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  • Editorial

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  • 16-08-2018¿SANGRE O PERDÓN?

    En su artículo del día de ayer en El Financiero, Raymundo Riva Palacio dice que los mexicanos votaron por López Obrador por: “…el cambio, entendido como la lucha contra la corrupción, la impunidad y por un ajuste de cuentas con el presidente Enrique Peña Nieto, con su gobierno, y contra todo aquello que represente al sistema político actual.” Más adelante, comenta que la amnistía “de facto” que le ha dado el político tabasqueño a Peña Nieto se puede convertir en un pesado lastre para el nuevo presidente. Más adelante, el analista remacha: “Sangre es lo que le demandan y por lo cual le dieron el 53 por ciento de la votación, la más alta en la historia del México democrático. Sangre tendrá que darles porque de otra manera, las culpas de los otros las cargará él, y del justiciero popular se convertirá en cómplice. ¿Será posible evitarlo? Frente al reclamo nacional, hacerlo parece imposible.”

    Riva Palacio y otros periodistas y comentaristas esperan o se ilusionan con la idea de que el presidente electo haga justicia, pero más allá de ilusiones o análisis, el artículo citado y otros similares plantean un dilema interesante: ¿debe Andrés Manuel López Obrador (AMLO) mirar hacia atrás y ponerse a perseguir a los representantes más conspicuos de gobiernos anteriores o bien debe mirar hacia adelante y construir su cuarta transformación sin persecuciones, sean justas y legales o no?

    Lo cierto es que no hay una respuesta simple. En otros países que han pasado por cambios trascendentes, por ejemplo, Chile o España, avanzaron y consolidaron procesos sin una persecución a las figuras del pasado. Por supuesto, ni el PRI ni el PAN pueden compararse, por más que se diga, con el franquismo o con la junta militar chilena. Tal vez se comprendió que liarse con el pasado puede representar el inicio de una guerra política de consecuencias imprevisibles. Pero México no es Chile o España. En ambos casos, los nuevos gobiernos no quisieron enfrentarse con maquinarias del viejo régimen que todavía representaban un peligro para las incipientes democracias.

    En México no se pasó de una dictadura a una democracia. Con todos los fallos y vicios que se quieran, había una democracia funcional desde 1994, que se fue perfeccionando pese a las críticas, la más de las veces por intereses que por razones reales. Luego del triunfo morenista del 1° de julio pasado, es claro que el PRI o cualquiera de los otros partidos de oposición no poseen una maquinaria política que pueda hacer frente a los triunfadores. Derivado de esto, no poseen la capacidad de iniciar una guerra contra el nuevo gobierno así este comience una persecución contra Peña Nieto u otro personaje.

    En esto se apoyan muchos analistas, periodistas y políticos para pedir, esperar o suponer que habrá una especie de “ajusticiamiento”. Tal vez se equivocan los que creen que se votó por “sangre”, tal vez se votó por AMLO debido a una larga lista de deseos, aspiraciones y esperanzas también: mejores condiciones económicas, un país con menos violencia y menos corrupción. Si este es el caso, el “perdón sin olvido” que pregona no será un lastre per se.

    Lo más seguro es que AMLO haga honor a su origen priista y “perdone” de inicio a los políticos del pasado, pero no “olvidará” y si necesita salir de un lío o un escándalo podría “recordar” castigarlos. Mientras, ¿para qué usar una carta que le puede ser más útil más adelante?

    En su artículo del día de ayer en El Financiero, Raymundo Riva Palacio dice que los mexicanos votaron por López Obrador por: “…el cambio, entendido como la lucha contra la corrupción, la impunidad y por un ajuste de cuentas con el presidente Enrique Peña Nieto, con su gobierno, y contra todo aquello que represente al sistema político actual.” Más adelante, comenta que la amnistía “de facto” que le ha dado el político tabasqueño a Peña Nieto se puede convertir en un pesado lastre para el nuevo presidente. Más adelante, el analista remacha: “Sangre es lo que le demandan y por lo cual le dieron el 53 por ciento de la votación, la más alta en la historia del México democrático. Sangre tendrá que darles porque de otra manera, las culpas de los otros las cargará él, y del justiciero popular se convertirá en cómplice. ¿Será posible evitarlo? Frente al reclamo nacional, hacerlo parece imposible.”

    Riva Palacio y otros periodistas y comentaristas esperan o se ilusionan con la idea de que el presidente electo haga justicia, pero más allá de ilusiones o análisis, el artículo citado y otros similares plantean un dilema interesante: ¿debe Andrés Manuel López Obrador (AMLO) mirar hacia atrás y ponerse a perseguir a los representantes más conspicuos de gobiernos anteriores o bien debe mirar hacia adelante y construir su cuarta transformación sin persecuciones, sean justas y legales o no?

    Lo cierto es que no hay una respuesta simple. En otros países que han pasado por cambios trascendentes, por ejemplo, Chile o España, avanzaron y consolidaron procesos sin una persecución a las figuras del pasado. Por supuesto, ni el PRI ni el PAN pueden compararse, por más que se diga, con el franquismo o con la junta militar chilena. Tal vez se comprendió que liarse con el pasado puede representar el inicio de una guerra política de consecuencias imprevisibles. Pero México no es Chile o España. En ambos casos, los nuevos gobiernos no quisieron enfrentarse con maquinarias del viejo régimen que todavía representaban un peligro para las incipientes democracias.

    En México no se pasó de una dictadura a una democracia. Con todos los fallos y vicios que se quieran, había una democracia funcional desde 1994, que se fue perfeccionando pese a las críticas, la más de las veces por intereses que por razones reales. Luego del triunfo morenista del 1° de julio pasado, es claro que el PRI o cualquiera de los otros partidos de oposición no poseen una maquinaria política que pueda hacer frente a los triunfadores. Derivado de esto, no poseen la capacidad de iniciar una guerra contra el nuevo gobierno así este comience una persecución contra Peña Nieto u otro personaje.

    En esto se apoyan muchos analistas, periodistas y políticos para pedir, esperar o suponer que habrá una especie de “ajusticiamiento”. Tal vez se equivocan los que creen que se votó por “sangre”, tal vez se votó por AMLO debido a una larga lista de deseos, aspiraciones y esperanzas también: mejores condiciones económicas, un país con menos violencia y menos corrupción. Si este es el caso, el “perdón sin olvido” que pregona no será un lastre per se.

    Lo más seguro es que AMLO haga honor a su origen priista y “perdone” de inicio a los políticos del pasado, pero no “olvidará” y si necesita salir de un lío o un escándalo podría “recordar” castigarlos. Mientras, ¿para qué usar una carta que le puede ser más útil más adelante?

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  • 15-08-2018EL MANDATARIO QUE ES ENEMIGO DE LA LIBERTAD DE PRENSA

    El día de mañana, 16 de agosto, más de 100 diarios de Estados Unidos publicarán editoriales por medio de las cuales criticarán el “asalto” a la prensa del presidente Donald Trump. La convocatoria original fue de The Boston Globe y han respondido diarios de todas partes de la Unión Americana. El “Boston” es un prestigioso diario fundado en 1872, su circulación lo hace ubicarse entre los 10 más vendidos y en sus páginas han escrito 18 premios Pulitzer.

    Desde que comenzó a participar en política, Donald Trump ha hecho de los ataques a la prensa crítica una verdadera cruzada. Como ningún otro presidente norteamericano, la ha descalificado una y otra vez. Su blanco favorito son medios como CNN, The New York Times y The Washington Post. El pasado 5 de agosto, por medio de un twitter, el mandatario señaló que la prensa es el enemigo del pueblo norteamericano, que él representa, por supuesto. Su frase favorita para descalificar a la prensa es “fake news” (noticias falsas). Este reciente ataque fue el que motivó al Globe a lanzar su convocatoria.

    La prensa norteamericana tiene una larga tradición de fuerza. Sus opiniones han hecho que renuncien funcionarios, se descubran escándalos y se conozcan secretos escandalosos, sea referente a guerras o la conducta sexual de los poderosos. Se diría que pocas cosas pueden hacer que la prensa de Estados Unidos dé un paso atrás. Por supuesto, hay de todo en esta prensa: medios escandalosos y muy profesionales, unos de derecha recalcitrante y otros progresistas, en esa especie de izquierda light americana. De hecho, la prensa yanqui es la que merece el calificativo de cuarto poder.  

    Sin embargo, Trump lleva prácticamente dos años de estar golpeando a la prensa liberal, a algunos de sus más conspicuos representantes y programas. ¿Existe el peligro de que esta prensa, que se precia de su independencia frente al poder (al menos algunos de los más grandes medios), pueda estar resintiendo los ataques? Todo hace indicar que al menos se ha vuelto más cauta. La beligerancia de un presidente contra la prensa no se había visto ni siquiera cuando los escándalos de la guerra de Vietnam o Watergate. La diferencia con estos casos es que era el sistema contra la prensa, las más de las veces utilizando medios legales, pero ahora es un pleito personal de Trump en contra de la crítica. Una agresión con burlas e insultos que puede estar acotando la libertad.

    Por esta razón, la convocatoria del Globe es tan relevante. Cabe preguntarse si la prensa mexicana hará frente a un abuso de autoridad o a las descalificaciones como lo hace su par norteamericana. Si en el caso de la Unión Americana la libertad está siendo fuertemente presionada, la libertad de que gozan los medios y periodistas mexicanos tal vez no resistiría una presión similar. En el hipotético caso que un presidente mexicano asegure que hay un complot de los medios contra él o que le quieren imponer un cerco de exageraciones y mentiras, ¿qué sucedería? Si la prensa en los estados está siendo silenciada por el crimen organizado y los poderes locales, ¿cómo podría afrontar un ataque directo de un poder mayoritario?

    ¿O no es tan hipotético?

    El día de mañana, 16 de agosto, más de 100 diarios de Estados Unidos publicarán editoriales por medio de las cuales criticarán el “asalto” a la prensa del presidente Donald Trump. La convocatoria original fue de The Boston Globe y han respondido diarios de todas partes de la Unión Americana. El “Boston” es un prestigioso diario fundado en 1872, su circulación lo hace ubicarse entre los 10 más vendidos y en sus páginas han escrito 18 premios Pulitzer.

