifí”, y ataca de frente a varios de los representantes de esta gran iniciativa privada a los que acusa de ser parte de la “mafia en el poder”, beneficiarios del influyentismo, entre otras cosas. Lo peor para estos grupos de notables es que sus señalamientos contra el candidato de MORENA no tienen efecto. Esto es, sin duda, un cambio en el juego que influencias, presiones y amenazas que han venido jugando. Hoy, el nombre del juego es otro. Un juego que desconocen.

     

    Por esta razón, a pesar de haber recibido tantos insultos, estos altos empresarios parecen haber abandonado del todo a Meade y a Anaya. Por ejemplo, la reunión destacada en la prensa con el Consejo Mexicano de Hombres de Negocios fue la del tabasqueño. La vieja relación de picaporte está muerta. Ahora, cuando AMLO hable, ellos tendrán que escuchar o atenerse a las consecuencias. El cambio no sería del todo malo si no augurara un estilo autoritario. A veces los regalos vienen envenenados.

     

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  • 05-06-2018LAS CRISIS DERIVADAS DEL TRIUNFO DE LÓPEZ OBRADOR (2)

    El día de ayer se mencionó la crisis por la que atraviesa el PRI y que se agravará  si triunfa López Obrador. La segunda crisis institucional que provocará, a la postre, el triunfo del tabasqueño será la del conjunto de los partidos. Cada partido, se decía ayer, tiene su propio proceso de crisis, pero todos comparten la falta de identificación de la ciudadanía, es decir, no son representativos, pero luego del próximo 1 de diciembre, es altamente probable que la Presidencia mande al Congreso de la Unión una iniciativa para reducir el presupuesto de los partidos y las instituciones electorales (INE y Tribunal Electoral-TEPJF).

    Supongamos que dicha reducción sea del 50%, los resultados serían desastrosos para estas organizaciones adictas al dinero. Esta sería una buena manera de disminuir el poder de los partidos sin entrar en conflicto con ellos y sin que AMLO fuera acusado de antidemocrático, después de todo las y los ciudadanas/os aplaudirían la medida, ¿o alguien supone que saldrían miles (¿cientos?, ¿decenas?) a defender el presupuesto de los partidos?

    Por supuesto, se podría pensar que los partidos en el Congreso de la Unión no estarían deseosos de disminuirse aprobando una iniciativa como esta, pero hay varias cosas a considerar que lo hacen viable: 1) es probable que MORENA y sus aliados consigan la mayoría simple en el Senado y la Cámara de Diputados, lo que les daría fuerza para presionar a la aprobación de tal propuesta; 2) incluso en la perspectiva de que no consigan la mayoría, sino la primera minoría, las posibilidades de cooptación de priistas y perredistas, principalmente, es alta. Si ahora que AMLO no ha ganado la Presidencia todos los días se le suman políticos de otros partidos, con la fuerza de la primera magistratura su fuerza gravitatoria sería casi irresistible; pero hay un elemento político más fuerte: López Obrador es un magnífico propagan dista de sus ideas, sería capaz de salir a los medios a decir, una y otra vez, que los políticos de la mafia quieren seguir esquilmando al presupuesto. ¿Podrían resistir mucho tiempo los partidos debilitados por los resultados electorales y con fugas de militantes una campaña sí? Es difícil creerlo, sobre todo con medios de comunicación acostumbrados a criticar los excesos de los políticos y a creer que la mejor política es la más barata.

    En el caso de las instituciones electorales, las reducciones se enfocarían a los bonos, los seguros de gastos médicos, el “exceso” de asesores, los vehículos nuevos y todo aquello que la prensa y AMLO han dado a entender que es “suntuario”. Una reducción del 10 o 15% en estas instituciones las disminuiría hasta el grado de ser más flexibles Con un presidente popular. Si esto no da resultado, una nueva reforma electoral, con otros consejeros, otros estilos, otras responsabilidades podría ser la solución. En pocas palabras, crear un Consejo General a modo. Guste o no, hoy el INE es un órgano plural y autónomo, que ha tenido errores y graves, pero es mejor esto que un INE y un TEPJF temerosos del poder de un presidente popular.