    Desde que comenzó a participar en política, Donald Trump ha hecho de los ataques a la prensa crítica una verdadera cruzada. Como ningún otro presidente norteamericano, la ha descalificado una y otra vez. Su blanco favorito son medios como CNN, The New York Times y The Washington Post. El pasado 5 de agosto, por medio de un twitter, el mandatario señaló que la prensa es el enemigo del pueblo norteamericano, que él representa, por supuesto. Su frase favorita para descalificar a la prensa es “fake news” (noticias falsas). Este reciente ataque fue el que motivó al Globe a lanzar su convocatoria.

    La prensa norteamericana tiene una larga tradición de fuerza. Sus opiniones han hecho que renuncien funcionarios, se descubran escándalos y se conozcan secretos escandalosos, sea referente a guerras o la conducta sexual de los poderosos. Se diría que pocas cosas pueden hacer que la prensa de Estados Unidos dé un paso atrás. Por supuesto, hay de todo en esta prensa: medios escandalosos y muy profesionales, unos de derecha recalcitrante y otros progresistas, en esa especie de izquierda light americana. De hecho, la prensa yanqui es la que merece el calificativo de cuarto poder.  

    Sin embargo, Trump lleva prácticamente dos años de estar golpeando a la prensa liberal, a algunos de sus más conspicuos representantes y programas. ¿Existe el peligro de que esta prensa, que se precia de su independencia frente al poder (al menos algunos de los más grandes medios), pueda estar resintiendo los ataques? Todo hace indicar que al menos se ha vuelto más cauta. La beligerancia de un presidente contra la prensa no se había visto ni siquiera cuando los escándalos de la guerra de Vietnam o Watergate. La diferencia con estos casos es que era el sistema contra la prensa, las más de las veces utilizando medios legales, pero ahora es un pleito personal de Trump en contra de la crítica. Una agresión con burlas e insultos que puede estar acotando la libertad.

    Por esta razón, la convocatoria del Globe es tan relevante. Cabe preguntarse si la prensa mexicana hará frente a un abuso de autoridad o a las descalificaciones como lo hace su par norteamericana. Si en el caso de la Unión Americana la libertad está siendo fuertemente presionada, la libertad de que gozan los medios y periodistas mexicanos tal vez no resistiría una presión similar. En el hipotético caso que un presidente mexicano asegure que hay un complot de los medios contra él o que le quieren imponer un cerco de exageraciones y mentiras, ¿qué sucedería? Si la prensa en los estados está siendo silenciada por el crimen organizado y los poderes locales, ¿cómo podría afrontar un ataque directo de un poder mayoritario?

    ¿O no es tan hipotético?

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  • 14-08-2018¿UN PRESIDENTE INTELECTUALMENTE INCAPAZ?

    El domingo pasado, Omarosa Manigault Newman, una consultora política estadounidense, declaró en una entrevista televisiva que la Casa blanca encubre un presunto "declive mental" del presidente Trump, a quien se le “dificultaría procesar información compleja”. La señora Manigault Newman participó en “The Apprentice” y Trump la reclutó el 3 de enero del 2017 como Asistente del Presidente y Directora de Comunicaciones de la Oficina de Enlace Publico. En diciembre pasado se anunció su renuncia. Dos meses después, Manigault criticó a la administración Trump y escribió el libro “Unhinged” (Desquiciado) en donde retrata al presidente norteamericano como un racista, incapaz de controlar sus impulsos. La respuesta del aludido no se hizo esperar: por su medio favorito, twitter, calificó a Omarosa como chiflada y perdedora.

    Es claro que Donald Trump es un hombre agresivo, conservador y poco preparado, pero esto es una cosa distinta a ser incapaz. Por otro lado, no sería la primera vez que la Casa Blanca encubre un secreto así. Franklin D. Roosevelt, John F. Kennedy y Ronald Reagan tuvieron problemas serios de salud, pero se mantuvieron ocultos. Sólo después de muchos años se supieron los detalles. Recientemente, se desconfió de la capacidad de George W. Bush, a quien los más consideraban un hombre tonto.

    En este sentido, se ha considerado que las posiciones simplistas de Trump eran producto de su particular visión de lo que debe ser un gobierno, pero los dichos de Omarosa abren la posibilidad de que sean el resultado de su incapacidad para procesar problemas complejos. De cualquier manera, ni en Estados Unidos ni en México se pide un mínimo de conocimientos o capacidad mental para ser presidente, lo que significa que lo elegido, elegido está.

    Hace algunos años la periodista Carmen Aristegui se preguntaba si un presidente enfermo debía hacerlo claro a la nación. Cuestionaba a Felipe Calderón por su supuesto alcoholismo, pero ni a ella se le ocurrió pedir que no sólo se indagará sobre la salud mental o física de un mandatario, sino sobre su capacidad mental para comprender asuntos complicados y entender posibles soluciones. Se dirá que para eso están los asesores y gabinetes, pero está claro que, al final del día, quien toma las decisiones puede no comprender sus propias limitaciones. Si en una persona con un empleo sencillo la falta de capacidad resulta inofensiva, en el puesto de presidente puede resultar catastrófica.

    Tal vez sea hora de comenzar a legislar sobre la necesidad de transparentar la salud integral de los presidentes y, más allá de esto, su capacidad para lidiar con problemas graves y complejos. En algunas profesiones se pide que los aspirantes aprueben no sólo un examen de conocimientos, sino también que muestren su equilibrio y capacidad para enfrentar problemas, ¿por qué no aplicar esos estándares a los candidatos a la presidencia.

    Finalmente, hay algo más perturbador: un hombre que consigue la presidencia de un país armado con 20 frases y cinco fórmulas evidentemente absurdas es un peligro, pero también dice mucho de sus electores. ¿Acaso los pueblos están al nivel del que eligen?

    Perturbador.

    El domingo pasado, Omarosa Manigault Newman, una consultora política estadounidense, declaró en una entrevista televisiva que la Casa blanca encubre un presunto "declive mental" del presidente Trump, a quien se le “dificultaría procesar información compleja”. La señora Manigault Newman participó en “The Apprentice” y Trump la reclutó el 3 de enero del 2017 como Asistente del Presidente y Directora de Comunicaciones de la Oficina de Enlace Publico. En diciembre pasado se anunció su renuncia. Dos meses después, Manigault criticó a la administración Trump y escribió el libro “Unhinged” (Desquiciado) en donde retrata al presidente norteamericano como un racista, incapaz de controlar sus impulsos. La respuesta del aludido no se hizo esperar: por su medio favorito, twitter, calificó a Omarosa como chiflada y perdedora.

    Es claro que Donald Trump es un hombre agresivo, conservador y poco preparado, pero esto es una cosa distinta a ser incapaz. Por otro lado, no sería la primera vez que la Casa Blanca encubre un secreto así. Franklin D. Roosevelt, John F. Kennedy y Ronald Reagan tuvieron problemas serios de salud, pero se mantuvieron ocultos. Sólo después de muchos años se supieron los detalles. Recientemente, se desconfió de la capacidad de George W. Bush, a quien los más consideraban un hombre tonto.

    En este sentido, se ha considerado que las posiciones simplistas de Trump eran producto de su particular visión de lo que debe ser un gobierno, pero los dichos de Omarosa abren la posibilidad de que sean el resultado de su incapacidad para procesar problemas complejos. De cualquier manera, ni en Estados Unidos ni en México se pide un mínimo de conocimientos o capacidad mental para ser presidente, lo que significa que lo elegido, elegido está.

    Hace algunos años la periodista Carmen Aristegui se preguntaba si un presidente enfermo debía hacerlo claro a la nación. Cuestionaba a Felipe Calderón por su supuesto alcoholismo, pero ni a ella se le ocurrió pedir que no sólo se indagará sobre la salud mental o física de un mandatario, sino sobre su capacidad mental para comprender asuntos complicados y entender posibles soluciones. Se dirá que para eso están los asesores y gabinetes, pero está claro que, al final del día, quien toma las decisiones puede no comprender sus propias limitaciones. Si en una persona con un empleo sencillo la falta de capacidad resulta inofensiva, en el puesto de presidente puede resultar catastrófica.

    Tal vez sea hora de comenzar a legislar sobre la necesidad de transparentar la salud integral de los presidentes y, más allá de esto, su capacidad para lidiar con problemas graves y complejos. En algunas profesiones se pide que los aspirantes aprueben no sólo un examen de conocimientos, sino también que muestren su equilibrio y capacidad para enfrentar problemas, ¿por qué no aplicar esos estándares a los candidatos a la presidencia.

    Finalmente, hay algo más perturbador: un hombre que consigue la presidencia de un país armado con 20 frases y cinco fórmulas evidentemente absurdas es un peligro, pero también dice mucho de sus electores. ¿Acaso los pueblos están al nivel del que eligen?

    Perturbador.

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  • 13-08-2018“LA LÍNEA ES QUE NO HAY LÍNEA”

    Todo en el pasado de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) grita que es un dirigente acostumbrado a dar línea y a no ser controvertido, al menos por sus seguidores. Por esto llama la atención que el día de ayer se dieran un par de declaraciones que parecen no concordar con el modo histórico de hacer política del presidente electo. ¿Son falsas esas declaraciones o el político tabasqueño cambió de la noche a la mañana?

    La primera declaración es del propio López Obrador y dice que no dará “línea” a los poderes autónomos. Como lo dijo en el marco de una reunión con el senador electo Ricardo Monreal, es de suponerse que no se refería a los órganos autónomos, sino a los Poderes Legislativo y Judicial. Esta es una declaración confusa o preocupante. En efecto, causa preocupación que un presidente que todavía no ocupa el puesto tenga que declarar algo que debía ser un valor entendido que no debía ponerse en duda. ¿Habrá sido una falla de su subconsciente? Pero si lo que decía era que no iba a dar línea a su bancada en el Congreso entonces es una rareza en la democracia mexicana. Que un presidente dé línea a los diputados y senadores de su partido no es antidemocrático. En los hechos, un presidente es el jefe natural de su partido y al votar los ciudadanos y ciudadanas por una opción partidaria, al menos esperan que todos su miembros se pongan de acuerdo en proyectos, causas e iniciativas.