    Mañana se verán otras crisis.

    El día de ayer se mencionó la crisis por la que atraviesa el PRI y que se agravará  si triunfa López Obrador. La segunda crisis institucional que provocará, a la postre, el triunfo del tabasqueño será la del conjunto de los partidos. Cada partido, se decía ayer, tiene su propio proceso de crisis, pero todos comparten la falta de identificación de la ciudadanía, es decir, no son representativos, pero luego del próximo 1 de diciembre, es altamente probable que la Presidencia mande al Congreso de la Unión una iniciativa para reducir el presupuesto de los partidos y las instituciones electorales (INE y Tribunal Electoral-TEPJF).

    Supongamos que dicha reducción sea del 50%, los resultados serían desastrosos para estas organizaciones adictas al dinero. Esta sería una buena manera de disminuir el poder de los partidos sin entrar en conflicto con ellos y sin que AMLO fuera acusado de antidemocrático, después de todo las y los ciudadanas/os aplaudirían la medida, ¿o alguien supone que saldrían miles (¿cientos?, ¿decenas?) a defender el presupuesto de los partidos?

    Por supuesto, se podría pensar que los partidos en el Congreso de la Unión no estarían deseosos de disminuirse aprobando una iniciativa como esta, pero hay varias cosas a considerar que lo hacen viable: 1) es probable que MORENA y sus aliados consigan la mayoría simple en el Senado y la Cámara de Diputados, lo que les daría fuerza para presionar a la aprobación de tal propuesta; 2) incluso en la perspectiva de que no consigan la mayoría, sino la primera minoría, las posibilidades de cooptación de priistas y perredistas, principalmente, es alta. Si ahora que AMLO no ha ganado la Presidencia todos los días se le suman políticos de otros partidos, con la fuerza de la primera magistratura su fuerza gravitatoria sería casi irresistible; pero hay un elemento político más fuerte: López Obrador es un magnífico propagan dista de sus ideas, sería capaz de salir a los medios a decir, una y otra vez, que los políticos de la mafia quieren seguir esquilmando al presupuesto. ¿Podrían resistir mucho tiempo los partidos debilitados por los resultados electorales y con fugas de militantes una campaña sí? Es difícil creerlo, sobre todo con medios de comunicación acostumbrados a criticar los excesos de los políticos y a creer que la mejor política es la más barata.

    En el caso de las instituciones electorales, las reducciones se enfocarían a los bonos, los seguros de gastos médicos, el “exceso” de asesores, los vehículos nuevos y todo aquello que la prensa y AMLO han dado a entender que es “suntuario”. Una reducción del 10 o 15% en estas instituciones las disminuiría hasta el grado de ser más flexibles Con un presidente popular. Si esto no da resultado, una nueva reforma electoral, con otros consejeros, otros estilos, otras responsabilidades podría ser la solución. En pocas palabras, crear un Consejo General a modo. Guste o no, hoy el INE es un órgano plural y autónomo, que ha tenido errores y graves, pero es mejor esto que un INE y un TEPJF temerosos del poder de un presidente popular.

    Mañana se verán otras crisis.

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  • 04-06-2018LAS CRISIS DERIVADAS DEL TRIUNFO DE LÓPEZ OBRADOR (1)

     

    Se ha dicho, con razón, que todo el entramado institucional en México es débil. Algunas instituciones son más fuertes que otras, pero en general carecen del sustento que las haría invulnerables a los vaivenes de las coyunturas: la credibilidad ciudadana. Es decir, una mayoría ciudadana que confiara en las decisiones de las instituciones y, no sólo esto, que estuviera dispuesta a defenderlas por medio de movilizaciones y protestas. Es decir, no una protesta en negativo, para pedir o exigir que algo cambie; sino una protesta en positivo, para pedir que algo permanezca.