    La segunda declaración corrió a cargo de la futura (¿será?) secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, quien aseguró que la línea es que no hay línea. Lo anterior fue dicho con referencia a los sueldos de los ministros y magistrados del Poder Judicial, que son de los más altos de un trabajador al servicio del Estado. Por todo lo que había dicho López Obrador, se entendía que TODOS los trabajadores y servidores públicos del Estado ganarían menos que el presidente que, según él mismo, recibirá 108 mil pesos. Pero ahora se sabe que habrá excepciones, por ejemplo, en el Poder Judicial. La explicación, por llamarla de alguna manera, que dio Sánchez Cordero es “que el artículo 94 constitucional establece, desde la Constitución de 1857, que ´los sueldos de magistrados y jueces están garantizados para no poder ser disminuidos´". Una excusa tan buena como otra cualquiera. Imposible no tomar en cuenta que ella misma fue ministra y que al menos por discreción no debió opinar sobre el tema.

    Más allá de esto, es notable que la declaración de AMLO arriba referida la dio junto a Monreal. En el viejo lenguaje priista podría significar que el presidente electo no se entrometerá en los pleitos internos de la fracción de MORENA en el Senado. Es decir, Monreal podría no estar tan firme como coordinador. En el caso de Sánchez Cordero su opinión sobre los sueldos de los ministros podría no ser bien recibida por otros morenistas que asumirían que les da un trato preferencial a sus excolegas.

    En cualquier caso, esta es otra declaración de AMLO que deberá ser labrada en piedra.

    Todo en el pasado de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) grita que es un dirigente acostumbrado a dar línea y a no ser controvertido, al menos por sus seguidores. Por esto llama la atención que el día de ayer se dieran un par de declaraciones que parecen no concordar con el modo histórico de hacer política del presidente electo. ¿Son falsas esas declaraciones o el político tabasqueño cambió de la noche a la mañana?

    La primera declaración es del propio López Obrador y dice que no dará “línea” a los poderes autónomos. Como lo dijo en el marco de una reunión con el senador electo Ricardo Monreal, es de suponerse que no se refería a los órganos autónomos, sino a los Poderes Legislativo y Judicial. Esta es una declaración confusa o preocupante. En efecto, causa preocupación que un presidente que todavía no ocupa el puesto tenga que declarar algo que debía ser un valor entendido que no debía ponerse en duda. ¿Habrá sido una falla de su subconsciente? Pero si lo que decía era que no iba a dar línea a su bancada en el Congreso entonces es una rareza en la democracia mexicana. Que un presidente dé línea a los diputados y senadores de su partido no es antidemocrático. En los hechos, un presidente es el jefe natural de su partido y al votar los ciudadanos y ciudadanas por una opción partidaria, al menos esperan que todos su miembros se pongan de acuerdo en proyectos, causas e iniciativas.

    La segunda declaración corrió a cargo de la futura (¿será?) secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, quien aseguró que la línea es que no hay línea. Lo anterior fue dicho con referencia a los sueldos de los ministros y magistrados del Poder Judicial, que son de los más altos de un trabajador al servicio del Estado. Por todo lo que había dicho López Obrador, se entendía que TODOS los trabajadores y servidores públicos del Estado ganarían menos que el presidente que, según él mismo, recibirá 108 mil pesos. Pero ahora se sabe que habrá excepciones, por ejemplo, en el Poder Judicial. La explicación, por llamarla de alguna manera, que dio Sánchez Cordero es “que el artículo 94 constitucional establece, desde la Constitución de 1857, que ´los sueldos de magistrados y jueces están garantizados para no poder ser disminuidos´". Una excusa tan buena como otra cualquiera. Imposible no tomar en cuenta que ella misma fue ministra y que al menos por discreción no debió opinar sobre el tema.

    Más allá de esto, es notable que la declaración de AMLO arriba referida la dio junto a Monreal. En el viejo lenguaje priista podría significar que el presidente electo no se entrometerá en los pleitos internos de la fracción de MORENA en el Senado. Es decir, Monreal podría no estar tan firme como coordinador. En el caso de Sánchez Cordero su opinión sobre los sueldos de los ministros podría no ser bien recibida por otros morenistas que asumirían que les da un trato preferencial a sus excolegas.

    En cualquier caso, esta es otra declaración de AMLO que deberá ser labrada en piedra.

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  • 10-08-2018“INDULTAR DELINCUENTES ES MÁS PROVECHOSO QUE CASTIGARLOS”

    El caso de Elba Esther Gordillo (EEG) es paradigmático de la justicia sexenal que se practica en el país. Tienen razón los columnistas que dicen que la Procuraduría General de la República (PGR) no probó las acusaciones de lavado de dinero y delincuencia organizada. Tuvieron razón los columnistas que apostaron a que saldría en libertad. Es igualmente cierto que su encarcelamiento no se debía a un intento de hacer justicia, sino una manera de poner en cintura al sindicato y a una dirigente rebelde. Ahí está el caso de Romero Deschamps, líder de los petroleros, que se plegó al gobierno de Peña en el caso de la reforma energética y fue recompensado. De igual manera, es muy posible que la PGR haya “fabricado” pruebas contra la maestra. Es real, sin duda, que desde el punto de vista legal es inocente de los dos cargos.

    Muchos analistas y columnistas han dicho esto y más, pero pocos han dicho lo que significa su libertad: impunidad. Lo más grave es que, a todas luces, Gordillo usó los recursos del Sindicato para enriquecerse y como los jerarcas de este no interpusieron una denuncia no hay delito que perseguir. Son cómplices del despojo de los dineros de cientos de miles de maestros y maestras.

    Pero hay complicidades de otro tipo. Imposible no creer que su liberación en la agonía (literalmente) de este sexenio no se debe al intento de que la maestra Gordillo, bien posicionada en el ánimo de López Obrador y sus colaboradores, no busque venganza en contra de quienes la llevaron a la cárcel. Ya se verá si esa esperanza es vana o no.

    Por lo demás, se puede decir que en México los políticos ya van a prisión, pero está en duda que permanezcan en ella. En este sentido, si se sustraen cientos o miles de millones de pesos del erario, qué más da pasar unos seis o siete años en la cárcel si al final del camino está la olla de oro. Más allá de lo que Gordillo pagó a sus abogados y a las autoridades (bajo cuerda), en su liberación encontrará intacto su departamento en Polanco y sus casas en San Diego, California; sus cuentas de banco tampoco sufrirán. Buen negocio, salir a hacer política con un nuevo equipo que se parece como una gota de agua al viejo, a ese que la entronizó en el poder del SNTE, con Marcelo Ebrard incluido.

    El asunto de Gordillo y otros (los Duarte, Romero Deschamps, Granier, Vallejo, etc.) está vinculado con el contenido de la amnistía de la que han hablado Alfonso Durazo y Olga Sánchez: no se les daría amnistía a quienes han cometido asesinato, secuestros, violaciones, desaparición de personas, delitos de lesa humanidad, trata, etc. A los otros, que han cometido delitos distintos a los del listado anterior, se les podría perdonar (“pero no olvidar”) porque “indultar delincuentes es más provechoso que castigarlos”, según Alfonso Durazo. Entonces, se podría decir que los Duarte, los Romero Deschamps y, por supuesto, la maestra, están “indultados” de antemano pues no han cometido delitos graves o de sangre. Pero eso sí, como perdonamos, pero no olvidamos, se irán en libertad con miradas feas y odio jarocho, lo que seguramente los hará sentir muy mal mientras pasean por San Diego o Europa.

    El caso de Elba Esther Gordillo (EEG) es paradigmático de la justicia sexenal que se practica en el país. Tienen razón los columnistas que dicen que la Procuraduría General de la República (PGR) no probó las acusaciones de lavado de dinero y delincuencia organizada. Tuvieron razón los columnistas que apostaron a que saldría en libertad. Es igualmente cierto que su encarcelamiento no se debía a un intento de hacer justicia, sino una manera de poner en cintura al sindicato y a una dirigente rebelde. Ahí está el caso de Romero Deschamps, líder de los petroleros, que se plegó al gobierno de Peña en el caso de la reforma energética y fue recompensado. De igual manera, es muy posible que la PGR haya “fabricado” pruebas contra la maestra. Es real, sin duda, que desde el punto de vista legal es inocente de los dos cargos.

    Muchos analistas y columnistas han dicho esto y más, pero pocos han dicho lo que significa su libertad: impunidad. Lo más grave es que, a todas luces, Gordillo usó los recursos del Sindicato para enriquecerse y como los jerarcas de este no interpusieron una denuncia no hay delito que perseguir. Son cómplices del despojo de los dineros de cientos de miles de maestros y maestras.

    Pero hay complicidades de otro tipo. Imposible no creer que su liberación en la agonía (literalmente) de este sexenio no se debe al intento de que la maestra Gordillo, bien posicionada en el ánimo de López Obrador y sus colaboradores, no busque venganza en contra de quienes la llevaron a la cárcel. Ya se verá si esa esperanza es vana o no.

    Por lo demás, se puede decir que en México los políticos ya van a prisión, pero está en duda que permanezcan en ella. En este sentido, si se sustraen cientos o miles de millones de pesos del erario, qué más da pasar unos seis o siete años en la cárcel si al final del camino está la olla de oro. Más allá de lo que Gordillo pagó a sus abogados y a las autoridades (bajo cuerda), en su liberación encontrará intacto su departamento en Polanco y sus casas en San Diego, California; sus cuentas de banco tampoco sufrirán. Buen negocio, salir a hacer política con un nuevo equipo que se parece como una gota de agua al viejo, a ese que la entronizó en el poder del SNTE, con Marcelo Ebrard incluido.

    El asunto de Gordillo y otros (los Duarte, Romero Deschamps, Granier, Vallejo, etc.) está vinculado con el contenido de la amnistía de la que han hablado Alfonso Durazo y Olga Sánchez: no se les daría amnistía a quienes han cometido asesinato, secuestros, violaciones, desaparición de personas, delitos de lesa humanidad, trata, etc. A los otros, que han cometido delitos distintos a los del listado anterior, se les podría perdonar (“pero no olvidar”) porque “indultar delincuentes es más provechoso que castigarlos”, según Alfonso Durazo. Entonces, se podría decir que los Duarte, los Romero Deschamps y, por supuesto, la maestra, están “indultados” de antemano pues no han cometido delitos graves o de sangre. Pero eso sí, como perdonamos, pero no olvidamos, se irán en libertad con miradas feas y odio jarocho, lo que seguramente los hará sentir muy mal mientras pasean por San Diego o Europa.

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  • 09-08-2018“NINGUNA TENTACIÓN ME QUITARÁ LA AUTENTICIDAD” O SEIS MOMENTOS DEL DISCURSO DEL PRESIDENTE ELECTO

    Ahora sí, con el concurso de las instituciones, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) es presidente electo de México. A diferencia de 2006 y 2012, sus opositores no protestaron en las afueras del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. Se dirá que fue por su aplastante victoria o, claro, porque a pesar de sus errores y vicios, los otros partidos demostraron ser más respetuosos con la democracia y las instituciones.

    Primer momento: “Considero que la gente votó por un gobierno honrado y justo. En mi interpretación, la mayoría de los ciudadanos mexicanos están hartos de la prepotencia, el influyentismo, la deshonestidad y la ineficiencia, y desean con toda el alma poner fin a la corrupción y a la impunidad.” Es creíble esto, por supuesto, y con gente como Marcelo Ebrard (Línea Dorada), Rocío Nahle (Eva Cadena), René Bejarano (las ligas), Alfonso Romo (y su ética de negocios, según Proceso y el WSJ), Manuel Bartlett (caída del sistema) se demuestra que el próximo gobierno será honrado y justo. Igual que con el borrón y cuenta nueva y el “no habrá cacería de brujas (ni de corruptos)”.

    Segundo momento: “Considero que otro de los mandatos de la mayoría es el evitar la violencia, atendiendo para ello las causas que la originan y reformular la política de seguridad, hoy centrada casi exclusivamente en el uso de la fuerza, a fin de construir la reconciliación nacional en el bienestar y en la justicia.” Este es, sin duda, uno de los mayores retos que el futuro gobierno tiene por delante. Se supone que de los foros y las consultas se tendrá una estrategia de pacificación para el próximo mes de noviembre. Sin embargo, los expertos, aunque concuerdan con la mayoría de las propuestas que se han presentado, señalan que no serán suficientes. Una cosa es relevante, el Estado no puede renunciar a ejercer la violencia legítima.

    Tercer momento: “…la gente votó para que exista en México un verdadero Estado de Derecho; el pueblo quiere legalidad, no la simulación que en la aplicación de la ley ha persistido desde el Porfiriato.” Este es un todo-en-uno ahistórico: Porfiriato, Revolución, posrevolución, todo es igual para AMLO, un largo interregno para que él llegara. Además de que revela un mesianismo apenas disimulado; es pura demagogia.

    Cuarto momento: “Los mexicanos votaron también para que se ponga fin a las imposiciones y los fraudes electorales.” Desde 1994 nunca se ha demostrado un fraude en gran escala en una elección federal. Pequeños casos que no afectaron los resultados finales. En 2006, pese a todos los discursos y señalamientos, nadie pudo demostrar que hubo un fraude en la elección presidencial. En todo caso, ¿cómo es que ahora él pudo ser presidente electo si la maquinaria es fraudulenta?

    Quinto momento: “En lo que a mi corresponde, en mi carácter de titular del Ejecutivo federal actuaré con rectitud y con respeto a las potestades y la soberanía de los otros poderes legalmente constituidos; ofrezco a ustedes, señoras y señores magistrados, así como al resto del Poder Judicial, a los legisladores y a todos los integrantes de las entidades autónomas del Estado, que no habré de entrometerme de manera alguna en las resoluciones que únicamente a ustedes competen.” ¿Cómo creerle al hombre que ha mandado al diablo a las instituciones en varias ocasiones, que ha descalificado al INE, al INAI y a la SCJN? Bastó que saliera el señalamiento del fideicomiso de MORENA de 197 millones para que AMLO se enardeciera y regresara a ser el mismo de siempre.

    Sexto momento: “El Ejecutivo no será más el poder de los poderes ni buscará someter a los otros. Cada quien actuará en el ámbito de su competencia y la suma de los trabajos respetuosos e independientes fortalecerá a la República y el Estado Democrático de Derecho transitará del ideal a la realidad.” Los hechos y su trayectoria indican lo contrario y con el llamado bono democrático podrá hacer lo que quiera.

    Este es el discurso que hay que guardar en la memoria para los años futuros.

    Ahora sí, con el concurso de las instituciones, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) es presidente electo de México. A diferencia de 2006 y 2012, sus opositores no protestaron en las afueras del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. Se dirá que fue por su aplastante victoria o, claro, porque a pesar de sus errores y vicios, los otros partidos demostraron ser más respetuosos con la democracia y las instituciones.

    Primer momento: “Considero que la gente votó por un gobierno honrado y justo. En mi interpretación, la mayoría de los ciudadanos mexicanos están hartos de la prepotencia, el influyentismo, la deshonestidad y la ineficiencia, y desean con toda el alma poner fin a la corrupción y a la impunidad.” Es creíble esto, por supuesto, y con gente como Marcelo Ebrard (Línea Dorada), Rocío Nahle (Eva Cadena), René Bejarano (las ligas), Alfonso Romo (y su ética de negocios, según Proceso y el WSJ), Manuel Bartlett (caída del sistema) se demuestra que el próximo gobierno será honrado y justo. Igual que con el borrón y cuenta nueva y el “no habrá cacería de brujas (ni de corruptos)”.

    Segundo momento: “Considero que otro de los mandatos de la mayoría es el evitar la violencia, atendiendo para ello las causas que la originan y reformular la política de seguridad, hoy centrada casi exclusivamente en el uso de la fuerza, a fin de construir la reconciliación nacional en el bienestar y en la justicia.” Este es, sin duda, uno de los mayores retos que el futuro gobierno tiene por delante. Se supone que de los foros y las consultas se tendrá una estrategia de pacificación para el próximo mes de noviembre. Sin embargo, los expertos, aunque concuerdan con la mayoría de las propuestas que se han presentado, señalan que no serán suficientes. Una cosa es relevante, el Estado no puede renunciar a ejercer la violencia legítima.

    Tercer momento: “…la gente votó para que exista en México un verdadero Estado de Derecho; el pueblo quiere legalidad, no la simulación que en la aplicación de la ley ha persistido desde el Porfiriato.” Este es un todo-en-uno ahistórico: Porfiriato, Revolución, posrevolución, todo es igual para AMLO, un largo interregno para que él llegara. Además de que revela un mesianismo apenas disimulado; es pura demagogia.

    Cuarto momento: “Los mexicanos votaron también para que se ponga fin a las imposiciones y los fraudes electorales.” Desde 1994 nunca se ha demostrado un fraude en gran escala en una elección federal. Pequeños casos que no afectaron los resultados finales. En 2006, pese a todos los discursos y señalamientos, nadie pudo demostrar que hubo un fraude en la elección presidencial. En todo caso, ¿cómo es que ahora él pudo ser presidente electo si la maquinaria es fraudulenta?

    Quinto momento: “En lo que a mi corresponde, en mi carácter de titular del Ejecutivo federal actuaré con rectitud y con respeto a las potestades y la soberanía de los otros poderes legalmente constituidos; ofrezco a ustedes, señoras y señores magistrados, así como al resto del Poder Judicial, a los legisladores y a todos los integrantes de las entidades autónomas del Estado, que no habré de entrometerme de manera alguna en las resoluciones que únicamente a ustedes competen.” ¿Cómo creerle al hombre que ha mandado al diablo a las instituciones en varias ocasiones, que ha descalificado al INE, al INAI y a la SCJN? Bastó que saliera el señalamiento del fideicomiso de MORENA de 197 millones para que AMLO se enardeciera y regresara a ser el mismo de siempre.

    Sexto momento: “El Ejecutivo no será más el poder de los poderes ni buscará someter a los otros. Cada quien actuará en el ámbito de su competencia y la suma de los trabajos respetuosos e independientes fortalecerá a la República y el Estado Democrático de Derecho transitará del ideal a la realidad.” Los hechos y su trayectoria indican lo contrario y con el llamado bono democrático podrá hacer lo que quiera.

    Este es el discurso que hay que guardar en la memoria para los años futuros.

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  • 08-08-2018EL ESTILO PERSONAL DE GOBERNAR: LA AMBIGÜEDAD

    Existen políticos que son ambiguos por impericia o falta de decisión. Andrés Manuel López Obrador (AMLO) no es de esos; él maneja la ambigüedad como un hábil maestro. En temas como el nuevo aeropuerto, las reformas energética y educativa ha dicho una cosa y luego otra distinta. Por ejemplo, en la reunión con los ingenieros, los exhortó a que estudiaran cuál de las tres opciones que les presentó era la mejor. ¿Sería una sorpresa que los ingenieros, entre los que se encontraba Carlos Slim, le dijeran que lo mejor es concesionar el nuevo aeropuerto a la iniciativa privada (Slim y compañía)? Seguramente no y con esto tendría una coartada perfecta para decir: ellos así lo propusieron. ¿Significa esto que AMLO no hará una encuesta para preguntar sobre el nuevo aeropuerto? Podría ser, pero no es seguro porque la ambigüedad es su lenguaje favorito.

    Es cierto que todos o casi todos los políticos adecuan su discurso a sus audiencias, pero en el caso de López Obrador este manejo llega a niveles de maestría. De todo esto y más dio muestras en el arranque de los foros “Por la paz y la reconciliación nacional” que vieron la luz en Ciudad Juárez, Chihuahua, con la presencia obsequiosa del gobernador Javier Corral, quien, como Toño Esquinca, paso de crítico a respetuoso fan.

    Hay que decir que, si la forma es fondo, no se entiende que AMLO haya sido presentado como presidente electo, cuando hasta hoy es que le darán ese carácter. Se dirá que fueron menos de 24 horas, pero es muy significativo: lo que vale es su deseo, no las instituciones. La inauguración tuvo el tufillo de todos los foros: muchas palabras que se han escuchado antes, pero que hay dudas de que se pueda llegar a algo. Como quiera que sea, algunos de los asistentes rompieron el protocolo y lanzaron sus consignas y exigencias, mismas que se pueden resumir en vivos y vivas se los y las llevaron, vivos y vivas los y las queremos. También el reclamo de justicia para las víctimas.

    En varios momentos, los representantes del casi presidente electo recalcaron que la amnistía sólo era para quienes no habían cometido más que delitos no graves y que de ninguna manera se podría traducir en un pacto con el crimen. También se dijo que las medidas aisladas no eran suficientes por más importantes que fueran, sino que había que hacer una política integral anticrimen que tenga como centro a las víctimas. Todo esto fue correcto y debió decirse, pero también es justo señalar que esto ya se ha dicho antes con Calderón y Peña, casi palabra por palabra.