     

    Sobre esta idea de la debilidad institucional, valdría la pena hacer un ejercicio especulativo sobre lo que sucederá con las instituciones en caso de que, como todas las encuestas indican, gane la Presidencia de la República Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y se comporte en el poder como todo indica que se comportará.

     

    Para empezar, el triunfo de AMLO hará entrar en crisis al sistema de partidos. Un vistazo a estas organizaciones descubre que cada partido está inmerso en una crisis específica (incluyendo a MORENA), pero todos comparten una crisis común. Esta es la de representatividad. Es un hecho que ciudadanas y ciudadanos votan, pero no sienten que los representen esos partidos ni sus hombres y mujeres que llegan a los puestos de poder. Es cierto que este es un fenómeno mundial, pero algunos sistemas políticos se defienden mejor que otros; el nuestro no.

     

    La primera crisis específica que salta a la vista es la del PRI. Se ha decretado a priori la muerte del otrora partidazo varias veces, pero esta vez, la cosa puede ser más grave. El partido tricolor es un partido hecho para el poder, así nació y nunca cambió en esta parte esencial. En el año 2000 y el 2006 sobrevivió por varias razones: 1) los vastos recursos públicos procedentes del IFE producto de sus triunfos estatales, locales y algunos federales. A pesar de las multas sin precedentes, el partido tenía recursos. 2) Tuvo una serie de liderazgos a varios niveles que lograron unir en lo esencial al partido y darle dirección, a pesar de Roberto Madrazo y compañía. 3) Tuvo la gran mayoría de gobernadores y presidentes municipales quienes alimentaron al PRI por medios políticos y financieros. 4) Existió una estructura territorial vasta y relativamente fuerte. 5) Hay un ingrediente más, de suma importancia: ni Fox ni Calderón persiguieron al PRI o a sus operadores principales, sino que les dieron espacios políticos y en algunos temas colaboraron. El panorama ahora es muy diferente: ya no poseen vastos recursos públicos y el año entrante tendrán todavía menos; los liderazgos priistas más hábiles y experimentados están a punto de jubilarse y no parece haber liderazgos que renueven al viejo partido; ha ido perdiendo gubernaturas, presidencias municipales y otras posiciones, ahora le tocará el turno de perder la primera posición. Más grave aún, varios de los gobernadores priistas no parecen tener interés en salvar a su partido; la estructura territorial está deteriorada o en fuga hacia MORENA, principalmente. Todo esto es la receta para el desastre.

     

    La crisis del PRI no empezó en este 2018, tiene varios años y no es culpa del todo de Enrique Peña Nieto. La crisis del PRI es la debacle de un equipo de mando que se enquistó en el partido y en el gobierno desde 1982 con la llegada de Miguel de la Madrid Hurtado haciendo a un lado a los populistas posrrevolucionarios y su pacto social. Ahí están los nombres: Salinas de Gortari, Pedro Aspe, Jaime Serra Puche, Ernesto Zedillo, Luis Videgaray, Enrique Peña Nieto, etc.

     

    Ahora, como una pesadilla zombi, la corriente populista “muerta” en 1982, camina y avanza incontenible personificada por el próximo primer priista de la República: AMLO. Adiós equipo tecnócrata.  

     

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  • 04-06-2018LAS CRISIS DERIVADAS DEL TRIUNFO DE LÓPEZ OBRADOR (1)

     

    Se ha dicho, con razón, que todo el entramado institucional en México es débil. Algunas instituciones son más fuertes que otras, pero en general carecen del sustento que las haría invulnerables a los vaivenes de las coyunturas: la credibilidad ciudadana. Es decir, una mayoría ciudadana que confiara en las decisiones de las instituciones y, no sólo esto, que estuviera dispuesta a defenderlas por medio de movilizaciones y protestas. Es decir, no una protesta en negativo, para pedir o exigir que algo cambie; sino una protesta en positivo, para pedir que algo permanezca.

     

    Sobre esta idea de la debilidad institucional, valdría la pena hacer un ejercicio especulativo sobre lo que sucederá con las instituciones en caso de que, como todas las encuestas indican, gane la Presidencia de la República Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y se comporte en el poder como todo indica que se comportará.