    Por otra parte, el discurso de apertura de AMLO fue descuidado, hablando de una serie de vaguedades históricas que a las muchas víctimas del crimen en Chihuahua no interesaban en ese momento. Hablando de que la campaña electoral ya había pasado y que eran tiempos de unidad y de perdón. Cerró con un llamado al perdón, pero no al olvido. La pregunta es: ¿qué significa esto para las víctimas y para quienes buscan justicia? Por lo demás, el que perdona, pero no olvida, en realidad no está perdonando. Sólo aguarda.

     

    Existen políticos que son ambiguos por impericia o falta de decisión. Andrés Manuel López Obrador (AMLO) no es de esos; él maneja la ambigüedad como un hábil maestro. En temas como el nuevo aeropuerto, las reformas energética y educativa ha dicho una cosa y luego otra distinta. Por ejemplo, en la reunión con los ingenieros, los exhortó a que estudiaran cuál de las tres opciones que les presentó era la mejor. ¿Sería una sorpresa que los ingenieros, entre los que se encontraba Carlos Slim, le dijeran que lo mejor es concesionar el nuevo aeropuerto a la iniciativa privada (Slim y compañía)? Seguramente no y con esto tendría una coartada perfecta para decir: ellos así lo propusieron. ¿Significa esto que AMLO no hará una encuesta para preguntar sobre el nuevo aeropuerto? Podría ser, pero no es seguro porque la ambigüedad es su lenguaje favorito.

    Es cierto que todos o casi todos los políticos adecuan su discurso a sus audiencias, pero en el caso de López Obrador este manejo llega a niveles de maestría. De todo esto y más dio muestras en el arranque de los foros “Por la paz y la reconciliación nacional” que vieron la luz en Ciudad Juárez, Chihuahua, con la presencia obsequiosa del gobernador Javier Corral, quien, como Toño Esquinca, paso de crítico a respetuoso fan.

    Hay que decir que, si la forma es fondo, no se entiende que AMLO haya sido presentado como presidente electo, cuando hasta hoy es que le darán ese carácter. Se dirá que fueron menos de 24 horas, pero es muy significativo: lo que vale es su deseo, no las instituciones. La inauguración tuvo el tufillo de todos los foros: muchas palabras que se han escuchado antes, pero que hay dudas de que se pueda llegar a algo. Como quiera que sea, algunos de los asistentes rompieron el protocolo y lanzaron sus consignas y exigencias, mismas que se pueden resumir en vivos y vivas se los y las llevaron, vivos y vivas los y las queremos. También el reclamo de justicia para las víctimas.

    En varios momentos, los representantes del casi presidente electo recalcaron que la amnistía sólo era para quienes no habían cometido más que delitos no graves y que de ninguna manera se podría traducir en un pacto con el crimen. También se dijo que las medidas aisladas no eran suficientes por más importantes que fueran, sino que había que hacer una política integral anticrimen que tenga como centro a las víctimas. Todo esto fue correcto y debió decirse, pero también es justo señalar que esto ya se ha dicho antes con Calderón y Peña, casi palabra por palabra.

    Por otra parte, el discurso de apertura de AMLO fue descuidado, hablando de una serie de vaguedades históricas que a las muchas víctimas del crimen en Chihuahua no interesaban en ese momento. Hablando de que la campaña electoral ya había pasado y que eran tiempos de unidad y de perdón. Cerró con un llamado al perdón, pero no al olvido. La pregunta es: ¿qué significa esto para las víctimas y para quienes buscan justicia? Por lo demás, el que perdona, pero no olvida, en realidad no está perdonando. Sólo aguarda.

     

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  • 07-08-2018POLÍTICOS MAREADOS

    Más de uno de los incondicionales o admiradores de López Obrador debe estar preocupado por la clase de declaraciones que hace día con día. Cuando dice que acabará con la corrupción desde el primer día hay que preguntarse si buenamente lo cree. Al parecer sí, puesto que ya no siendo campaña lo sigue repitiendo. Lorenzo Meyer, a quien no se le puede tachar de anti-AMLO, asegura que no lo conseguirá, pero lo que cuenta es la intención. Inefable.

    El día de ayer, en una reunión con ingenieros, el casi presidente electo dijo que el propósito de la próxima administración será convertir a México en una potencia (¿?) y cambiar la correlación de fuerzas (¿con Estados Unidos?) para que nadie nos amenace con poner muros fronterizos (¿acaso Belice o Guatemala?).

    Más allá de bromas (la declaración lo es, si bien involuntaria), el que el próximo presidente haga una formulación así sólo puede deberse a dos situaciones: o bien trata de ser optimista e infundir optimismo al resto de las y los mexicanas/os o bien ha perdido por completo el piso. Desde luego, siempre queda decir que tiene la “intención” de convertir a México en una potencia. Ah, bueno. Pero hay algo de cierto en la idea de infundir optimismo. Por ejemplo, la medición de la confianza del consumidor, que toma en cuenta percepciones, no realidades, se disparó luego del triunfo de López Obrador. Lo mismo las encuestas que preguntan si creen que el año que viene será mejor y que mayoritariamente fue respondida afirmativamente. Así pues, se le cree. ¿Será suficiente con la fuerza de la voluntad?

    Por otros rumbos, otro político largo de lengua y con cero autocrítica declara: no dejamos a México en guerra; no hay crisis. Al menos eso dice la cabeza de El Universal que difunde la entrevista con el titular de la Secretaría de Gobernación, Alfonso Navarrete Prida. Cierto, no hay guerra, pero el número de muertos y la tendencia a que aumenten los homicidios violentos arrojan resultados comparables a los de cualquier conflicto armado. Y, en efecto, tampoco hay una crisis política, económica o social, pero las políticas instrumentadas en los últimos seis años no sólo no han resuelto las carencias, sino que han sido inútiles frente al aumento de la desigualdad. El secretario admite que hay una situación grave en el tema de la seguridad, pero dice que está concentrada en algunos puntos de la geografía nacional. Además de que esto es cada vez más discutible, esta es la misma excusa que se ha escuchado desde que Felipe Calderón era presidente. Poco a poco, lugares que estaban “pacificados” (es un decir), como Tijuana o Ciudad Juárez, comienzan a entrar otra vez en el pozo de la violencia. Otros sitios que parecían un oasis, como la Ciudad de México, empiezan a ver como normal el que se hallen cuerpos quemados o despedazados, letreros amenazantes, etc.

    Vaya con los políticos que dicen cualquier cosa. Como ejercicio lúdico, supóngase que AMLO hubiera declarado que en México no hay guerra ni crisis y que Navarrete Prida asegurara que el país queda como una potencia. ¿Ya se notó el exceso verbal?

     

    Más de uno de los incondicionales o admiradores de López Obrador debe estar preocupado por la clase de declaraciones que hace día con día. Cuando dice que acabará con la corrupción desde el primer día hay que preguntarse si buenamente lo cree. Al parecer sí, puesto que ya no siendo campaña lo sigue repitiendo. Lorenzo Meyer, a quien no se le puede tachar de anti-AMLO, asegura que no lo conseguirá, pero lo que cuenta es la intención. Inefable.

    El día de ayer, en una reunión con ingenieros, el casi presidente electo dijo que el propósito de la próxima administración será convertir a México en una potencia (¿?) y cambiar la correlación de fuerzas (¿con Estados Unidos?) para que nadie nos amenace con poner muros fronterizos (¿acaso Belice o Guatemala?).

    Más allá de bromas (la declaración lo es, si bien involuntaria), el que el próximo presidente haga una formulación así sólo puede deberse a dos situaciones: o bien trata de ser optimista e infundir optimismo al resto de las y los mexicanas/os o bien ha perdido por completo el piso. Desde luego, siempre queda decir que tiene la “intención” de convertir a México en una potencia. Ah, bueno. Pero hay algo de cierto en la idea de infundir optimismo. Por ejemplo, la medición de la confianza del consumidor, que toma en cuenta percepciones, no realidades, se disparó luego del triunfo de López Obrador. Lo mismo las encuestas que preguntan si creen que el año que viene será mejor y que mayoritariamente fue respondida afirmativamente. Así pues, se le cree. ¿Será suficiente con la fuerza de la voluntad?

    Por otros rumbos, otro político largo de lengua y con cero autocrítica declara: no dejamos a México en guerra; no hay crisis. Al menos eso dice la cabeza de El Universal que difunde la entrevista con el titular de la Secretaría de Gobernación, Alfonso Navarrete Prida. Cierto, no hay guerra, pero el número de muertos y la tendencia a que aumenten los homicidios violentos arrojan resultados comparables a los de cualquier conflicto armado. Y, en efecto, tampoco hay una crisis política, económica o social, pero las políticas instrumentadas en los últimos seis años no sólo no han resuelto las carencias, sino que han sido inútiles frente al aumento de la desigualdad. El secretario admite que hay una situación grave en el tema de la seguridad, pero dice que está concentrada en algunos puntos de la geografía nacional. Además de que esto es cada vez más discutible, esta es la misma excusa que se ha escuchado desde que Felipe Calderón era presidente. Poco a poco, lugares que estaban “pacificados” (es un decir), como Tijuana o Ciudad Juárez, comienzan a entrar otra vez en el pozo de la violencia. Otros sitios que parecían un oasis, como la Ciudad de México, empiezan a ver como normal el que se hallen cuerpos quemados o despedazados, letreros amenazantes, etc.

    Vaya con los políticos que dicen cualquier cosa. Como ejercicio lúdico, supóngase que AMLO hubiera declarado que en México no hay guerra ni crisis y que Navarrete Prida asegurara que el país queda como una potencia. ¿Ya se notó el exceso verbal?

     

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  • 06-08-2018LOS FOROS DE CONSULTA PARA EL PLAN DE SEGURIDAD

    El día de mañana comienzan en Ciudad Juárez, Chihuahua, los foros de consulta para la elaboración del plan de seguridad. Estos foros han sido convocados por Andrés Manuel López Obrador (AMLO) como parte de su intensa actividad política rumbo a su toma de posesión. Dichas consultas culminarán el 24 de octubre en la Ciudad de México.