     

    Para empezar, el triunfo de AMLO hará entrar en crisis al sistema de partidos. Un vistazo a estas organizaciones descubre que cada partido está inmerso en una crisis específica (incluyendo a MORENA), pero todos comparten una crisis común. Esta es la de representatividad. Es un hecho que ciudadanas y ciudadanos votan, pero no sienten que los representen esos partidos ni sus hombres y mujeres que llegan a los puestos de poder. Es cierto que este es un fenómeno mundial, pero algunos sistemas políticos se defienden mejor que otros; el nuestro no.

     

    La primera crisis específica que salta a la vista es la del PRI. Se ha decretado a priori la muerte del otrora partidazo varias veces, pero esta vez, la cosa puede ser más grave. El partido tricolor es un partido hecho para el poder, así nació y nunca cambió en esta parte esencial. En el año 2000 y el 2006 sobrevivió por varias razones: 1) los vastos recursos públicos procedentes del IFE producto de sus triunfos estatales, locales y algunos federales. A pesar de las multas sin precedentes, el partido tenía recursos. 2) Tuvo una serie de liderazgos a varios niveles que lograron unir en lo esencial al partido y darle dirección, a pesar de Roberto Madrazo y compañía. 3) Tuvo la gran mayoría de gobernadores y presidentes municipales quienes alimentaron al PRI por medios políticos y financieros. 4) Existió una estructura territorial vasta y relativamente fuerte. 5) Hay un ingrediente más, de suma importancia: ni Fox ni Calderón persiguieron al PRI o a sus operadores principales, sino que les dieron espacios políticos y en algunos temas colaboraron. El panorama ahora es muy diferente: ya no poseen vastos recursos públicos y el año entrante tendrán todavía menos; los liderazgos priistas más hábiles y experimentados están a punto de jubilarse y no parece haber liderazgos que renueven al viejo partido; ha ido perdiendo gubernaturas, presidencias municipales y otras posiciones, ahora le tocará el turno de perder la primera posición. Más grave aún, varios de los gobernadores priistas no parecen tener interés en salvar a su partido; la estructura territorial está deteriorada o en fuga hacia MORENA, principalmente. Todo esto es la receta para el desastre.

     

    La crisis del PRI no empezó en este 2018, tiene varios años y no es culpa del todo de Enrique Peña Nieto. La crisis del PRI es la debacle de un equipo de mando que se enquistó en el partido y en el gobierno desde 1982 con la llegada de Miguel de la Madrid Hurtado haciendo a un lado a los populistas posrrevolucionarios y su pacto social. Ahí están los nombres: Salinas de Gortari, Pedro Aspe, Jaime Serra Puche, Ernesto Zedillo, Luis Videgaray, Enrique Peña Nieto, etc.

     

    Ahora, como una pesadilla zombi, la corriente populista “muerta” en 1982, camina y avanza incontenible personificada por el próximo primer priista de la República: AMLO. Adiós equipo tecnócrata.  

     

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  • 01-06-2018CRÓNICAS DEL AÑO CERO (XVII): ANTROPOCENO Y OLAS DE CALOR

     

    Cuenta la leyenda que durante una conferencia celebrada en Cuernavaca, Morelos, hace 18 años, el premio Nobel de Química Paul J. Cruzen se impacientó al escuchar que se mencionaba al Holoceno como la época geológica actual y de manera espontánea exclamó que estamos viviendo en el Antropoceno. Desde la década de los 80, el limnólogo Eugene F. Stoermer ya venía usando el término de manera informal, pero fue el peso de Cruzen el que disparó el uso del concepto. Desde luego, no eran los únicos científicos que hablaban de que el impacto de los seres humanos sobre la el planeta merecía que se repensara la clásica clasificación geológica. Otros conceptos utilizados para designar esta época fueron “Homogenoceno” (Michael Samways) y “Antroceno” (Andrew Revkin).

     

    Los opositores al cambio de clasificación argumentan que no hay suficientes evidencias y que la clasificación propuesta tiene más un sentido de declaración política que una idea científica seria. Como quiera que sea, el término se ha extendido y ahora se le usa como un concepto geológico, pero también cultural. Se ha discutido cuándo habría iniciado el Antropoceno. Algunos lo sitúan al comienzo de la Revolución Industrial, mientras que otros proponen que sea al comienzo de la agricultura. Inclusive no falta quien proponga que sean las pruebas atómicas las que inicien el Antropoceno por su impacto en los seres vivos y en el entorno.

     

    Más allá de estas discusiones, muchos ven en el Antropoceno una época que en términos amplios puede definirse como la de la depredación a escala planetaria de los recursos naturales y un impacto negativo, tal vez insuperable,  en el mundo. El Antropoceno es, también, el tiempo del calentamiento global. Este se define como la elevación de la temperatura en el sistema climático de la Tierra y sus efectos. Estos efectos no sólo se plasman en las olas de calor, como las que actualmente se viven en México, sino también en sequías, calentamiento de los mares, tormentas cada vez más violentas y heladas fuera de tiempo y muy intensas. ¿Cómo nos está afectando a los seres humanos y al entorno? Es difícil saberlo. La Organización Mundial de la Salud estima que cada año mueren prematuramente alrededor de siete millones de personas debido a la contaminación. Pero el dato puede estar subestimado puesto que en China se cree que alrededor de 3.3 millones de personas mueren a causa de la contaminación del aire. Es claro que nos enfrentamos a un problema que no ha sido convenientemente medido ni en los efectos hacia los seres humanos ni hacia los demás seres vivos y el entorno.

     

    Un estudio publicado por una universidad australiana en la revista “Scientific Reports”[i] señala que una elevación de 2°C por encima de los niveles preindustriales provocaría que en muchas regiones del planeta los veranos se convirtieran en una larga ola de calor. Por encima de este punto, varias zonas se volverían inhabitables. El estudio concluye que los límites máximos fijados por el Acuerdo de París (1.5-2°C) son en realidad demasiado altos. Desde hace varios años, especies marinas están migrando hacia el norte en busca de aguas más frías. Especies de insectos, como los mosquitos, también avanzan aprovechando el calor y se instalan en sitios en donde causan epidemias y muertes.

     

    En conclusión, no tenemos una evaluación realista de los impactos que la especie humana ha hecho al planeta, pero de no remediarlo, el Antropoceno será la última época registrada por los seres humanos.

     

     



    [i] https://www.nature.com/articles/s41598-017-12520-2

     

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  • 31-05-2018DONALD Y ANDRÉS MANUEL, VIDAS PARALELAS

     

    Si Plutarco fuera un cronista e historiador de nuestra época, probablemente escribiría los paralelismos que hay entre Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y Donald John Trump (DT). Con este espíritu, el “Wall Street Journal” (WSJ) asegura que ambos comparten una serie de rasgos importantes: “son vendedores altamente dotados y nacionalistas económicos con un instinto para transgredir las convenciones políticas". En esto, tiene razón el diario norteamericano. Apunta que uno de los temas en los que ambos concuerdan es que el Tratado de Libre Comercio (TLC) debe tener como uno de sus puntos de partida la elevación del salario en México.

     

    Hasta aquí la nota es anecdótica y es de suponerse que la comparación no gustará a los seguidores de López Obrador, pero al menos lo aquí asentado de la nota del WSJ es cierto. Los problemas comienzan precisamente en esas anotaciones. Es cierto que ambos políticos son nacionalistas económicos, pero eso es lo que hará muy difícil su convivencia y cualquier intento de negociación en caso de que gane AMLO. El nacionalismo económico de Trump lo lleva a tratar de lograr algunos objetivos que ha reiterado: disminuir el déficit comercial con México y Canadá, impedir que salgan empresas norteamericanas del territorio de Estados Unidos, crear empleos ligados a industrias que fueron cerradas por restricciones medioambientales, recuperar empresas norteamericanas instaladas fuera de su territorio.