    Hay que decir que como estrategia política la idea de los foros es estupenda: le permitirá al casi presidente electo hacer una gira más (no es que necesite excusas para hacerlas) y acercarse a varios sectores y organizaciones que han sido críticas con la estrategia de seguridad seguida por Calderón y Peña. En este mundo hay de todo: víctimas de la violencia, familiares, organizaciones defensoras de los derechos humanos, grupos eclesiásticos, campesinos, comunidades indígenas, empresarios, académicos, autoridades, representantes de las fuerzas armadas, organismos internacionales, etc. En paralelo, se desarrollarán 24 consultas específicas para personas en reclusión; migrantes y refugiados; así como en comunidades con problemáticas y situaciones específicas.

    Como es notorio, la convocatoria es amplia y más allá de la pifia de anunciar que el Papa Francisco había aceptado participar sin que esto fuera cierto, el ejercicio de los foros no sólo es una excelente estrategia de acuerpamiento político, sino también una forma de demostrar el interés de López Obrador por un tema muy complicado de resolver. Los temas de las consultas son tan ambiciosos como la convocatoria: Pacto de Reconciliación Nacional para la reconstrucción del tejido social y pacífica convivencia; la desmovilización y reinserción de miembros de la delincuencia organizada; desaparición forzada; ejecuciones extrajudiciales; feminicidios; tortura; trata de personas; tráfico de migrantes; homicidios; secuestros; delitos sexuales; extorsión; desplazamiento forzada; delitos de odio por discriminación o por ideología política; delitos contra la defensa de los derechos humanos y la libertad de expresión; marginalización; consumo y tenencia de drogas; y posesión y portación de armas.

    Aunque es clara la evidencia de que la estrategia seguida por Calderón y Peña falló, sería un desperdicio que los foros se convirtieran en una especie de linchamiento mediático de los gobiernos anteriores. Deben ser una oportunidad para confrontar ideas y propuestas, contrastar experiencias y aportar planteamientos. Entre todo lo que se puede decir, hay dos cosas relevantes. En primer lugar, dar un foro nacional a sectores que usualmente no lo tienen, aunque hay que decir que tanto Calderón como Peña hicieron ejercicios parecidos sin mayores consecuencias (“si no pueden renuncien”), pero no tan amplios como en esta ocasión. Lo segundo, es que por primera vez se sentarán cara a cara representantes gubernamentales y organizaciones, soldados y marinos con víctimas, y se dirán sus experiencias y problemas.

    Hacer un ejercicio de esta naturaleza es arriesgado; en cualquier momento los resultados pueden superar lo que el gobierno está dispuesto a dar. Hay otro riesgo, que los foros sólo sean una enorme catarsis y que al final los resultados, misteriosamente, sean los que el futuro gobierno ya había concluido. Hasta ahora, todos los foros organizados por los gobiernos han resultado solamente en publicidad y compromisos no cumplidos. Es de temerse que en esto terminen.

    El día de mañana comienzan en Ciudad Juárez, Chihuahua, los foros de consulta para la elaboración del plan de seguridad. Estos foros han sido convocados por Andrés Manuel López Obrador (AMLO) como parte de su intensa actividad política rumbo a su toma de posesión. Dichas consultas culminarán el 24 de octubre en la Ciudad de México.

    Hay que decir que como estrategia política la idea de los foros es estupenda: le permitirá al casi presidente electo hacer una gira más (no es que necesite excusas para hacerlas) y acercarse a varios sectores y organizaciones que han sido críticas con la estrategia de seguridad seguida por Calderón y Peña. En este mundo hay de todo: víctimas de la violencia, familiares, organizaciones defensoras de los derechos humanos, grupos eclesiásticos, campesinos, comunidades indígenas, empresarios, académicos, autoridades, representantes de las fuerzas armadas, organismos internacionales, etc. En paralelo, se desarrollarán 24 consultas específicas para personas en reclusión; migrantes y refugiados; así como en comunidades con problemáticas y situaciones específicas.

    Como es notorio, la convocatoria es amplia y más allá de la pifia de anunciar que el Papa Francisco había aceptado participar sin que esto fuera cierto, el ejercicio de los foros no sólo es una excelente estrategia de acuerpamiento político, sino también una forma de demostrar el interés de López Obrador por un tema muy complicado de resolver. Los temas de las consultas son tan ambiciosos como la convocatoria: Pacto de Reconciliación Nacional para la reconstrucción del tejido social y pacífica convivencia; la desmovilización y reinserción de miembros de la delincuencia organizada; desaparición forzada; ejecuciones extrajudiciales; feminicidios; tortura; trata de personas; tráfico de migrantes; homicidios; secuestros; delitos sexuales; extorsión; desplazamiento forzada; delitos de odio por discriminación o por ideología política; delitos contra la defensa de los derechos humanos y la libertad de expresión; marginalización; consumo y tenencia de drogas; y posesión y portación de armas.

    Aunque es clara la evidencia de que la estrategia seguida por Calderón y Peña falló, sería un desperdicio que los foros se convirtieran en una especie de linchamiento mediático de los gobiernos anteriores. Deben ser una oportunidad para confrontar ideas y propuestas, contrastar experiencias y aportar planteamientos. Entre todo lo que se puede decir, hay dos cosas relevantes. En primer lugar, dar un foro nacional a sectores que usualmente no lo tienen, aunque hay que decir que tanto Calderón como Peña hicieron ejercicios parecidos sin mayores consecuencias (“si no pueden renuncien”), pero no tan amplios como en esta ocasión. Lo segundo, es que por primera vez se sentarán cara a cara representantes gubernamentales y organizaciones, soldados y marinos con víctimas, y se dirán sus experiencias y problemas.

    Hacer un ejercicio de esta naturaleza es arriesgado; en cualquier momento los resultados pueden superar lo que el gobierno está dispuesto a dar. Hay otro riesgo, que los foros sólo sean una enorme catarsis y que al final los resultados, misteriosamente, sean los que el futuro gobierno ya había concluido. Hasta ahora, todos los foros organizados por los gobiernos han resultado solamente en publicidad y compromisos no cumplidos. Es de temerse que en esto terminen.

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  • 03-08-2018LA (INVISIBLE) AGENDA DE LAS OPOSICIONES

    A poco más de un mes de las elecciones federales se ha vuelto casi un lugar común señalar que el sistema de partidos está quebrado, que los partidos se encuentran en crisis y que están próximos a desaparecer. Habría que analizar seriamente cada enunciado de todo este planteamiento, pero como un ejercicio político-pedagógico hay que partir de la base de que es verdad. ¿Le conviene al futuro gobierno de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) un escenario con una oposición tan débil que no pese, políticamente hablando? Habrá a quienes desde las filas de MORENA les parezca aceptable (e ideal) una situación así, pero cualquier político con una mínima visión sabe que no es conveniente por la misma imagen del próximo gobierno.

    La discusión aquí no es si los partidos de oposición se ganaron o no la paliza que han recibido. Es claro que esto fue el resultado del voto popular y si se acepta que el voto fue válido y que es la manera en que se decide qué partido existe o no, entonces las oposiciones se merecen su suerte, pero aquí lo que se está preguntando es si este escenario le conviene al gobierno entrante.

    Por otro lado, también se ha convertido en un lugar común señalar que PAN, PRI y el minúsculo PRD están más ocupados peleando los restos de sus organizaciones que diseñando una agenda de oposición. Esto parece cierto y es lamentable; ganar estructuras les podrá dar recursos, pero no les dará futuro si no hay una agenda de oposición.

    Algunos militantes de estos partidos de futura oposición están llamando a hacer una evaluación de lo que ocurrió. Sin embargo, así como están las cosas al interior de estas organizaciones, dichas evaluaciones se convertirán en un ejercicio de excusas y culpas que podría dividir y enrarecer todavía más el ambiente. Por lo demás, parece muy claro qué fue lo que falló el 1° de julio. En todo caso, es más constructivo elaborar una agenda “a la defensiva” y otra “a la ofensiva”.

    Una agenda “a la defensiva” determinará lo que vale la pena rescatar del actual sistema. Por ejemplo, el PRI podría insistir en que se recalque el carácter laico de la educación, combatir cualquier idea de que se “consulte” esta cuestión. Juntos, PAN, PRI y PRD, podrían defender la existencia de los organismos autónomos. Al respecto, se podrían discutir presupuestos y sueldos, pero no funciones y autonomía. Estos tres partidos también podrían impulsar la defensa de las fiscalías autónomas, la general y la anticorrupción, y el aterrizaje de los sistemas de anticorrupción y de transparencia. Defender esto es limitar un poder que se les viene encima. Por su parte, el PRD podría tomar la palabra a Olga Sánchez Cordero referente a temas como la voluntad anticipada, la despenalización de las drogas o tratar de impedir cualquier intento de consulta sobre los derechos de las personas al matrimonio igualitario o el derecho de las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo. Varios políticos de oposición podrían aducir que estos temas son de minorías. Es posible, pero hay noticias para el PAN, PRD y PRI: ustedes ya son minoría. Al menos, defiendan lo que han hecho porque eso es lo mejor del sistema que poco a poco se va diluyendo.

    A poco más de un mes de las elecciones federales se ha vuelto casi un lugar común señalar que el sistema de partidos está quebrado, que los partidos se encuentran en crisis y que están próximos a desaparecer. Habría que analizar seriamente cada enunciado de todo este planteamiento, pero como un ejercicio político-pedagógico hay que partir de la base de que es verdad. ¿Le conviene al futuro gobierno de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) un escenario con una oposición tan débil que no pese, políticamente hablando? Habrá a quienes desde las filas de MORENA les parezca aceptable (e ideal) una situación así, pero cualquier político con una mínima visión sabe que no es conveniente por la misma imagen del próximo gobierno.

    La discusión aquí no es si los partidos de oposición se ganaron o no la paliza que han recibido. Es claro que esto fue el resultado del voto popular y si se acepta que el voto fue válido y que es la manera en que se decide qué partido existe o no, entonces las oposiciones se merecen su suerte, pero aquí lo que se está preguntando es si este escenario le conviene al gobierno entrante.

    Por otro lado, también se ha convertido en un lugar común señalar que PAN, PRI y el minúsculo PRD están más ocupados peleando los restos de sus organizaciones que diseñando una agenda de oposición. Esto parece cierto y es lamentable; ganar estructuras les podrá dar recursos, pero no les dará futuro si no hay una agenda de oposición.

    Algunos militantes de estos partidos de futura oposición están llamando a hacer una evaluación de lo que ocurrió. Sin embargo, así como están las cosas al interior de estas organizaciones, dichas evaluaciones se convertirán en un ejercicio de excusas y culpas que podría dividir y enrarecer todavía más el ambiente. Por lo demás, parece muy claro qué fue lo que falló el 1° de julio. En todo caso, es más constructivo elaborar una agenda “a la defensiva” y otra “a la ofensiva”.

    Una agenda “a la defensiva” determinará lo que vale la pena rescatar del actual sistema. Por ejemplo, el PRI podría insistir en que se recalque el carácter laico de la educación, combatir cualquier idea de que se “consulte” esta cuestión. Juntos, PAN, PRI y PRD, podrían defender la existencia de los organismos autónomos. Al respecto, se podrían discutir presupuestos y sueldos, pero no funciones y autonomía. Estos tres partidos también podrían impulsar la defensa de las fiscalías autónomas, la general y la anticorrupción, y el aterrizaje de los sistemas de anticorrupción y de transparencia. Defender esto es limitar un poder que se les viene encima. Por su parte, el PRD podría tomar la palabra a Olga Sánchez Cordero referente a temas como la voluntad anticipada, la despenalización de las drogas o tratar de impedir cualquier intento de consulta sobre los derechos de las personas al matrimonio igualitario o el derecho de las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo. Varios políticos de oposición podrían aducir que estos temas son de minorías. Es posible, pero hay noticias para el PAN, PRD y PRI: ustedes ya son minoría. Al menos, defiendan lo que han hecho porque eso es lo mejor del sistema que poco a poco se va diluyendo.

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  • 02-08-2018LAS INSOSTENIBLES ALIANZAS DE AMLO

    A veces el éxito trae dificultades no previstas. La enorme cantidad de posiciones que consiguió MORENA hacen pensar que en la repartición habría para todos, pero no es así. Andrés Manuel López Obrador (AMLO) llegó al poder mediante una serie de alianzas con personas y organizaciones de todo tipo. Es claro que en otras circunstancias no se hubieran reunido estas fuerzas tan diferentes. En términos reales, no los une un proyecto, sino un hombre, el que será presidente del país.

    Por lo demás, era lógico que los representantes de estas fuerzas tarde o temprano entraran en conflicto, pero el jaloneo ha empezado ciertamente muy pronto. Tal vez la razón de esto resida en el protagonismo de AMLO, quien  parece urgido de reflectores y ha desatado los nombramientos, la agenda, los propósitos y las estrategias sin tener todavía el poder real. A este roce entre el clan Clouthier y Bartlett ha contribuido el estilo ambiguo y contradictorio del tabasqueño, que un día dice una cosa y al otro día afirma algo diferente. A los medios les encantan estas declaraciones en plan de pleito y descalificación, pero hay algo mucho más importante detrás de todo esto que debe preocupar a la nación: ¿qué grupo o corriente logrará triunfar en el ánimo de López Obrador? Por supuesto, siempre cabe la posibilidad de que AMLO mantenga esta ambigüedad por mucho tiempo.

    Algunos de estos grupos y personajes traen proyectos propios, otros sólo sostienen un estilo de hacer las cosas, pero todos tratarán de empujar sus planteamientos y metas. Todos ellos dirán lo mismo: “AMLO me dijo que…” y todos tendrán razón, en algún momento él se los dijo; en otro momento les dijo otra cosa a los otros.

    López Obrador cuenta entre sus filas con progresistas institucionales, como Marcelo Ebrard; visionarios como Olga Sánchez Cordero; nacionalistas disciplinados como Manuel Bartlett, pero también activistas sin experiencia de gobierno como Martí Batres o radicales como Paco Ignacio Taibo II. Qué mezcla, ideal para llegar al poder, pero el gobierno no alcanza para mantenerlos a todos juntos por mucho tiempo.

    Pero, a todo esto: ¿quién es AMLO?, ¿un activista radical?, ¿un nacionalista disciplinado? La verdad es que nadie lo sabe bien a bien, por eso todos tiran hacia su propio camino. El futuro presidente tendrá que marcar límites a sus huestes, definir claramente lo que quiere en cada institución (¿lo sabe?), lo que espera de cada uno. Si sigue un camino de reformas lento y con excepciones, alejará a los radicales; si empieza a hacer cambios drásticos, aislará a los moderados institucionales hasta que queden paralizados y rodeados de activistas duros.

    Es de suponerse que a estas alturas, AMLO sepa que hay alianzas y personajes de los que tendrá que prescindir. Tal vez esto no suceda hasta que tome el poder y entonces se vea más patentemente qué es lo que quiere.

    Queda claro, por lo demás, que su diseño de gobierno lleva al control unipersonal, como el de los presidentes (priistas) de antes, pero no queda claro para qué quiere ese control que probablemente conseguirá. Las nuevas generaciones que votaron por él, averiguaran pronto lo que es vivir en un país donde la palabra de uno solo vale más que la de muchos. Bienvenido, Bob, como diría Juan Carlos Onetti.

     

    A veces el éxito trae dificultades no previstas. La enorme cantidad de posiciones que consiguió MORENA hacen pensar que en la repartición habría para todos, pero no es así. Andrés Manuel López Obrador (AMLO) llegó al poder mediante una serie de alianzas con personas y organizaciones de todo tipo. Es claro que en otras circunstancias no se hubieran reunido estas fuerzas tan diferentes. En términos reales, no los une un proyecto, sino un hombre, el que será presidente del país.

    Por lo demás, era lógico que los representantes de estas fuerzas tarde o temprano entraran en conflicto, pero el jaloneo ha empezado ciertamente muy pronto. Tal vez la razón de esto resida en el protagonismo de AMLO, quien  parece urgido de reflectores y ha desatado los nombramientos, la agenda, los propósitos y las estrategias sin tener todavía el poder real. A este roce entre el clan Clouthier y Bartlett ha contribuido el estilo ambiguo y contradictorio del tabasqueño, que un día dice una cosa y al otro día afirma algo diferente. A los medios les encantan estas declaraciones en plan de pleito y descalificación, pero hay algo mucho más importante detrás de todo esto que debe preocupar a la nación: ¿qué grupo o corriente logrará triunfar en el ánimo de López Obrador? Por supuesto, siempre cabe la posibilidad de que AMLO mantenga esta ambigüedad por mucho tiempo.

    Algunos de estos grupos y personajes traen proyectos propios, otros sólo sostienen un estilo de hacer las cosas, pero todos tratarán de empujar sus planteamientos y metas. Todos ellos dirán lo mismo: “AMLO me dijo que…” y todos tendrán razón, en algún momento él se los dijo; en otro momento les dijo otra cosa a los otros.

    López Obrador cuenta entre sus filas con progresistas institucionales, como Marcelo Ebrard; visionarios como Olga Sánchez Cordero; nacionalistas disciplinados como Manuel Bartlett, pero también activistas sin experiencia de gobierno como Martí Batres o radicales como Paco Ignacio Taibo II. Qué mezcla, ideal para llegar al poder, pero el gobierno no alcanza para mantenerlos a todos juntos por mucho tiempo.

    Pero, a todo esto: ¿quién es AMLO?, ¿un activista radical?, ¿un nacionalista disciplinado? La verdad es que nadie lo sabe bien a bien, por eso todos tiran hacia su propio camino. El futuro presidente tendrá que marcar límites a sus huestes, definir claramente lo que quiere en cada institución (¿lo sabe?), lo que espera de cada uno. Si sigue un camino de reformas lento y con excepciones, alejará a los radicales; si empieza a hacer cambios drásticos, aislará a los moderados institucionales hasta que queden paralizados y rodeados de activistas duros.

    Es de suponerse que a estas alturas, AMLO sepa que hay alianzas y personajes de los que tendrá que prescindir. Tal vez esto no suceda hasta que tome el poder y entonces se vea más patentemente qué es lo que quiere.

    Queda claro, por lo demás, que su diseño de gobierno lleva al control unipersonal, como el de los presidentes (priistas) de antes, pero no queda claro para qué quiere ese control que probablemente conseguirá. Las nuevas generaciones que votaron por él, averiguaran pronto lo que es vivir en un país donde la palabra de uno solo vale más que la de muchos. Bienvenido, Bob, como diría Juan Carlos Onetti.

     

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  • 01-08-2018CRÓNICAS DEL AÑO CERO (XIX): LA TECNOLOGÍA DISCRIMINA

    Dicen las leyendas que en una polémica ocurrida en el seno del Partido Comunista Chino, Mao Zedong y Deng Xiaoping discutían acerca de la tecnología que debía usarse en su país. El primero se inclinaba por una que utilizara mucha mano de obra, aunque no resultara tan eficiente; el segundo promovía el uso de tecnología de última generación sin importar que usara poca mano de obra. Según la anécdota, el gusto chino por las figuras llevó a Deng a decir: "No importa que el gato sea blanco o negro; mientras pueda cazar ratones, es un buen gato." A esto habría contestado Mao: “Según el color del gato es el color de los ratones que cazará”.

    Más allá de la veracidad del cuento, cabe preguntarse si Mao Zedong tendría razón y, al parecer, así es. La tecnología no es neutra ni inofensiva. En una nota aparecida en El Financiero a principios de julio de este año, se habla de un hombre afroamericano, Brian Brackeen, al parecer dueño de una empresa (Kairos AR) que desarrolló un programa de reconocimiento facial. Cuando se lo mostró a un cliente potencial, el susodicho programa falló en reconocerlo. La razón del fallo es que el artilugio no reconocía caras oscuras, de personas morenas o negras. Posteriormente, el asunto fue ajustado, pero los resultados aún dejaron mucho que desear.

    El de Kairos no es el único caso. Según la información, otros programas de empresas como Amazon, IBM y Microsoft, están teniendo los mismos problemas. En algunos casos, a las personas con piel oscura sólo las identificaron en un 35% de los casos. Cuando se trataba de personas con piel todavía más oscura el resultado fue positivo solamente en el 12%. Porcentajes muy bajos cuando se trata de identificar personas de interés.

    En otra nota aparecida en el NYT el pasado 27 de julio, se reseña que el programa de reconocimiento facial de Amazon ha resultado racista. John Lewis, de Georgia, y Bobby L. Rush, de Illinois, representantes demócratas y miembros del caucus de personas negras del Congreso y líderes del movimiento a favor de los derechos civiles, fueron confundidos con personas que fueron arrestadas por cometer un crimen, según informó la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU, por su sigla en inglés). Por supuesto, hay más casos.  