     

    En contraste, el nacionalismo económico de AMLO lo parece llevar a la restauración del pacto social-económico que sostenía el PRI antes de 1982: Estado como rector y propulsor económico, control férreo de los factores de la producción (trabajadores, empleados, sindicatos, campesinos y empresarios), avanzar hacia la autosuficiencia alimentaria, extracción de mayores niveles de crudo y producción de mayores cantidades de gasolina, construcción de obra pública (carreteras, escuelas, ferrocarriles, etc.), mayores niveles de asistencialismo (estudiantes, tercera edad, jóvenes sin trabajo y sin empleo), etc. Ni en el proyecto de Trump ni el en el de López, el mercado internacional está en los primeros lugares; no lo repudian, pero le dan menos relevancia.

     

    En Estados Unidos, buena parte de su población sueña con el tiempo en que había empleos, mejores condiciones de vida y ese sueño es el que vende Donald Trump. América grande de nuevo. En México, AMLO ofrece un país como el los 50 y 60, con buenos crecimientos económicos, mejor distribución de la riqueza y mayores oportunidades de empleo y educación. En ambos países la gente está harta sobre todo de la desigualdad cada día más marcada. Ante esta situación, las grandes mayorías merecen un mejor trato y una mejor  suerte, pero el problema es que tal vez el método seguido en Estados Unidos es más apariencia que realidad. En efecto, mientras que Trump proclama más oportunidades para todos, los grandes corporativos son los que se han visto más beneficiados con algunas medidas del magnate, por ejemplo, la rebaja en impuestos.

     

    En el caso de México, AMLO hará reformas en el sentido arriba descrito, pero la pregunta es: ¿se podrán sostener en un país inserto en la segunda década del siglo XXI y no en 1960? Difícil.

     

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  • 31-05-2018DONALD Y ANDRÉS MANUEL, VIDAS PARALELAS

     

    Si Plutarco fuera un cronista e historiador de nuestra época, probablemente escribiría los paralelismos que hay entre Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y Donald John Trump (DT). Con este espíritu, el “Wall Street Journal” (WSJ) asegura que ambos comparten una serie de rasgos importantes: “son vendedores altamente dotados y nacionalistas económicos con un instinto para transgredir las convenciones políticas". En esto, tiene razón el diario norteamericano. Apunta que uno de los temas en los que ambos concuerdan es que el Tratado de Libre Comercio (TLC) debe tener como uno de sus puntos de partida la elevación del salario en México.

     

    Hasta aquí la nota es anecdótica y es de suponerse que la comparación no gustará a los seguidores de López Obrador, pero al menos lo aquí asentado de la nota del WSJ es cierto. Los problemas comienzan precisamente en esas anotaciones. Es cierto que ambos políticos son nacionalistas económicos, pero eso es lo que hará muy difícil su convivencia y cualquier intento de negociación en caso de que gane AMLO. El nacionalismo económico de Trump lo lleva a tratar de lograr algunos objetivos que ha reiterado: disminuir el déficit comercial con México y Canadá, impedir que salgan empresas norteamericanas del territorio de Estados Unidos, crear empleos ligados a industrias que fueron cerradas por restricciones medioambientales, recuperar empresas norteamericanas instaladas fuera de su territorio.

     

    En contraste, el nacionalismo económico de AMLO lo parece llevar a la restauración del pacto social-económico que sostenía el PRI antes de 1982: Estado como rector y propulsor económico, control férreo de los factores de la producción (trabajadores, empleados, sindicatos, campesinos y empresarios), avanzar hacia la autosuficiencia alimentaria, extracción de mayores niveles de crudo y producción de mayores cantidades de gasolina, construcción de obra pública (carreteras, escuelas, ferrocarriles, etc.), mayores niveles de asistencialismo (estudiantes, tercera edad, jóvenes sin trabajo y sin empleo), etc. Ni en el proyecto de Trump ni el en el de López, el mercado internacional está en los primeros lugares; no lo repudian, pero le dan menos relevancia.