    Se ha intentado explicar estos fracasos aduciendo que los sistemas se programaron con rostros blancos, pero aunque se han reprogramado con rostros oscuros, estos siguen fallando. Los errores son graves si se tiene en cuenta que se usan en aeropuertos o en cámaras policíacas pues pueden inducir al arresto abusivo sobre todo de personas de pieles oscuras. Más allá de esto, cabe imaginarse que sucedería con drones programados para atacar a supuestos terroristas de piel oscura si se toma en cuenta el bajo porcentaje de éxito. Varios programas de inteligencia artificial están dotados de sistemas de reconocimiento facial. ¿La inteligencia artificial puede resultar racista por una especie de “contagio” de sus creadores? Parece el inicio de un cuento de ciencia ficción, pero es real. Así que, es cierto, según el color del gato…

    Dicen las leyendas que en una polémica ocurrida en el seno del Partido Comunista Chino, Mao Zedong y Deng Xiaoping discutían acerca de la tecnología que debía usarse en su país. El primero se inclinaba por una que utilizara mucha mano de obra, aunque no resultara tan eficiente; el segundo promovía el uso de tecnología de última generación sin importar que usara poca mano de obra. Según la anécdota, el gusto chino por las figuras llevó a Deng a decir: "No importa que el gato sea blanco o negro; mientras pueda cazar ratones, es un buen gato." A esto habría contestado Mao: “Según el color del gato es el color de los ratones que cazará”.

    Más allá de la veracidad del cuento, cabe preguntarse si Mao Zedong tendría razón y, al parecer, así es. La tecnología no es neutra ni inofensiva. En una nota aparecida en El Financiero a principios de julio de este año, se habla de un hombre afroamericano, Brian Brackeen, al parecer dueño de una empresa (Kairos AR) que desarrolló un programa de reconocimiento facial. Cuando se lo mostró a un cliente potencial, el susodicho programa falló en reconocerlo. La razón del fallo es que el artilugio no reconocía caras oscuras, de personas morenas o negras. Posteriormente, el asunto fue ajustado, pero los resultados aún dejaron mucho que desear.

    El de Kairos no es el único caso. Según la información, otros programas de empresas como Amazon, IBM y Microsoft, están teniendo los mismos problemas. En algunos casos, a las personas con piel oscura sólo las identificaron en un 35% de los casos. Cuando se trataba de personas con piel todavía más oscura el resultado fue positivo solamente en el 12%. Porcentajes muy bajos cuando se trata de identificar personas de interés.

    En otra nota aparecida en el NYT el pasado 27 de julio, se reseña que el programa de reconocimiento facial de Amazon ha resultado racista. John Lewis, de Georgia, y Bobby L. Rush, de Illinois, representantes demócratas y miembros del caucus de personas negras del Congreso y líderes del movimiento a favor de los derechos civiles, fueron confundidos con personas que fueron arrestadas por cometer un crimen, según informó la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU, por su sigla en inglés). Por supuesto, hay más casos.  

    Se ha intentado explicar estos fracasos aduciendo que los sistemas se programaron con rostros blancos, pero aunque se han reprogramado con rostros oscuros, estos siguen fallando. Los errores son graves si se tiene en cuenta que se usan en aeropuertos o en cámaras policíacas pues pueden inducir al arresto abusivo sobre todo de personas de pieles oscuras. Más allá de esto, cabe imaginarse que sucedería con drones programados para atacar a supuestos terroristas de piel oscura si se toma en cuenta el bajo porcentaje de éxito. Varios programas de inteligencia artificial están dotados de sistemas de reconocimiento facial. ¿La inteligencia artificial puede resultar racista por una especie de “contagio” de sus creadores? Parece el inicio de un cuento de ciencia ficción, pero es real. Así que, es cierto, según el color del gato…

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  • 31-07-2018“HABÍA MEJORES OPCIONES”

    La frase, dicha por Tatiana Clouthier refiriéndose al futuro nombramiento de Manuel Bartlett al frente de la CFE, lo resume todo. Hay problemas en el paraíso de los vencedores. A la pregunta de si AMLO le había pedido su opinión, ella contesta que no. ¿A alguien extraña que no pida opiniones ajenas? Pero agrega, con razón: “que el que una persona no sea bien recibida no quiere decir que ya se acabó el país.” ¿En serio confunde el gobierno-sin-iniciar del tabasqueño con el país? Pero tiene razón, el disgusto por Bartlett no alcanza para deshacer ni siquiera las extrañas alianzas formadas alrededor de la figura del candidato ganador.

    Por su parte, el actor Gael García rechaza el nombramiento de Bartlett y de paso avisa que ha bloqueado a un tuitero que se atrevió a decir que su voto por AMLO era la causa indirecta del nombramiento del poblano. Tiene razón García, él no tiene la culpa de ese nombramiento; al menos de eso no.

    Pero hay una pregunta que cabría hacer tanto a Clouthier como a García: ¿ignoraban que el premio gordo venía con todo?, ¿en serio? Durante años, decenas de analistas, no todos anti-AMLO, han señalado las incongruencias de sus posturas, su falta de profundidad, su ausencia de análisis y sus extrañas alianzas. Gómez Urrutia y Bartlett, la maestra Gordillo y Bejarano son sólo una muestra. ¿Bartlett les parece más impresentable que, por ejemplo, Marcelo Ebrard y su Línea Dorada? 

    Fuera de MORENA, otros cuestionaron el nombramiento del todavía senador, pero no por su pasado, que dicho sea de paso, no es nada oscuro, sino claro como el agua de Iztapalapa. Señalaron que Bartlett no tiene experiencia en el sector. ¿Y qué dijo a todo esto el dueño del negocio? López Obrador defendió su nombramiento sobre la base de que cuenta con la experiencia suficiente (¿se le caerá otra vez el sistema… eléctrico?) y ha defendido “desde hace muchos la industria eléctrica nacional.” Buena razón, desde luego. La misma que podía haber dado cualquier día cualquier presidente priista.

    Pero tal vez la mejor respuesta a las críticas del tipo de las de Clouthier y García provienen del mismo Manuel Bartlett, quien nunca ha rehuido un buen pleito. Dice el poblano que las críticas en su contra “son estúpidas” y agrega: "Lo que está claro es que es una posición que proviene de la derecha en este País".

    Preguntas sin mala fe: ¿Clouthier y García (y camaradas que los acompañan) son gente de derecha?, ¿ahora Bartlett es una especie de “nueva” izquierda?, ¿ser de derecha descalifica a quienes critican a Bartlett por su falta de conocimiento técnico y financiero?

    Lo más curioso de todo esto es que tal vez la agria respuesta del todavía senador lo haya descalificado para el puesto. AMLO no puede darse el lujo de un pleito entre sus gentes, al menos todavía no. Hay quienes podrían apostar que este hombre renunciará al puesto que todavía no ocupa, “por motivos de salud”.

    Lo concreto es que López Obrador sigue la lógica implacable del poder, no la senda zen que quisieran muchos de sus seguidores.

    La frase, dicha por Tatiana Clouthier refiriéndose al futuro nombramiento de Manuel Bartlett al frente de la CFE, lo resume todo. Hay problemas en el paraíso de los vencedores. A la pregunta de si AMLO le había pedido su opinión, ella contesta que no. ¿A alguien extraña que no pida opiniones ajenas? Pero agrega, con razón: “que el que una persona no sea bien recibida no quiere decir que ya se acabó el país.” ¿En serio confunde el gobierno-sin-iniciar del tabasqueño con el país? Pero tiene razón, el disgusto por Bartlett no alcanza para deshacer ni siquiera las extrañas alianzas formadas alrededor de la figura del candidato ganador.

    Por su parte, el actor Gael García rechaza el nombramiento de Bartlett y de paso avisa que ha bloqueado a un tuitero que se atrevió a decir que su voto por AMLO era la causa indirecta del nombramiento del poblano. Tiene razón García, él no tiene la culpa de ese nombramiento; al menos de eso no.

    Pero hay una pregunta que cabría hacer tanto a Clouthier como a García: ¿ignoraban que el premio gordo venía con todo?, ¿en serio? Durante años, decenas de analistas, no todos anti-AMLO, han señalado las incongruencias de sus posturas, su falta de profundidad, su ausencia de análisis y sus extrañas alianzas. Gómez Urrutia y Bartlett, la maestra Gordillo y Bejarano son sólo una muestra. ¿Bartlett les parece más impresentable que, por ejemplo, Marcelo Ebrard y su Línea Dorada? 

    Fuera de MORENA, otros cuestionaron el nombramiento del todavía senador, pero no por su pasado, que dicho sea de paso, no es nada oscuro, sino claro como el agua de Iztapalapa. Señalaron que Bartlett no tiene experiencia en el sector. ¿Y qué dijo a todo esto el dueño del negocio? López Obrador defendió su nombramiento sobre la base de que cuenta con la experiencia suficiente (¿se le caerá otra vez el sistema… eléctrico?) y ha defendido “desde hace muchos la industria eléctrica nacional.” Buena razón, desde luego. La misma que podía haber dado cualquier día cualquier presidente priista.

    Pero tal vez la mejor respuesta a las críticas del tipo de las de Clouthier y García provienen del mismo Manuel Bartlett, quien nunca ha rehuido un buen pleito. Dice el poblano que las críticas en su contra “son estúpidas” y agrega: "Lo que está claro es que es una posición que proviene de la derecha en este País".

    Preguntas sin mala fe: ¿Clouthier y García (y camaradas que los acompañan) son gente de derecha?, ¿ahora Bartlett es una especie de “nueva” izquierda?, ¿ser de derecha descalifica a quienes critican a Bartlett por su falta de conocimiento técnico y financiero?

    Lo más curioso de todo esto es que tal vez la agria respuesta del todavía senador lo haya descalificado para el puesto. AMLO no puede darse el lujo de un pleito entre sus gentes, al menos todavía no. Hay quienes podrían apostar que este hombre renunciará al puesto que todavía no ocupa, “por motivos de salud”.

    Lo concreto es que López Obrador sigue la lógica implacable del poder, no la senda zen que quisieran muchos de sus seguidores.

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  • 30-07-2018LA PACIFICACIÓN, SEGÚN AMLO (tercera parte)