     

    En Estados Unidos, buena parte de su población sueña con el tiempo en que había empleos, mejores condiciones de vida y ese sueño es el que vende Donald Trump. América grande de nuevo. En México, AMLO ofrece un país como el los 50 y 60, con buenos crecimientos económicos, mejor distribución de la riqueza y mayores oportunidades de empleo y educación. En ambos países la gente está harta sobre todo de la desigualdad cada día más marcada. Ante esta situación, las grandes mayorías merecen un mejor trato y una mejor  suerte, pero el problema es que tal vez el método seguido en Estados Unidos es más apariencia que realidad. En efecto, mientras que Trump proclama más oportunidades para todos, los grandes corporativos son los que se han visto más beneficiados con algunas medidas del magnate, por ejemplo, la rebaja en impuestos.

     

    En el caso de México, AMLO hará reformas en el sentido arriba descrito, pero la pregunta es: ¿se podrán sostener en un país inserto en la segunda década del siglo XXI y no en 1960? Difícil.

     

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  • 30-05-2018LOS PACTOS DE FAUSTO CON EL DIABLO

     

    Mientras algunos integrantes de la iniciativa privada mexicana (COPARMEX y el Consejo Coordinador Empresarial) toman distancia del Gran Solitario del Palacio y acusan su fracaso en el tema de seguridad, otros (Germán Larrea del Grupo México y Jorge Ramón Elizondo del Grupo Vasconia) llaman a “reflexionar” el voto y dice que hay que cuidar el dinero por si gana la opción populista. El hecho es que ahora, como antes, los grandes empresarios están participando en política, lo cual no es una novedad.

     

    En todo caso, lo novedoso es que la iniciativa privada está profundamente dividida con relación a los candidatos, en especial con respecto a López Obrador. Hay empresarios de medios y de otros rubros que ya están alineados con el candidato morenista, otros no lo están, pero ya tomaron distancia del PRI y de Peña Nieto quien, dice bien López, se está quedando solo. Algunos más están apoyando a Anaya o a Meade, casi indistintamente, con tal de que no gane el tabasqueño o al menos que no logre las mayorías en el Congreso y en las gubernaturas.

     

    De nuevo resuena la “demonización” de López Obrador, ya sea exagerando sus dichos (algo no muy difícil) o bien atribuyéndole declaraciones y destinos manifiestos. Esta “demonización” no lleva el fin de educar a la ciudadanía en democracia, lleva el propósito de amedrentar a los ciudadanos. Y ciertamente hay material de sobra para ello. El amedrentamiento está apenas disimulado: prácticamente están asegurando que no harán inversiones si gana AMLO. Están en su derecho, por supuesto, pero ese no es un argumento político.

     

    López Obrador, por su parte, declara que él es todo amor y paz y a pesar de que Larrea es un beneficiario del “influyentismo”, dice, no le guarda ningún rencor y le da garantías al dueño del Grupo México de que su inversión será respetada. Hay tantas cosas negativas en ambos personajes que es difícil saber por dónde empezar. El empresario que ha incrementado su fortuna  de manera increíble, al amparo, según esto, de su cercanía con el poder o el hombre que ya se asume presidente (y juez) y dice que lo perdona, a pesar de saber lo que ha hecho. Pero en tanto que AMLO es todo amor y paz y perdona todo, su esposa, Beatriz Gutiérrez Müller, pide al INE que intervenga sobre el llamado “voto razonado” de los empresarios. Ella no es tanto del amor y paz.

     

    De acuerdo a las encuestas y múltiples opiniones, la campaña del miedo de personajes como Larrea y Elizondo, que seguramente se han cuidado de no incurrir en alguna ilegalidad, aunque han andado en el filo de la navaja, no tendrá ningún éxito. López Obrador ha ido sumando o nulificando a los empresarios e inversionistas mediante muchas garantías de amor y paz. Sin embargo, al final del día, AMLO no es un demócrata, es un conservador autoritario y quien haga pactos con él puede correr la suerte de Fausto, pero sin una Margarita que le llore.

     

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